La identidad nunca es fija siempre es relación, es por ello que pienso que deberíamos estar inventándonos  aptitudes identitarias que desde la construcción misma de sus estrategias nos permitan jugar y escapar, ojalá que de forma onírica, de la tradición colonial de una idea rectilínea desde donde desarrollarnos en los espacios que habitamos.  Más allá de las lágrimas con las cuales se narran, regularmente, las historias de la migración, quiero escribir aquí un texto que celebre los flujos geográficos y de género. Escribir un texto que me permita devenir otra cosa en un gesto de arrebatamiento poético. Como artista de performance que se cuestiona la identidad en sus posibilidades corpo-políticas me interesa ofrecer una versión que invite a imaginar cuerpos de las diásporas que se celebran. Un cuerpo transnacional que más allá de las violencias que instituyen la idea de lo nacional en nuestros países latinoamericanos (fronteras, guerras, sistemas jurídicos, prejuicios, racismos, colonialidades, invisibilización, amnesia colectiva) vea una opción en potenciar modos de producción de subjetividad política que permitan desconfigurar la idea de lo común.

¿Cuáles son los lugares que ocupan la fantasía, la ficción y la mentira en los cuerpos en tránsito? ¿Qué podemos inventar de nuestros cuerpos? ¿Cómo resistirnos a la trama masculina heterocentrada? ¿Cómo desaprender los racismos? ¿Cómo podemos configurarnos nuestras disidencias? ¿Dónde están los feminismos?

Quiero que aquí se entienda, en primera instancia, la potencia trap como una posibilidad de configuración de una imagen performativa que idea un mapa en una ciudad en la cual el sujeto de la migración se resiste a entrar en las lógicas que diseñan tiempos y espacios que la hegemonía entiende como indiscutibles. Una potencia trap es una microalteración que distribuye e inscribe una ficción política de la identidad donde el inmigrante racializado inventa un lugar donde existir mientras el estado nacional y su pueblo amnésico vota por gobiernos de derecha intentando volver, en cierto sentido, al sangriento catálogo de las dictaduras latinoamericanas. Una potencia trap sería una perspectiva no heterocentrada que desde su negricia va a los espacios de las fiestas, el deseo y el goce a infectar las convicciones del sujeto nacional y demuestra que es posible compartir y debatir amorosamente desde las diferencias. Una potencia trap podría ser, también, el tiempo donde la idea de inclusión se escapa de las maneras en el que mercado neoliberal influencia la llegada de extranjeros engañándolos con la noción de progreso que inventa el capitalismo. Una potencia trap es un manifiesto, una pulsión para desarrollar un texto corposexual en los momentos de espaciación crítica en tanto micromovimiento provocativo de ritualidades indisciplinadas. Una potencia trap es una manera de escritura que atraviesa un sujeto no heterosexual e invita a sensualidades que ubican un cuerpo de la diáspora como el centro de su política. La potencia trap es un amor vegetal.

Esto entonces, se trata de una política que niega un protagonismo nacionalista y proyecta un presente que recrea la idea de proximidad de culturas e imaginaciones, donde el nomadismo y  la errancia proyectan formas de alteraciones en ciudades hostiles para el sujeto no-nacional. Esto también se trata de un juego semiótico de absorción de una manifestación urbana y del margen para que yo pueda escribir y poder continuar inventándome.

“EL canto de las sirenas es mío”. Nathy Peluso.


Escritor y performer de la República Dominicana. Vive y trabaja en Chile