Durante el proceso de segunda vuelta, fueron múltiples las voces que se levantaron para pronunciarse sobre la necesidad de llegar a acuerdos programáticos con Alejandro Guillier con tal de instalar reivindicaciones históricas de los movimientos sociales y elementos del programa del Frente Amplio (FA) en diversas áreas temáticas. Si bien algunos sectores apostaron a tensionar ciertos actores de los comandos de las diversas áreas temáticas, a medida que pasaban las semanas la posibilidad de que el Nueva Mayoría tomara aspectos centrales programa del FA parecía cada vez más lejana y, por otro lado, se acercaba cada vez más a una continuidad de sus propuestas políticas con el Estado Subsidiario y la mirada neoliberal que caracterizaron a los gobiernos de la ex Concertación.

Con el triunfo de Sebastián Piñera en segunda vuelta por un 54,57% de los votos, los lamentos abundaron; las primeras críticas que se emitieron desde la Nueva Mayoría fueron la imposibilidad de formar una unidad con la centroizquierda, llamando incluso en algunos casos a formar esta unidad en la oposición al nuevo gobierno junto con el Frente Amplio. Con esto, se pone de golpe sobre la mesa un debate respecto a qué camino debe tomar el FA para lograr instalar su programa en el contexto del retorno de un gobierno de derecha, en circunstancias que segmentos de la Nueva Mayoría probablemente buscarán lograr unidad en ciertos temas de la agenda.

Por lo cual, para poder aportar en esta reflexión, es necesario hacer un análisis político-programático de las diversas áreas donde podrían existir las eventuales convergencias que se mencionan desde algunos sectores.

Una de las áreas temáticas claves corresponde al sector salud, que constituye una de las demandas más sentidas por la ciudadanía. Fue –por ejemplo– un pie forzado para los candidatos referirse a mejoras en la atención médica y la reducción de las listas de espera. En línea con lo señalado recientemente en un documento del Colegio Médico al respecto, la posibilidad de resolución de estas demandas depende de aspectos estructurales, tanto a nivel del sistema de salud (prevención, promoción, APS y niveles hospitalarios) como de la sociedad en general – los Determinantes Sociales de la Salud –, más que de aparatosos planes de emergencia para responder a la crisis. Precisamente allí, las propuestas del Frente Amplio y la Nueva Mayoría presentan profundas diferencias

Por una parte, el Frente Amplio ha instalado en la agenda pública la necesidad de desmercantilizar los derechos sociales como educación, salud y pensiones, para devolverlos a la ciudadanía creando una efectiva red de seguridad social, que además debe estar bajo control democrático. Así, la propuesta en salud se inspira en cambiar el paradigma desde uno en que la salud es un bien de consumo y la calidad de atención se supedita a la capacidad de pago, a uno donde sea concebida como un derecho social fundamental asegurado por el estado, resguardado en la constitución y basado en los pilares de solidaridad, universalidad y equidad. En este sentido, la propuesta de creación de un fondo único en salud que solidarice los aportes de las personas y el estado, junto con un Seguro Universal de Salud que eliminaría a las Isapres del seguro social (dejándolas como seguros complementarios) se encuentra entre las reformas estructurales necesarias para el cambio de paradigma. Cabe destacar que a diferencia del resto de las candidaturas presidenciales de la post-dictadura, el Programa del Frente Amplio manifiesta un compromiso con la promoción de una Participación Social Vinculante, además de otros elementos positivos como el enfoque de Salud en Todas las Políticas, que puede ser un aporte si es que se va más allá del eslogan;  si se logra que las políticas en otras áreas como educación, economía, vivienda y trabajo, entre otras, sean evaluadas y ajustadas antes, durante y después de su implementación de acuerdo al impacto que tengan sobre la (equidad en) Salud. Estos elementos también son vitales para la consecución de la Salud como Derecho Social.

Por otra parte, el programa que la Nueva Mayoría levantó en salud, si bien menciona un enfoque de derecho social en su reforma en salud, las propuestas en último término apuntan a ajustes menores al modelo actual con énfasis en mayores regulaciones al sistema privado; solamente rescatan la creación de un fondo único de un porcentaje de las cotizaciones actuales de Fonasa e Isapres y no mencionan la creación de un sistema o seguro únicos, centrando sus propuestas en una mayor regulación de las ISAPRES (tarifas planas, regulación de integración vertical, mayores beneficios para trabajadores con discapacidad, eliminación de algunas preexistencias, entre otras) más que en una transformación de la arquitectura fundamental del sistema.

Ahora, la ausencia de un cambio de paradigma en salud en la Nueva Mayoría, no es algo que se infiera exclusivamente a partir del programa de gobierno que propusieron, que -como hemos visto- no tiene la última palabra respecto de lo que impulsaría dicha coalición al final del día al estar en el Gobierno; otra cosa es con guitarra. Alejandro Guillier cuando fue candidato en múltiples oportunidades menciono que desde que fue rostro de las Isapres hasta el día de hoy, cree en la necesidad del sector privado en salud dada su supuesta capacidad de generar infraestructura, entre otras presuntas ventajas. Estas palabras de Guillier son una indicación de lo alejado que se está de comprometerse con una reforma que transforme la salud en derecho social, ya que los grandes beneficios que Guillier atribuye a las Isapres son producto de un sistema inequitativo que concentra  a las personas más sanas y con mayores ingresos en un sistema (18%) -permitiendo no solo el crecimiento en infraestructura sino millonarias ganancias para Isapres y Clínicas -, mientras que en otro sistema concentra a las personas más enferma, de mayor edad y de menores recursos (76% de la población) condenado a una precaria infraestructura y la incapacidad del sistema de responder a sus necesidades de salud en forma oportuna y adecuada. Es decir, lo más alejado a un sistema universal y solidario. El problema ahora es que estando fuera del Gobierno tienen la libertad de adoptar un lenguaje un tanto más radical para reducir su criticada ambigüedad en esta y otras materias.

Cabe entonces preguntarse: ¿existe en los partidos de la Nueva Mayoría una voluntad de cambio real en el sistema de salud? ¿Tiene sentido plantear un trabajo en conjunto en salud con la Nueva Mayoría para impulsar un nuevo sistema de salud para Chile? Sin ir más lejos, en el presente gobierno de la presidenta Bachelet el año 2014 se constituyó la Comisión Presidencial para la reforma del sistema de salud privado que proponía en su informe como principal propuesta avanzar hacia un seguro y un fondo social único.  Dicha propuesta aún duerme en el congreso y como se mencionó anteriormente no fue rescatada en el programa de gobierno de la NM, de hecho, éste se acerca mucho más a la propuesta que se desechó como primera opción en la comisión.

Y si se analiza más hacia atrás las reformas en salud de los gobiernos de la Concertación, desde 1990 que se aceptó un sistema mixto en salud (convivencia privada y pública) muchos expertos entendían que lo que existía eran dos sistemas paralelos que obedecían a lógicas opuestas y tenían prácticas distintas. Desde este punto, en el marco de un trabajo conjunto con el Banco Mundial en la implementación de reformas a lo largo de los Gobiernos de la Concertación, se crearon políticas para homogeneizar ambos sistemas, donde el sistema público se vio obligado a adoptar progresivamente las lógicas del mercado en su funcionamiento interno. Si bien no se alcanzó una privatización franca del sistema, se realizó lo que diversos autores han denominado una “privatización por dentro”. Durante los gobiernos de Frei y Lagos primaron las orientaciones y los cuadros económicos en las reformas de salud, donde las políticas de regulación del mercado desplazaron por completo la visión sanitaria que abogaba por una mirada de seguridad social. Y aun cuando para algunos el Plan Auge (hoy GES, Garantías Explícitas en Salud) tenía algunos aspectos auspiciosos, hemos sido testigos de enormes transferencias de dinero al sector privado por medio de la Modalidad Libre Elección (MLE), a la vez que se debilita la capacidad resolutiva del sistema público y crece la deuda hospitalaria. Esta misma lógica concertacionista es la que se asomó en la segunda vuelta y que probablemente fue la razón por la cual no se convocó mucho del electorado que busca reivindicaciones sociales, por lo cual pareciera un camino erróneo para las aspiraciones en salud del Frente Amplio plantear acuerdos programáticos a priori con este sector.

El rol central del Frente Amplio es 1) superar las lógicas concertacionistas -esto es, las lógicas subsidiarias y mercantiles aplicadas a la salud-, erradicando el mercado y el lucro del arreglo de seguridad social 2) promover un Programa de carácter transformador en Salud – ampliando y profundizando el existente-, involucrando tanto el sistema de atención, como la participación social y la acción sobre los determinantes sociales de la salud 3) organizarse con diversos sectores para fortalecer un movimiento social que impulse los cambios estructurales que permitan conquistar la salud como un Derecho Social para tod@s.

Más allá de las señales que busquen entregar algunos representantes de la NM, a fin de cuentas, no existen puntos de encuentro lo suficientemente sustantivos como para considerar un trabajo en conjunto en el sector salud. El gobierno de Sebastián Piñera –por mucho que exija una resistencia activa frente a potenciales retrocesos– no puede transformarse en una excusa para no luchar por un sistema de salud que ponga fin a las inequidades que hoy en día existen. No se trata de que el Frente Amplio no debe dialogar con la Nueva Mayoría, sino que debe hacerse en la medida que sea necesario para coyunturas específicas y bajo la condición de la aceptación irrestricta de demandas reivindicativas centrales en el sector salud. El Frente Amplio debe lograr ser caja de resonancia de los movimientos sociales, a la vez que logra participar activamente de su construcción y definiciones, posicionando un proyecto transformador de la sociedad chilena en que impere la justicia social, mejorando en forma sustantiva la vida, y con ello, la salud del pueblo.