Sra. Directora:

Todo transcurría normalmente en la oficina de Sernatur el miércoles 20 de diciembre, tres días después de las elecciones. Ese día, ni la directora nacional ni el director regional se encontraban en el Sernatur, ya que había una reunión importante fuera del servicio. Dos colegas de derecha, y especialmente una recomendada por el personaje que les describiré, tenían un tremendo trajín escondido.

– Voy a buscarlo y te llamo – le dijo – pero respóndeme el teléfono ya que tú no le respondís nunca.
– No, ohh, si lo tengo encima. No te preocupís- respondió la segunda.

Yo seguía revisando las noticias, ya que era la hora de colación, y seguía pensando en todos los errores que cometimos para perder estas elecciones. En eso estaba cuando irrumpe el Sr. Gustavo Alessandri Balmaceda, quién ingresó a Sernatur en el primer gobierno de Piñera, en calidad de asesor en “políticas públicas de turismo”. Supe que este señor no cumplía con perfil alguno para ejercer ese cargo ni ningún otro, ya que tampoco acreditó la existencia de un título universitario como todos los profesionales que trabajamos aquí.

Al irrumpir en la dependencia de la Región Metropolitana, se paró al medio de la oficina, y después de abrazar y besar a sus discípulas que no fueron despedidas por la Nueva Mayoría y quiénes habían, al parecer, orquestado su llegada, les dijo: “Se acabaron los tiempos oscuros, mijitas y su jefe tendrá lo que se merece”, “no se preocupen mis bonitas, que llegó el cambio” y otras frases. Siguió por un rato largo con ese tipo de cantinelas y luego fue a varias oficinas del servicio. Era tanta mi molestia que me levanté de mi escritorio para calmarme un momento y salí del Sernatur. A mi regreso me lo encuentro en el hall central, junto a nuestra sindicalista Alejandra Cárcamo. Al tenerlo enfrente lo increpo: “Usted no puede llegar como patrón de fundo, amenazando y diciendo quién se va y quién se queda en Sernatur”, le dije. “Esta es mi casa”, respondió. “Esta no es su casa, este es un organismo público y hasta el 11 de marzo no tiene derecho alguno de venir para acá en esa actitud”, rematé.

“¿Quién es usted?”, me preguntó. “Soy una que no le aguanta su prepotencia ni su provocación”, le respondí.

Esta conversación no la tuvimos en la oficina de la Región Metropolitana porque estaba invadida por la ira y algo mucho más desagradable a podía pasar. Además, vi a mis colegas atemorizados, cortados, alucinados con la provocación. Por eso salí a fumar y fuera tuve unos minutos para “enfriarme” de mi carácter italiano para decirle lo que se merecía, no podía dejar pasar a un tipo en actitud de matón amenazante.

Esta coherencia, de pararme de frente a las injusticias, me la enseñó mi tío Salvador Allende, yo trabajé con él 2 años en su casa en Tomás Moro y conocí al hombre más consecuente del mundo.

Ana María Bussi
Encargada del Programa Turismo Familiar en la Región Metropolitana