Uno de los debates que ha reflotado luego del escándalo de acoso y abuso sexual de Harvey Weinstein en Hollywood, y de la ola de denuncias que surgió luego y que alcanzó a reconocidas figuras públicas especialmente del arte y la política, es la discusión acerca de la separación entre el artista y su obra.

Ese es precisamente el tema que la escritora chilena María José Viera-Gallo aborda en una extensa columna publicada en revista Sábado, donde relata su experiencia como admiradora del cineasta Woody Allen y sus reflexiones para hacerla compatible con las denuncias que han recaído en contra del estadounidense, entre ellas, la carta en que su hija adoptiva Dylan Farrow –junto a la actriz Mia Farrow– revela que fue víctima de abusos sexuales de su parte.

“¿Qué hago con mi amor por un cineasta que de alguna manera me ayudó a comprender mi adultez y vive y crea bajo eterna sospecha?”, se pregunta en el texto, y recurre a los consejos del también escritor Alberto Fuguet, quien le responde: “Wilde estuvo preso y hoy es ídolo. Las morales, las leyes cambian. Lo complicado es que el arte es relativo y la justicia y las pulsaciones éticas de hoy no lo son. Siempre hay temas prohibidos y conductas inapropiadas que el mundo del arte no acepta. No es tan nuevo. Acosar ahora es un delito y eso está bien. Antes era un hobby”.

Ante esta respuesta, Viera-Gallo revela un episodio que vivió con uno de los más reconocidos escritores chilenos. “Claro que era un hobby. Cómo olvidar esa vez en que un octogenario Volodia Teitelboim, al entregarme un importante premio literario en 2002, bajó su mano más de la cuenta por mi espalda al momento de la foto”, relata.

También involucra a otro nombre destacado del arte: “O al artista Roberto Matta en una tertulia en París diciéndole en bromas a una amiga pintora que se acercó a conversar con él, ‘muéstreme las pechugas y después hablamos de arte, milita’, provocando risas incorrectas que hoy serían escándalo”.

Finalmente, con las preguntas “¿escondí mi premio en un cajón? ¿Dejé de apreciar una pintura de Matta por su comportamiento machista? Creo que ni siquiera me coloqué en esa disyuntiva“, la escritora cerró esa parte del texto.