El ex candidato presidencial del oficialismo, Alejandro Guillier, hizo un llamado al progresismo a no bajar los brazos por la reciente derrota que sufrió el sector en las pasadas elecciones.

Mediante una carta, Guillier agradeció a todos los que lo apoyaron en su campaña e hizo un llamado a mantener las banderas del progresismo en estos próximos cuatro años donde serán oposición al gobierno de Sebastián Piñera.

“El progresismo ha liderado un ciclo político inédito en la historia de Chile, que permitió un cambio profundo de nuestra sociedad. Estos éxitos hoy se nos presentan como nuevos desafíos, obligándonos a tener que afinar el oído, y tener más certezas frente a un país más complejo, diverso, autónomo y empoderado“, afirmó el senador en la misiva.

Guillier hizo un llamado a la organización de la centroizquierda. “A nuestro sector lo convoco a que apostemos por el futuro, y lo hagamos con optimismo. Este tiempo que estaremos en la oposición, asumámoslo como una oportunidad. No podemos quedarnos de brazos cruzados. Desde el progresismo debemos seguir promoviendo las reformas que el país nos demanda”, enfatizó.

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Carta a la política

Estimadas amigas y amigos:

Mis primeras palabras son para agradecer a los más de tres millones de compatriotas que en Chile y en el exterior, me dieron su apoyo. Tengan ustedes mi gratitud y mi compromiso por continuar incansablemente trabajando por las propuestas que nos movilizaron. También, mi reconocimiento a quienes trabajaron en esta candidatura, y en especial, a aquellos militantes de los partidos y los independientes quienes hicieron su mejor esfuerzo por sacar adelante una campaña que siempre estuvo marcada por el signo de la austeridad y el voluntariado. Ustedes mostraron el mejor rostro de la política, trasmitiéndome una energía que me hizo continuar siempre con más fuerza.

Además, quiero expresar mi respeto a las chilenas y chilenos que votaron por mi adversario. Con un genuino orgullo podemos decir, y así lo reconoce el mundo entero, que una vez más dimos ejemplo de madura convivencia, de ser un país civilizado, porque los chilenos hemos aprendido que con el poder del voto somos capaces de dirimir nuestras diferencias. Lejos quedó aquella versión que buscó poner en duda la transparencia y seriedad de nuestro sistema electoral. Sin embargo, nos queda pendiente, para aliados y adversarios, la ardua tarea de hacer retroceder la abstención y así construir una democracia más participativa.

Cuando asumí este desafío presidencial, lo hice con plena consciencia del difícil momento que vivía nuestra coalición, sus partidos y también nuestro gobierno. Lo enfrenté con la convicción de que no podía restarme. Entendí que teníamos que dar la pelea y supe en ese momento, y lo tengo más claro ahora, que mi participación como independiente en esta alta responsabilidad era un gesto por la renovación de la política, en tanto estilos e ideas. No me arrepiento ni por un segundo.

En el camino, por cierto, se cometieron errores, he reconocido públicamente mi responsabilidad, pero era mi obligación asumir este desafío fuera de todo cálculo personal y político.

El domingo 17 de diciembre, nuestro sector sufrió una dura y dolorosa derrota. Espero que esta situación no aliente entre nosotros recriminaciones inconducentes, disputas intestinas, o soluciones fáciles de reingeniería política. Sería un error histórico caer en ello, pues solo nos alejaría más de la ciudadanía, e imposibilitaría la necesidad que hoy tenemos de actualizar nuestro pensamiento estratégico, y avanzar en buenas prácticas políticas, que coloquen por delante la austeridad, la amistad cívica, la transparencia y la vocación de servicio. Soy un convencido que estas dimensiones son condiciones imprescindibles para volver a recuperar la confianza de nuestros compatriotas.

Hagamos, por tanto, una genuina reflexión, sin perder la perspectiva de que hoy vivimos en un mundo que no tiene referentes globales, y donde las fuerzas del progresismo mundial, en su más amplia expresión, están viviendo procesos similares. Ello hace que la tarea sea más compleja, que requiera de más unidad y de mayor generosidad.

Soy un convencido, y así lo he expresado en múltiples ocasiones, que para que este ejercicio de actualización rinda sus frutos, debemos promoverla no sólo en los partidos políticos y el Congreso. Es clave incluir más actores ciudadanos e independientes. Debemos dar espacio y amistad a quienes  se interesan por la política, pero que la miran con cierta desconfianza por actitudes que debemos comenzar a erradicar.

Debemos ir a las bases donde está la ciudadanía, allí están las nuevas ideas y los liderazgos que el país nos demanda. Hay que promover, por tanto, diversas conversaciones, en todas las regiones y ciudades, incorporando a nuestras juntas de vecinos, a las organizaciones sociales, los clubes deportivos, los sindicatos, las iglesias, los colegios profesionales, las universidades, nuestros centros de pensamiento, de modo de posibilitar que entre todos surja una propuesta que, con fuerza, con convicción, y validada por la ciudadanía, nos permita poner en el centro de los sucesivos debates políticos y electorales el bienestar de las familias chilenas, de nuestros compatriotas, por sobre toda otra consideración. Ahí hay una energía de renovación enorme, dispuesta a dar lo suyo, de la cual no podemos ni debemos prescindir. Uno de los movimientos más poderosos de la pasada elección fue la irrupción de mujeres y jóvenes, con el ánimo de contribuir con una nueva mirada al desarrollo de Chile. Esa es una gran enseñanza.

Esta es una oportunidad para renovar nuestros liderazgos, y nuestras formas. La política, al salir de los salones y recorrer el país una y otra vez, encontrará en la gente una fuente de ideas e inspiración que la hará precisar el rumbo. Políticos y ciudadanos necesitamos reflexionar y construir juntos.

El progresismo ha liderado un ciclo político inédito en la historia de Chile, que permitió un cambio profundo de nuestra sociedad. Estos éxitos hoy se nos presentan como nuevos desafíos, obligándonos a tener que afinar el oído, y tener más certezas frente a un país más complejo, diverso, autónomo y empoderado.

Me asiste la profunda convicción que las propuestas que encarnamos no han sido derrotadas. Nuestra prioridad por avanzar hacia un Chile más inclusivo e igualitario está más vigente que nunca. Lo que fue derrotado fueron nuestros estilos de hacer política, nuestra falta de unidad. Nosotros logramos que Chile cambiara y de ahí emergió un nuevo país, y es ahora nuestra obligación construir una nueva política que se haga cargo de esta realidad.

Ese fue nuestro éxito, y por eso el eje de la discusión en Chile seguirá marcado por una nueva gobernanza que demanda reformas políticas que aseguren más y mejor participación; que necesita apostar por una nueva economía que genere nuevos motores de crecimiento, que avance en más y mejores empleos, y en protección social, haciendo de la salud un derecho, asegurando la educación gratuita para todos, junto a una genuina preocupación por mejorar las pensiones ahora y no en 30 años.

A pesar de las dificultades de la economía global, el nuevo gobierno recibirá un Chile en pleno crecimiento. Esto se hará más expansivo en 2018 dado el ciclo favorable de los recursos naturales. Pero, no es suficiente. Se debe seguir apostando por reformas estructurales que generen un nuevo impulso en la economía. El próximo gobierno debe comprender aquello, de lo contrario cometería un profundo error.

A nuestro sector lo convoco a que apostemos por el futuro, y lo hagamos con optimismo. Este tiempo que estaremos en la oposición, asumámoslo como una oportunidad. No podemos quedarnos de brazos cruzados. Desde el progresismo debemos seguir promoviendo las reformas que el país nos demanda. También debemos estar disponibles para estudiar de buena fe las propuestas que envíe el nuevo gobierno, pero ser, a la vez, firmes en fiscalizar los actos  administrativos y la probidad del mismo, velar por el cumplimiento de los compromisos de campaña y proponer medidas que nos parezcan indispensables para no perder el rumbo que como país hemos
acordado.

Por mi lado, me comprometo a trabajar por una nueva política centrada en la ética, promover la unidad del país, a través de la promoción de todo aquello que vaya en favor de los grandes anhelos de crecimiento, derechos sociales e igualdad entre los chilenos y las chilenas, y a colaborar activamente a renovar el progresismo, en ideas, liderazgos y formas, para tomar con fuerza en el futuro las banderas que Chile ha de levantar.

A todos quienes estamos en política o nos interesamos por ella les hago un fraternal llamado a reflexionar y conversar en ánimo constructivo. Al progresismo en particular, los invito a levantar el ánimo, a volver a trabajar con más entusiasmo, a recorrer el Chile real una y otra vez para volver a encarnar en la actividad política los anhelos de nuestras familias. Y a quienes miran de lejos, los insto a que a confíen y crean, Chile está cambiando y a Chile lo construimos todos.

A todos y todas, con el afecto de siempre,

Alejandro Guillier