Salir del closet da miedo. Miedo al rechazo. Miedo a no ser aceptada por quienes quieres y quienes te quieren. A veces creemos que si vamos de la mano por la vida o contando sin miedo que nos gustan las mujeres, seremos discriminadas. Enjuiciadas. Incluso por quienes son nuestro círculo cercano. Nuestra red de apoyo.

La verdad es que es así. Pasa. No siempre, pero sucede. No tengo el dato estadístico de la cantidad de homosexuales que luego de salir del closet son apoyados al 100% por su núcleo familiar. O el porcentaje de cuantos son criticados, discriminados o hasta expulsados de sus hogares. Pasa. Estamos en el 2018, pero sigue ocurriendo. Hay gente que es expulsada de su hogar. No el siglo pasado, ahora.

Más de una vez me dijeron que si salía del clóset me dejarían de invitar a casas de familiares o a distintos eventos sociales. Que no sería considerada si dejaba de esconder mi orientación sexual. Fuerte igual. Pero real.

“Esconde como eres para seguir siendo aceptada”. Ése es el mensaje entre líneas. En lo personal; y quizás porque siempre he sido una acuariana rebelde; nunca me importó.

Me parece ridículo que alguien me deje fuera de su vida solo por quien me gusta. Además, si alguien me quiere dejar fuera de su vida porque soy lesbiana, pues no quiero a esa persona cerca.

Una ventaja única

A pesar de que parecía imposible en mi cabeza, hubo gente que se alejó. No los extraño. No los necesito en mi vida. Hubo personas que marcaron distancia y luego se volvieron a acercar. Como juzgar a alguien por esto, si esta sociedad machista, patriarcal y hétero-normada, no prepara a nadie para aceptar las diferencias.

También me alejé yo de gente que me quería. ¿Por miedo al rechazo? Probablemente. Con el tiempo; unas llamadas de atención vía mail y hasta una fuerte cachetada; descubrí que me había equivocado y recuperé amistades importantísimas en mi vida.

Como dice la fundación internacional, que tiene como principal objetivo evitar el suicidio de jóvenes y adolescentes LGBTI, “Todo Mejora”. Y es verdad. Con el tiempo, la gente que te quiere de verdad, sigue a tu lado. Te aceptas. Recuperas el amor propio y sí, todo mejora.

Ser lesbiana te da una ventaja. Si familiares o amigos, que fueron parte de tu vida, dejaron de serlo sólo porque te enamoras de mujeres, pues entonces mejor que ya no sean parte de ella. Es como contar con un filtro especial donde sólo te rodeas de gente que te quiere en serio. Sin condiciones.

En la familia, en el trabajo, en los grupos de amigos y de vecinos del barrio. En todos lados te puedes encontrar con alguien que no está dispuesto a conocerte. Muchos funcionan en base a los prejuicios.

Pero aunque suene cliché, la vida es una y nadie sabe cuánto dura la suya. No puedes perder el tiempo congelada por el miedo. No podemos perder el tiempo intentando ser aceptadas por homofóbicos. Hay que aprovechar a los que te quieren de verdad. Tienes que quedarte con ellos. Quédate con quien te quiere.