El pasado mes de octubre ministro de Educación paraguayo, Enrique Riera, prohibió la “difusión y utilización de materiales impresos o digitales referentes a la teoría y/o ideología de género” en todo el sistema educativo público del país.

Su decisión llegó tras la petición de representantes de iglesias católicas y evangélicas, quienes le exigieron que eliminara una guía para docentes sobre cómo promover la igualdad de género en las escuelas. El ministro aceptó el pedido de los religiosos y les prometió que, si era necesario, iba a “quemar los libros” sobre “ideología de género” en la plaza para que confiaran en él. Riera matizó más tarde sus palabras en una declaración radial y aseguró que solo exageraba. Pero sólo 24 horas después aprobó la resolución.

Fue uno de los últimos episodios del país que muestran la ola ultraconservadora que lo invade. Otros de los hechos que evidencian esa tendencia fue la declaración abiertamente en contra de las organizaciones LGBTI por parte Tobías Wiens, uno de los candidatos a diputados del Congreso por el partido Colorado, que prometió “luchar a favor de las familias en su constitución original”. También el anuncio del gobierno local de Mariano Roque Alonso, uno de los municipios más grandes del conurbano de Asunción, que decidió declarar la ciudad como “pro vida” para “preservar y difundir los valores que sustentan a la familia”.

El discurso homofóbico ha sido la tónica de toda la campaña de primarias en Paraguay, que el próximo abril celebrará sus elecciones presidenciales. Dos figuras lucharon por ser candidatos a la presidencia del país por el conservador y gobernante Partido Colorado. Por una parte, el aspirante del presidente Horacio Cartes, Santi Peña, y por la otra, Mario Abdo Benítez, un senador apologista de la dictadura y sobrino del secretario privado del dictador Alfredo Stroessner.

Según informa el diario El País, en las últimas semanas el Arzobispado de Asunción creó un equipo especial dedicado al exorcismo para “casos de poseídos por el diablo” o “fuerzas oscuras”, y la Conferencia Episcopal Paraguaya avisó al papa Francisco sobre la situación de la “ideología de género” en el país.

Ante la arremetida ultraconservadora, organizaciones internacionales como el Comité de América Latina y el Caribe por la Defensa de los Derechos de las Mujeres (Cladem) o Amnistía Internacional, entre otras, denunciaron la prohibición del Gobierno paraguayo. Incluso la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) manifestó su preocupación por lo que consideró “un retroceso para los derechos de las mujeres”. La Comisión también rechazó que la perspectiva de género sea peyorativamente referida como “ideología de género”.

La intolerancia hacia los colectivos LGTBI no es nueva en este país. En 2013, durante la campaña presidencial, el actual mandatario, Horacio Cartes aseguró en la radio que se pegaría un tiro en los testículos si su hijo fuera homosexual. En 2014, siendo Paraguay el anfitrión de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), fue uno de los pocos países de América que evitó adherirse a una resolución que condena la discriminación contra personas por su orientación sexual. Paraguay es además es el único país de la región que no posee una legislación contra toda forma de discriminación.

En el país, que registra la mayor proporción de católicos de toda América, ya se cuentan 54 asesinatos a personas transexuales desde 1989 sin investigación de los casos.