Una serie de lo que parecen haikus acompañados de fotografías. Estampas generalmente despobladas donde los restos y la estela de una presencia se desvanecen. Imágenes en blanco y negro difuminadas, cortadas, reensambladas. Como si la locación de los desperdicios o la repetición de una usina no fuera más que ese efecto hipnótico del abandono producido en los suburbios. Como si el tránsito breve por esos espacios permitiera jugar con su ambigüedad, con su caducidad, en esta sociedad de la obsolescencia programada. Jonnathan Opazo y Rodrigo Figueroa cuestionan en Junkopia estos espacios, exhibiéndolos en lo que tienen de fugacidad y trascendencia.

“La pared de la / estación de trenes / tiene un mapa del / deseo dibujado con / spray” (8). El mundo deshabitado de los espacios de fuga es un refugio recurrente de la escritura breve de Junkopia. Al igual que el haiku, opta por la despersonalización en la mayoría de sus textos y apuesta por darle voz a los espacios, a la naturaleza. Pero más aún a los restos. Este es un gesto que comparten tanto los poemas como las fotografías: no enfocar el hecho humano, sino sus desechos. El vandalismo porno que puede ejemplificar el poema citado en este párrafo o la fotografía de un “pico” en una muralla de una escalera que es acompañado con la leyenda “Arte urbano”. Rastrear esa nada deformando sentencias clásicas como “Nuestras vidas / son los ríos que / van a dar al / alcantarillado” (13).

“Cuántas cartas y / fotografías perdidas / entre las lomas de / un basural” (40). O bien: “Revistas / pornográficas / pierden su color / en la vitrina de un / kiosko” (52). La figura del desperdicio late en la supervivencia de las imágenes, en el ralentí del reciclaje visual, en la devastación de la memoria. Son impresiones desprovistas de contexto que adquieren valor en la suma de su transparencia, de su reconocimiento. Una lavadora, calzones y un gato muerto que pasan por la corriente de un río nos sugieren la vida en descomposición, la presencia de asentamientos que desplazan y botan lo inservible fuera del foco de las cámaras. El libro avanza casi celebrando la fugacidad, acercándose a lo inmenso de la urbe, pero desde una mirada indirecta: las explosiones de los fuegos artificiales en lugares céntricos, las luces de los blocks encendiéndose en cadena ante la presencia de un camión del gas, el frágil cántico de los evangélicos en un galpón a punto de derrumbarse.

A la escritura propia se le suma una serie de citas que hacen referencia tanto a la advocación de los restos como al eriazo y la contemplación, sumando otro punto de vista a la conformación de este libro. Junkopia son poemas de recogimiento con fotografías y citas que intentan rearmar el puzle de un espacio difuso, acercándose tímidamente al monstruo de la ciudad que vomita su ingesta de consumismo a los extramuros. Un proyecto generoso en imágenes, reflexiones y reflejos. Junkopia es el sol reflejado en un vidrio quebrado, figuras tornasoladas en un charco de petróleo, el desastre del mundo incrustado en un ojo donde “Caminamos / por la orilla del río. / En el erial que lo rodea / un perro se come a otro / y el cielo nos devora a todos” (102).


Junkopia
Jonnathan Opazo y Rodrigo Figueroa
Editorial Bifurcaciones
152 páginas
Precio de referencia: $9.000