Alerta que Salpica: Paredes pintadas de América Latina ha sido recientemente lanzado al público chileno por Ocho Libros. Obra de varios autores que contribuyen con sus ensayos como al diseño del libro. Entre los primeros figuran los textos de Alberto Fijar, Marcelo Rojas, Pablo ‘Kalaka’ Pérez Riesco, Ana Longoni, Colectivo Despierte, y el Ejército Comunicacional de Liberación, gestor de la obra en Chile y en otros países latinoamericanos. La profusa cantidad de imágenes de grafiteros de distinto origen, como Perú, Ecuador, Brasil, Argentina, Chile, Colombia, Venezuela y otros países del Caribe se explica porque precisamente se ha querido destacar al máximo estas creaciones del arte callejero.

Lo recomiendo de todos modos y sobre todo a aquellos que se deleitan con las imágenes, porque en ellas abunda este libro. De excelente impresión, las imágenes de gran factura y de una dimensión estética de alto vuelo. Esta mirada de las imágenes me pone a veces casi en la posición de un simple ciudadano que tiene al alcance toda la visualidad de la calle y la desbordante imaginería que aparece en las paredes de la ciudad. Muchas veces, llegando a ser casi un reflejo del barroquismo latinoamericano –en su diseño–, ese que comienza con la conquista española y da cuenta de la desbordante fantasía de los creadores nuestros, en especial de los grafiteros, como expresión de la inconformidad del transeúnte y la calle, como soporte de la denuncia política, social y cultural, y sumido en el anonimato de sus autores. Por momentos, en el continuum de la lectura me perdía entre sus reproducciones y en la profundidad de ellas, su mirada crítica, su sarcasmo, sus ironías, su humor, y también lo trágico.

En esta selección de imágenes se revela un criterio editorial. No hay ninguna de ellas que no revele algún pasaje de nuestra vida cotidiana y política. El escenario; la ciudad latinoamericana. Esa ciudad que nos es común a todos. Sea un Santiago, una Caracas, una Lima, un Buenos Aires, un Guayaquil y muchas otras ciudades que componen América Latina, que yacen en estas páginas y sorprenden por su universalidad. Es la expresión del hoy.

Uno de los aspectos a valorar es el archivo fotográfico de las imágenes que han sido seleccionadas con esa intención crítica. Es, además, expresión de la juventud actual y no la de hace cuarenta años atrás, porque lo peor que podría pasar es repetir fórmulas del pasado. Esta iconografía da cuenta del hoy, es hija de su tiempo; toda manifestación auténtica de arte lo es, o como decía el joven poeta Rimbaud: “Hay que ser tremendamente moderno”. Uno de sus realizadores, Eduardo Fedres lo expresará así: “Este tipo de arte tiene una función: ser más comunicadores que artistas”.

La infinita presencia de formas, de colores, de texturas azarosas que dejan la porosidad de la muralla de la urbe, son testigos del imaginario de la rebeldía, de la confrontación, de la contracultura que subyace, que se desliza en los estertores de la noche o de la madrugada tras un brochazo, las más de las veces en el movimiento fugaz de la lata de spray, ese instrumento tan propio y tan identificatorio de la técnica juvenil. Como decía, en la lectura del libro y como diseñador y pintor aficionado, siento una sana envidia por ese talento que se desborda en una exuberante producción visual. La fantasía del arte callejero y sus autores pone de manifiesto en su conjunto ese realismo mágico latinoamericano que tan bien describió García Márquez.

Por otra parte, quisiera citar al académico e investigador Patricio Rodríguez-Plaza en su libro Estética y ciudad quien hablando justamente en torno a la urbe latinoaméricana, dice: “Resulta evidente que la ciudad, en tanto objeto de estudio, se presta para distintas perspectivas epistemológicas o al menos para abordajes apreciativos múltiples y diferenciados (Raposo, 1998). Cuestión que no solo se debe a determinadas visiones intelectuales o perspectivas y hábitos perceptivos específicos, sino y quizás preferentemente a la multiplicidad antropológico-constructiva que propone e impone tanto la topografía como la retoricidad de la ciudad. En efecto, la ciudad es un hecho, una tridimensionalidad, un cimiento, que si bien es cierto se hace todos los días a través de sus funciones, es capaz de marcar por medio de elevaciones y cortes una territorialidad que se expande a través de nodos, hitos y tránsitos los que, aunque sea relativamente, terminan por encauzar e influir en el caminante o habitante que la ocupa”.

Pongo esta cita en este cruce que deviene la textualidad que revela este libro Alerta que Salpica, donde el protagonista es el transeunte, el ciudadano que cruza la ciudad, que habita en ella, y estos grafitis, esténciles, papelógrafos, collages, pegatinas, la manifestación de una ciudad que aún vive en esperanza, en la diversidad. Sin embargo, estas manifestaciones dan cuenta de un ajetreo no de las horas peak, sino de una urbe en que unos jóvenes están en permanente alerta, de una cultura visual que devela un malestar que cada vez se hace más evidente y logra salpicar a otros. Como decía Marcuse, “estamos frente a una sociedad carnívora, la sociedad capitalista”. Todo lo devora, incluso las manifestaciones más profundas de rebeldía. Muchas veces terminan formando parte de la corte de los spots publicitarios. Y frente a este peligro una parte del escrito advierte sobre ello. Diría que en cada artículo que compone el libro asociado a sus temas: Distraer, Agitar, Territorializar, Trastocar, Recordar, Vender, de algún modo subyace esta idea, la del capitalismo como la hidra, ese antiguo y despiadado monstruo con forma de serpiente policéfala que poseía la virtud de regenerar dos cabezas por cada una que perdía o le era amputada.

A través de sus imágenes se palpita la experiencia estética de un mundo, de una pintura realizada en un palimpsesto y vuelta a perpetrar infinitas veces, siempre en una permanente experiencia de mundos que se trastocan, se superponen como la propia historia de Latinoamérica, que ha sido a través de sus siglos una permanente experiencia de todos los modelos políticos posibles, importados desde otros continentes, y sus consecuentes fracasos. Sin embargo, ninguno de ellos ha podido restar o impedir las manifestaciones más auténticas de un arte nuestro. En él sí hay un mundo por descubrir y muy original, a veces intocable en sus estados más puros, como parte de su artesanía más auténtica. Pero también hasta los más híbridos, el arte callejero, que devela este libro. Es esa hibridez quizá lo más auténtico de nuestras ciudades latinoamericanas.

Para finalizar cito a uno de los escritores rebeldes de la llamada generación Beatniks, Jack Kerouac, y que desde el seno de la sociedad capitalista justamente representa la decepción, la disconformidad, el aullido, el grito de advertencia de hacia dónde vamos, si seguimos en el camino actual, y nos habla de la simpleza, cómo ser y estar en el mundo. Dice escuetamente: “El sonido del silencio es toda la instrucción que recibirás”.

Alerta que salpica: Paredes pintadas de América Latina
Asociación Cooperativa Ejército Comunicacional de Liberación
Ocholibros Editores
200 páginas
Precio de referencia: $19.800