Reconocidos nombres de la crónica latinoamericana, como Alberto Salcedo Ramos, Martín Caparrós, Gabriela Wiener, Rodrigo Fresán y Roberto Herrscher, entre otros, se encuentran entre quienes participaron de las preguntas a la también cronista Leila Guerriero, donde abordó su acelerado ascenso, su gusto por las historias periféricas, y por qué elimina las frases que más le gustan de sus textos.

En la conversación publicada originalmente por “Buensalvaje” y rescatada recientemente por Puroperiodismo, la argentina –quien ha participado en medios como Gatopardo, El País y El Malpensante, entre otros– dedicó un espacio especial a la defensa de la escritura de no ficción, que usualmente en las discusiones sobre escritura es contrastada en desmedro de la literatura de ficción, y declaró que su inclinación va por la primera. “Soy una devota lectora de ficción. Si algo sé, todo lo aprendí de la ficción. Pero eso no significa que necesariamente sienta deseos de escribirla. También voy mucho al cine, y  no se me ocurriría dirigir una película”, aclaró.

“Sólo digo, cuando me preguntan —y sólo porque siempre me preguntan, y no sé por qué me preguntan tanto, porque a ningún autor de ficción le andan preguntando por qué no escribe periodismo—, que yo, por ahora, parece, no tengo la vocación de la ficción. Para hacerlo corto, yo empecé escribiendo ficción, pero una vez que empecé a escribir periodismo ya no quise escribir otra cosa. La idea de inventar una historia, o de agregar invención a las historias reales, no me resulta atractiva“, continúo Guerriero.

Además, agregó que no está de acuerdo con esa comparación entre ambos tipos de escritura. “Me parece un poco peligroso pensar que porque uno tiene una remota habilidad para escribir no ficción, podría tener esa misma habilidad, intacta, impecable, para escribir ficción. Yo creo que son vocaciones diferentes. Que la cabeza de un escritor de ficción funciona diferente a la de un escritor de no ficción. A veces, ambas cabezas conviven con éxito. Capote, Walsh, por ejemplo. Pero no siempre eso sucede”, dijo.

Finalmente, defendió la escritura del periodismo como una a la misma altura que la de literatura: “No creo, nunca creí, que el periodismo sea una escritura de bajo voltaje, algo así como literatura outlet. Nunca lo tomé como un sitio donde hacer mis primeras armas, o armarme un nombre, para después saltar al ruedo con una novela”.