A las 08:20 de la mañana se estacionó la cuca de Carabineros marca Nissan modelo Terrano patente Z-4514 frente a la casa de la familia Vergara, una casa igual a las del resto en Alto Hospicio: techo plano porque no llueve, antejardín infértil, una ventana central en cada piso y la puerta ubicada justo en el centro del primero.

Los integrantes del cuadrante N°7 de la Tercera Comisaría de Alto Hospicio, Carlos Valencia (cabo 1°), Ángelo Muñoz (cabo 2°), Abraham Caro (carabinero) y Manuel Carvajal (carabinero) acudían al domicilio ubicado en el pasaje María Encarnación en el sector de “La Tortuga” tras recibir el llamado de Jacqueline Soto, su madrastra.

La crisis de aquella mañana partió igual que las otras cinco anteriores: José actuaba de forma muy violenta e irracional. El Pelayo, como le dicen sus conocidos, arrojó un tambor de agua al suelo además de romper varios objetos de su hogar. Jacqueline sabía que si llamaba a los carabineros José se calmaría, lo subirían a la cuca y luego lo llevarían a dar una vuelta por las polvorientas calles hospicianas y regresaría a su domicilio horas más tarde, como si nada.

Tras la llegada del Cuadrante N°7, Carlos Valencia, jefe de la unidad policial, entrevistó a Jacqueline con preguntas de rutina. No era la primera vez que acudía al domicilio por una de las crisis de José.

Cuando ya habían avanzado un poco con José Vergara arriba del carro policial, el miembro más joven del cuadrante, Manuel Carvajal, le pregunta a Valencia qué debía señalar en la hoja de ruta. Valencia responde: “No compadre, este es un dos corto. Vamos y volvemos. Es para que se calme, lo vamos a dejar un poco más allá”. Valencia procede a falsificar la hoja de ruta y la información entregada a la Central de comunicaciones (Cenco) asegurando que fueron al domicilio y que José no se encontraba en el lugar.

El dos corto, también conocido como machetazo, es un procedimiento de detención irregular en donde al detenido no se le toman sus datos en la comisaría: es llevado directamente a las afueras de Alto Hospicio para ser abandonado a su suerte en pleno desierto. No era un procedimiento nuevo para los carabineros de la Tercera Comisaría. Era una práctica habitual que se realizaba con consumidores de drogas o gente en situación de calle de la región de Tarapacá.

En la comisaría no existe hoy ningún documento con fecha 13 de septiembre de 2015 que incluya los datos de José Antonio Vergara Espinoza: nunca tomaron sus datos en el lugar, nunca puso su pie derecho con seis dedos en el cuartel.

El Nissan Terrano, conducido por Abraham Caro, tomó la ruta A-16 con dirección hacía la cárcel de Alto Hospicio, en las cercanías del lugar, el vehículo tomó la ruta hacia Caleta Buena.

El vehículo policial con patente Z-4514 realizó un recorrido similar al del auto blanco de Julio Pérez Silva, el psicópata de Alto Hospicio, quién abandonó los cuerpos de 14 mujeres asesinadas y violadas durante 1999 y 2001.

Las versiones de los cuatro carabineros se contradicen, pero el lugar donde abandonan a José resulta ser el mismo. Según ellos, fue abandonado en dirección a Caleta Buena tras recorrer casi 100 metros de un desvío cercano al sector de Huantajaya, allí coinciden las versiones, bajaron a José de la cuca y lo entregaron al desierto.

El martes 15 de septiembre, dos días después de la desaparición, Jacqueline Soto junto al padre de José, Juan Vergara, acuden a la comisaría para preguntar si aún se encontraba detenido tras lo ocurrido el domingo 13 de septiembre.

Un día después, Juan Vergara vuelve a la unidad policial para realizar una denuncia por presunta desgracia, pero no pudo efectuarla porque no había sistema informático: un camión había botado tres postes cercanos a la comisaría, situación que pudo corroborar él mismo.

Volvió, entonces, el jueves. La denuncia fue registrada por el cabo 2° José Abarca Contreras, quien escribe que José desapareció tras sostener una discusión con su padre. Abarca afirma no haber entendido el relato de Juan Vergara. Además de este error, ingresó la denuncia por presunta desgracia infantil, y no adulta. En una declaración posterior, el uniformado señala que cometió estos errores ya que solía desempeñarse con labores relacionadas con los servicios de salud.

Tras realizar la denuncia, el padre de José Vergara no corroboró lo que le hicieron firmar ni notó los errores presentes en el documento, pues no sabe leer ni escribir.

Díez días después de abandonar a José en pleno desierto, los integrantes del cuadrante N°7 se enteraron de que la familia de Vergara había puesto una denuncia por presunta desgracia. Ante los rumores, Valencia reunió a los miembros de la unidad (que ya habían sido designados a otros cuadrantes) para recordarles que ellos no habían hecho nada y que jamás habían visto al joven de rulos negros la mañana de aquel domingo.

En paralelo, las hermanas de José, Cristina y Alicia Vergara, acuden a la Tercera Comisaría de Alto Hospicio para entrevistarse con el Mayor Mauricio Cadenas y saber en qué se estaban los procedimientos de búsqueda de su hermano.

En un audio grabado por ellas y difundido por un medio regional, se puede escuchar a Mauricio Cadenas diciendo: “Primero que todo, gracias a dios, descartamos que no estuvo con nosotros en un furgón. Eso es lo que nos preocupaba”. Durante la conversación les solicita en reiteradas ocasiones a Cristina y Alicia que no conversen el tema con nadie, a menos que sea una persona útil para la investigación.

Igualmente, interrumpe el diálogo para consultarle a Carvajal si recuerda un procedimiento del 13 de septiembre en el sector de La Tortuga. El cabo 2°, en presencia de las hermanas, niega recordar un procedimiento de esas características. Tras el abandono de Cristina y Alicia de la Tercera Comisaría, Manuel Carvajal decide contar lo ocurrido.

Carvajal sólo menciona que habían ido al domicilio, arrestan a José y toman un desvío hacia Huantajaya para dejarlo ahí. Agrega que no se opuso en ese instante por temor a Valencia y por temor a ser dado de baja. Carvajal no pudo especificar el lugar en el que fue abandonado José ya que llevaba muy poco tiempo viviendo en la región de Tarapacá.

Al día siguiente, los cuatro carabineros son entrevistados en la Prefectura en Iquique y son expulsados de la institución. Los documentos oficiales de la entidad señalan que los cuatro carabineros fueron dados de baja por mala conducta, sin especificar los motivos.

Dos días después de la entrevista con las hermanas Vergara, el oficial Mauricio Cadenas se va de vacaciones a Estados Unidos, abandonando el proceso de investigación y búsqueda, quedando el Capitán Pablo Pinochet a cargo, quien realizó la denuncia ante la Fiscalía Militar.

Un niño en medio del desierto

Cuando José fue detenido, llevaba tres meses sin su tratamiento médico para la esquizofrenia; estaba aburrido de los fármacos, le producían dolor de estómago y otros malestares. Su dosis consistía en un cuarto de quetiapina en la mañana y otro cuarto de medicamento en la noche. La quetiapina está dentro de la categoría de antisicóticos atípicos para tratar enfermedades como la esquizofrenia y episodios maniacodepresivos.

El 9 de septiembre, Juan Vergara había llevado a José al Hospital de Iquique para solicitar una orden de internación en el hospital psiquiátrico de la región. Su situación no calificó como urgente: le dieron orden de internación para el 14 de septiembre, un día después de su desaparición.

Las ineficiencias del sistema de salud no eran nuevas en la vida de José Vergara. En Valparaíso, el 1 de mayo de 1993 su madre, Teresa Espinoza, no fue atendida oportunamente al momento del parto: su hijo menor tragó líquido amniótico, quedando internado quince días en la Unidad de Tratamientos Intensivos.

La negligencia médica de aquel día generó que José desarrollara un retraso mental del 77,5% y tanto Juan como Teresa descartaron realizar la denuncia pertinente, ya que no poseían los medios ni la información adecuada, pese a que una enfermera insistió en que la situación había sido una equivocación del equipo médico.

El retraso intelectual, sumado a sus episodios esquizofrénicos generaron en él una conducta de un niño de 10 años. Sus crisis tenían relación con la falta de un tratamiento médico adecuado, el abandono de sus medicamentos y el consumo de drogas.

Buscar para no encontrar

Han transcurrido 28 meses desde la detención y desaparición de José Vergara. Al Pelayo lo han buscado en casas de amigos, en todas las poblaciones de Iquique y Alto Hospicio, campamentos, basurales y playas y no hay rastro de un cuerpo con seis dedos en el pie derecho.

Por el sector de Caleta Buena en las cercanías de la antigua zona minera de Huantajaya, donde los ex uniformados dicen haber abandonado a José, hay 625 piques y socavones, la mayoría entre los 100 y 400 metros de profundidad. Estos piques fueron construidos durante el siglo XVIII en el período de explotación de la plata en la región de Tarapacá. Hoy quedan 25 piques mineros sin revisar que son de mayor complejidad. En la región no se encuentra la tecnología ni un equipo capacitado para revisar pozos que datan de más de 200 años.

Pique mineros de Huantajaya

En los primeros meses de la desaparición, dos testigos de identidad protegida dieron declaraciones para el programa Informe Especial de TVN, ambos aseguran haber escuchado a familiares de los cuatro ex carabineros confirmar que lo golpearon hasta matarlo y luego lo enterraron en el desierto.

A mediados de 2016, la familia se contactó con la agrupación rescatista “Los Topos”. Su encargado, Francisco Lermanda, visitó Iquique y se reunió con las autoridades regionales y familiares de José para estudiar el caso y seguir un plan de acción. Las conversaciones quedaron en nada.

Durante el último período de búsqueda, se utilizó una maquinaria similar a la del rescate de los 33 mineros y los mismos procedimientos de 2001, cuando Policía de Investigaciones comenzaba la búsqueda de las catorce mujeres asesinadas por Julio Pérez Silva y abandonadas en el mismo lugar.

A un año y medio de la desaparición de José Vergara, la familia creó una organización de apoyo y acompañamiento para toda víctima de violencia policial: “Justicia y verdad José Vergara”. Por la desaparición de José y por la considerable cantidad de denuncias ante procedimientos irregulares de Carabineros en la I región.

Los cuatro ex carabineros se encuentran en prisión preventiva, a la espera del juicio oral previsto para marzo de 2018. La Fiscalía calificó el actuar de los cuatro ex carabineros con los delitos de secuestro calificado y falsificación y uso malicioso de instrumento público, ambos delitos suman un total de 23 años de cárcel sin poder obtener algún beneficio extra carcelario.

Por otro lado, el Instituto Nacional de Derechos Humanos, califica que el actuar de los ex carabineros reviste el carácter de desaparición forzada de personas contemplado en el artículo N°2 de la Convención Interamericana sobre desaparición forzada de personas.

La defensa de la familia Vergara, conformada por los abogados Enzo Morales y Matías Ramírez, solicitan cadena perpetua para los ex carabineros con el objetivo de que haya una sentencia ejemplificadora.

Los ex uniformados mantienen su pacto de silencio desde el principio de la desaparición forzada de José Vergara. La investigación del caso fue cerrada el 03 de octubre de 2017 quedando 25 piques mineros de mayor profundidad sin revisar. No hay equipos de búsqueda rastreando la zona ni hay nueva información sobre José hasta hoy.