A partir de marzo, el gobierno de Suiza prohibirá cocinar langostas vivas en agua hirviendo, una práctica culinaria que se desarrolla de forma masiva en diversos restaurantes del mundo.

La normativa fue anunciado el pasado miércoles y establece que estas especies tendrán que ser “aturdidas” antes de ser cocinadas para el consumo.

La regulación se enmarca en una revisión de la legislación en materia de protección animal y detalla que “los crustáceos vivos, incluida la langosta, no podrán ser transportados sobre hielo o agua helada. Las especies acuáticas deberán mantenerse en su entorno natural”. Esto, con el objetivo de ahorrar sufrimiento a las especies, cuyo sistema nervioso les permite sentir dolor.

Además, Suiza busca terminar con las granjas ilegales de cachorros y prohibir los dispositivos automáticos que castigan físicamente a los perros por ladrar, entre otros maltratos. La legislación también busca explicitar las condiciones en que deben ser sacrificados animales enfermos o heridos, así como responsabilizar a los organizadores de eventos públicos del bienestar de los animales.

En entrevista con Emol, Sebastián Obreque, chef ejecutivo de la cadena de restaurantes Ocean Pacific, señaló que “cuando se sacan del vivero las langostas están vivas, luego hay que ponerlas en una tabla donde se les hace una incisión en el sector del caparazón cercano a la cabeza”. Esa es la forma correcta de evitarles sufrimiento al lanzarlas al agua hirviendo.

Además, el chef aseguró que es un mito de muchos cocineros el que las langostas pierdan su sabor por no meterlas al agua hirviendo sin asesinarlas antes. 

“Antiguamente se pensaba que incorporar al animal amarrado e introducirlo al agua caliente se obtenía un mejor producto, pero se descubrió que esto no es así”, aclaró Obreque. Del mismo modo, la chef Pía Jarpa aseguró que el cocinar langostas vivas es un proceso “horrible y cruel”.

“Se cocinaban así congelándolas vivas un rato antes para que se atontaran; con un palo amarrado en la cola para que no se deformaran al hervirlas y todavía me acuerdo cómo chillaban al despertarse en el agua hirviendo, era horrible, una crueldad“, cuenta la chef.

La normativa se suma al ejemplo dado hace unos meses Italia, donde se prohibió mantener langostas en hielo en los restaurantes.