En septiembre pasado, uno de los temas más comentados fue la impactante contaminación por aguas servidas que reveló un sobrevuelo al Lago Llanquihue, en la región de Los Lagos, lo que tuvo como consecuencia que días atrás, las autoridades dictaran una prohibición para habitantes y bañarse en la zona de la playa Puerto Chico, en la comuna de Puerto Varas.

Sin embargo, la medida ha afectado a muchos habitantes de la comunidad local que viven del turismo de la zona, como es el caso de Francisco Soto, artesano, profesor universitario e instructor de kayak, quien lleva más de 20 años dedicado a formar jóvenes de la comuna en el canotaje y la construcción de las embarcaciones en el taller que tiene en su casa.

Francisco decidió dedicarse a las canoas en 1987, tras la visita del papa Juan Pablo II, donde le entregó una de sus preciadas obras en madera, lo que lo motivó a cambiar los tarugos por las hermosas agua del lago hasta el día de hoy.

En octubre pasado, la comunidad de Puerto Varas y el Ministerio de Medio Ambiente presentó numerosas denuncias que apuntaron a la empresa Essal como la gran responsable del vertimiento de aguas servidas al lago.

 

La comunidad apunta a que la responsabilidad de la empresa radica en la falta de mantención y descargas no autorizadas, y hasta la fecha no han recibido respuesta a sus denuncias. Según Francisco, este problema viene desde hace más de 15 años y critica que las autoridades estaban enteradas, por lo que la contaminación del Llanquihue era cosa de años.

 

A pocos días de una nueva visita papal, esta vez del Papa Francisco, la pasión de este hombre se ve opacada con la prohibición de baño, por lo que no podrá arrendar sus kayaks y deberá cerrar su escuela, lo que dejará a más de 50 jóvenes sin sus clases.

Paradójicamente, Puerto Varas es la capital del turismo, por lo que Francisco busca una respuesta de parte de las autoridades para continuar con su gran proyecto y sueño.