Con las elecciones presidenciales ya realizadas, llegó la hora de las definiciones de los partidos. Enero es el mes en que la UDI solucionará sus problemas internos y en que la DC resolverá en su Junta Nacional desde dónde se planteará como oposición. En el caso de Amplitud, la fecha clave fue este lunes.

La comisión política del partido liderado por la senadora Lily Pérez tenía una definición clave que tomar: si se fusionaría con otro partido para asegurar su existencia o seguiría en su propio camino.

No fueron muchos los partidos que se analizaron para una fusión, pero los dos principales candidatos tenían problemas que inclinaron la balanza. Por un lado estaba Evópoli, partido de Chile Vamos que tuvo un buen resultado en las parlamentarias, sacando dos senadores y seis diputados. Por un tema logístico, más que una fusión, unirse al partido de Felipe Kast habría significado una absorción de Amplitud, quedando en claro quién tenía el sartén por el mango a la hora de mantener su nombre propio y liderar la unión.

Por otro lado estaba Ciudadanos, la colectividad de Andrés Velasco que fue en pacto con Amplitud para las elecciones parlamentarias. El problema, grave, era que si bien algunos de los militantes de ese partido habían apoyado a Sebastián Piñera, nunca se dio apoyo oficial. En la comisión también se tomó en cuenta el hecho de que Velasco, mediante una columna en El Mercurio, señalara dos días antes de la elección: “Hemos tomado una opción política. No haremos la vista gorda ni marcaremos preferencia por el mal menor. Votaremos, con el corazón adolorido, nulo o blanco este domingo”.

La decisión de Amplitud fue comunicada mediante un punto de prensa y una declaración pública en la mañana de este martes. En ella se da cuenta de la decisión de no fusionarse, se muestra la voluntad del partido por ponerse a disposición de Sebastián Piñera y se enumeran distintos hitos en que el partido jugó un rol clave en el Congreso, como la ley de cuotas, la despenalización del aborto en tres causales y el fin al binominal.

“Fusionarnos con el solo afán de sobrevivir políticamente no alimentaba nuestra mística”, dice Lily Pérez, quien recibió a El Desconcierto en la oficina de Amplitud en el Senado.

—Llama la atención en la declaración que, justo antes de ponerse a disposición de Sebastián Piñera, Amplitud enumerara algunas votaciones en las que fue una piedra en el zapato para Chile Vamos.
—Es que no fuimos bisagra, sino que más bien lo que hicimos fue ser visionarios y más audaces respecto a lo que nuestro sector históricamente había sido en estas materias. Instalamos que existe una derecha liberal en Chile, expresada en Amplitud en estos últimos años, que se manifestó legislativamente cambiando el sistema electoral, sacando adelante la interrupción de tres causales, jugándosela por el voto de los chilenos en le extranjero. Lo que hicimos fue correr el cerco y, tanto lo corrimos, que incluso a gente de la Democracia Cristiana ya no le daba vergüenza decir que votaba por el candidato de derecha, ya no lo hacía para callado.
—El hacerlo a través de Amplitud le ha traído costos.
—Nosotros instalamos esta derecha liberal a través de Amplitud porque no encontrábamos espacio en nuestros partidos de origen. En mi caso, en RN. Pero cuando en política uno hace ese tipo de cosas sabe que corre un riesgo. Yo fui súper criticada, pagué un tremendo costo con dirigentes de Chile Vamos, pero hice lo correcto. Fuimos muy criticados como partido, y yo en lo personal, por haber hecho esto. Pero el tiempo nos dio la razón. Mira la ley de cuotas. Los propios partidos de nuestro sector de la derecha la criticaron y votaron en contra, y hoy es la coalición que más mujeres sacó. Mujeres que son valiosas, que las conozco desde hace años y que jamás les hubieran dado la oportunidad de ser candidatas sin la ley.

—¿Cuál es la crítica que más recuerda de ese tiempo?
—El tema del binominal. Decían que aseguraba estabilidad. ¡Por favor! Si con binominal la derecha era minoría en las dos cámaras y nos pasaron la retroexcavadora. Con este nuevo sistema, que no es perfecto, nunca otro sector va a poder pasarla. A eso súmale que mejoró la representación democrática, grupos que no tenían la oportunidad de acceder ahora lo pueden hacer. Ahora hay fuerzas nuevas como Evópoli, como el Frente Amplio, que se lograron posicionar.

En su caso personal, también hubo un sacrificio por el cambio de sistema.
—Sí, lo tengo claro, pero había que hacerlo. Porque tampoco se hubiera entendido que yo fuera la líder natural de Amplitud, presidenta del partido, y además hubiera pactado con alguna otra fuerza política grande para ir en una lista, si yo misma consideraba que lo coherente era no hacerlo.

—Ahora ya no estará en el parlamento, ¿dónde cree que va a estar ese voto de disenso en la derecha?
—Es que esa etapa ya pasó, ya logramos el objetivo y lo hecho, hecho está. Yo creo que los que han tomado bien las banderas de una agenda liberal es Evópoli. Esa es mi impresión.

—¿Considera realmente liberal a Evópoli?
—Tal vez en algunas cosas tenemos matices con ellos, pero en lo sustantivo tenemos muchas coincidencias.

—¿Coincide con las últimas declaraciones de Felipe Kast sobre votar en contra de ampliar la gratuidad y también en contra de la Ley de Inclusión?
—Yo respeto la posición de Felipe Kast en Educación, pero no la comparto. Aquí ya se tomó una decisión política y social que es mantener la gratuidad, avanzar a la educación técnica y ojalá avanzar en un decil más si el país está bien económicamente para incluir a la clase media.

—¿Posturas como esa estarán representadas por Chile Vamos en el parlamento?
—Falta todavía mucha discusión, Manuel José Ossandon sí está en esta postura. La gracia que tuvo el presidente Piñera fue que cuatro corrientes de la derecha nos pusiéramos detrás de su candidatura. La muy conservadora en el caso de José Antonio Kast, la más social de Ossandón, la más liberal de Felipe Kast y la agenda aún más liberal de Amplitud. Eso tiene un mérito enorme, nadie lo creía posible y obedece a una madurez política de todos nosotros. Hay que mantenerlo en el gobierno.

—¿Qué punto en común tiene usted con José Antonio Kast?
—La franqueza. Podemos a lo mejor no compartir muchas cosas pero le reconozco que tiene franqueza con respecto a lo que piensa y defiende.

—¿Y en lo programático?
—No conozco en detalle, pero probablemente los dos queremos que a Chile le vaya bien y no nos gusta el esquema de que el Estado tiene que resolverle la vida completa a las personas. Tiene que ayudar, sobre todo en un país con niveles de pobreza importantes y desigualdad. Yo creo que en el punto del rol del individuo como motor de la sociedad más que el Estado podemos coincidir.

—Luego de las elecciones parlamentarias, ¿fracasó el proyecto de generar un referente de centro?
—En esta elección el centro político se vació. La DC se vació, el PPD, Ciudadanos, Amplitud, en lo parlamentario. Pero no en la elección presidencial. Por eso nuestro desafío es poner la energía en el gobierno, en ayudar al presidente Piñera y lograr que esa agenda de ideas más modernas también tenga presencia. No para imponerlas, sino para darle un equilibrio al gobierno.

Se ha sondeado su nombre para el Ministerio de la Mujer. ¿Usted cree que Chile Vamos estaría dispuesto a poner en esa cartera a alguien que votó a favor de la despenalización del aborto en tres causales?
—Es que quien va a determinar el gabinete no es nadie más que el presidente Piñera. Cuando nosotros en Amplitud nos ponemos a disposición del gobierno es más allá de tener un cargo. Con o sin cargo, yo soy Lily Pérez igual, por lo que ayudaré al presidente desde donde él quiera que yo lo ayude.

Pero en esa cartera, ¿le gustaría ver un programa progresista?
—No voy a decir nada de eso, porque no corresponde que diga qué me gustaría y qué no. Ni siquiera pienso en eso. Recién me está bajando el cansancio, con eso te digo todo. Este fue un año súper pesado, física y emocionalmente. Después del 19 de noviembre, luego de mi propia campaña senatorial, no paré, porque teníamos la segunda vuelta y nos desplegamos territorialmente. Viajé a Coquimbo a hablar con todos nuestros dirigentes,  pusimos a nuestra gente a trabajar. Entonces recién me está bajando la adrenalina y el cansancio. Por lo pronto lo único que quiero son una largas vacaciones.

—Llegando al fin de su periodo senatorial, ¿cuál es el momento que más destaca de su labor parlamentaria?
—Habérmela jugado a concho contra todo tipo de discriminación. Con la ley antidiscriminación, la interrupción del embarazo en tres causales, el aumento del post natal, la ley Emilia. Todo lo que deja en la conciencia de la persona y no en el Estado las decisiones. Siento el corazón contento y creo que he marcado un hito como una mujer de derecha muy jugada por la gente y respetada por la izquierda. Hice cosas que había que hacer aunque en mi sector en algún minuto no las valoraron, pero yo creo que ahora o a futuro lo van a hacer. Al final el tiempo nos dio la razón. Había que hacer esos cambios.

—¿Y el momento más difícil que le haya tocado vivir en este periodo?
—Cuando tomé la decisión de armar un partido. Una lo hace sin financiamiento público, con tu propia plata, recorres el país. Yo pagaba mis pasajes, nunca ocupando al Senado, pagaba todas mis cosas. Es un desgaste físico enorme. Mientras otros hacían campañas parlamentarias yo andaba sacando firmas para el partido. Pero eso lo hace más lindo también, es como tener un hijo. Logramos que las mujeres pudieran decidir en conciencia y también que el doble de ellas pudiera estar en el Congreso. Nuestros votos fueron decisivos en tantas materias que hoy son importantes para Chile.  ¿Qué más se puede pedir?