Un año lleno de sorpresas, propuestas interesantes y variadas, nuevas generaciones de creadores. Un año en que nuestro teatro comienza a encontrar una nueva dramaturgia y estilos escénicos, un año en que podríamos empezar a describir el color teatral de nuestro país de modo distinto, porque tal vez, eso sea lo más interesante de todo: estamos en un año que emergen y se afirman nuevas voces.

Así lo plantea el periodista y crítico teatral Javier Ibacache: “Es un año que también se constata por  la presencia de las mujeres en la dramaturgia y la dirección deja de ser anecdótica y comienza a ser predominante”. El experto propone una selección de lo mejor del año compuesto por nuevas dramaturgias, un catálogo de obras vanguardistas: Estado Vegetal, de Manuela InfanteEl Dylan, de Bosco Cayo y dirección de Aliocha de la Sotta, El príncipe contrahecho, de Juan Radrigán con dirección de Rodrigo Pérez y Fin, de Trinidad Piriz y Daniel Marabolí.

En tanto, la periodista y critica de teatro y danza, Marieta Santis, recalca la dramaturgia de Carla Zúñiga (31) por Prefiero que me coman los perros. “Logró acercarse a las pesadillas que habitan el mundo real”, dice Santis. Además, recalca que “al texto se suma una puesta en escena estupendamente lograda, que ganó tres premios del Círculo de Críticos de Arte: dramaturgia, diseño y actuación (de Nona Fernández)”.

“Prefiero que me coman los perros” de Carla Zuñiga

“En estas obras priman nuevas formas de abordar la memoria, la marginalidad, la trastienda del poder, la identidad de género y la crisis de significado. Si se las analiza en conjunto, descubres que en ellas prima un mundo carente de utopías colectivas, donde el individuo parece arrojado a sobrevivir en un entorno de sospecha, de traición o de incertidumbre, y donde el refugio que resta es la utopía individual expresada en la forma de un sueño, un anhelo, una alucinación o una obsesión. Pienso que es retrato sobre el clima actual”, afirma Javier Ibacache.

Por otro lado, el destacado dramaturgo nacional Marco Antonio de la Parra no repara en afirmar que “es  un año sin grandes cosas, con algunas pequeñas joyas”, realzando como primera de su lista la obra Todas esas cosas maravillosas con Álvaro Escobar, dirigido por Alejandro Castillo. “Es un espectáculo entrañable, encantador”, afirma.  Agrega a la lista la obra Tebas Land, un brillante texto del uruguayo Sergio Blanco, dirigido por Lucia de la Maza.

Por último, de la Parra cierra su selección del año con Después de mi diluvio de Lluisa Cumillé, autora catalana con una obra inteligente y sensible, actuada por Katy Kowaleczko y Alejandro Castillo, sagazmente dirigida por este último.

En valorar esta obra coincide Marietta Santi, quien resalta a esta pieza teatral como una puesta contenida y mágica, capaz de llevar al público a África solo con las estupendas actuaciones.

Santi, tras analizar el año teatral, concuerda con Ibacache en el Dylan, la que destaca premonitoria en anticipar el tema del año: el mundo transgénero. “El dramaturgo tomó como inspiración un caso real, la muerte de Dylan Vera -enfermero de 26 años- en La Pintana. Llevó la historia a La Ligua y conservó ciertos detalles, pero su texto trasciende. La puesta de Aliocha de la Sotta y la compañía La Mala Clase asume integralmente el tema transgénero. Desde el inicio musical con el tema de Queen “I want to be free”, hasta los trozos de vestidos floreados que actores y actrices llevan sobre las ropas. Una obra jugada, que emociona y sorprende”, opina.

El “Dylan” de Aliocha de la Sotta

Además, Santi propone detalladamente otros títulos interesantes del año: En el GAM se presentó Locutorio, texto de Jorge Díaz que se sublima bajo la mirada de Cristian Plana (38), el mismo de Pedro Páramo, La Señorita Julia y Castigo. Plana pone a los viejos protagonistas (Alejandro Sieveking y Millaray Lobos) encerrados en cajas de cristal que les impiden tocarse y, además, repite su imagen de amor y olvido.

En Pompeya, el dramaturgo Gerardo Oettinger (38) reúne al mundo travesti con el drama de la migración. Dirigida por Rodrigo Soto, también autor de la idea, en escena se lucen Gabriel Urzúa, Gastón Salgado, Rodrigo Pérez y Guilherme Sepúlveda. Con humor negro se muestra la realidad de los invisibles.

Con delicadeza, Héctor Noguera encarnó a un octogenario con alzheimer en la obra El padre, del francés Florian Zeller (37). Acompañado de su hija Amparo y con dirección de Marcelo Alonso, Noguera inscribió un éxito más en su larga carrera. Un acierto de The Cow Company, en un Chile cada vez más viejo.

En Todas Esas Cosas Maravillosas, el inglés Duncan MacMillan (37) habla de depresión y suicidio sin lágrimas ni oscuridad. Álvaro Escobar protagoniza la versión chilena, e interpreta a un hijo de madre suicida que redacta una esperanzadora lista. Para reconocer la felicidad en las cosas simples. Dirige Alejandro Castillo.

Fiebre de Sábado por la Noche, un musical dirigido por Moira Miller y producido por Ángel Torrez, fue una sorpresa de las buenas. El elenco logró cantar, bailar y actuar, los actores se lucieron en impresionantes coreografías y el despliegue escénico fue de primer nivel. Eyal Meyer y Francisca Walker descollaron.

Entre Santi e Ibacache coinciden en el Dylan y Prefiero que me coman los perros, como obras de interés, a su vez, la misma Santi y Marco Antonio de la Parra convienen en Todas esas cosas maravillosas y Después de mi diluvio como obras que vale la pena ver. Sin embargo, también hay que destacar, Estado vegetal, con una actuación sublime de Marcela Salinas en calidad de interpretación, corporalidad y su versatilidad  para asumir los diversos personajes. Por otro lado, Manuela Infante con su dramaturgia se hace nuevas preguntas, comienza a indagar en una estética que ya venia desarrollando con Realismo, pero que se reafirma en esta obra, donde el nivel de profundidad que alcanza en el texto, reflexión y puesta en escena, va más allá de la materialidad desarrollando una reflexión profunda, compleja y escénicamente interesante.

Estado Vegetal de Manuela Infante

Rememorando el año del centenario de Violeta Parra, vale la pena destacar la obra dirigida por Trinidad González, En fuga no hay despedida, por su mirada profunda y contradictoria digna de la propia Violeta. Es una obra que emociona y al mismo tiempo nos  traslada a los mundos entrecruzados de la artista nacional, un tejido de actuaciones, cuadros, música y sin duda, destaca su profundo grito emitido por Paula Zúñiga en su interpretación de Violeta, que reverbera toda la impotencia solidificada frente a su lucha constante en vida y reconocimiento tras su muerte. En escena resaltan también Nicolás Zárate, Nicolás Pavéz, Tamara Ferreira, Piera Marchesani y Tomás González.

Por último, Javier Ibacache afirma que el 2017 es el año de “Carla Zúñiga, Manuela Infante, Trinidad Piriz y Aliocha de la Sotta. Sumaría a Ana Luz Ormazábal por la reposición de Ópera. También se constata una renovación generacional importante con creadores y creadoras que vienen a relevar a la generación de directores surgidos en los 90 que venían primando hasta hace algunas temporadas.