Con la mirada gacha y un tono bajo, Juana Linconao observa de reojo esos extraños micrófonos que ve sobre la mesa. Está en Santiago, a más de 600 kilómetros de la comunidad Pedro Linconao II, su hogar en la comuna de Padre de Las Casas. A su alrededor se encuentran periodistas hambrientos de cuñas por la sabrosa disputa entre la Fiscalía y Carabineros en la fracasada Operación Huracán.

Ella mira y habla. Pide ayuda para su hermana, un juicio justo. Que ellos no han hecho daño a nadie, que nunca lo harían, que su hermana está mal de salud. Pero esto parece no ser del interés mediático.

Juana Linconao Huircapán, hermana mayor de la machi Francisca, es un personaje clave en la larga historia del juicio por la muerte del matrimonio Luchsinger Mackay. El mismo por el que la machi ha sido absuelta ya en dos oportunidades, por el que hoy cumple nuevamente arresto domiciliario y por el que tendrá que enfrentar un tercer juicio a partir del 26 de febrero en el Tribunal Oral en lo Penal de Temuco.

Juana estaba con su hermana la tarde del 4 de enero de 2013, cuando más de 30 oficiales del GOPE ingresaron a su hogar en busca de evidencias. Un policía vestido de civil –hasta hoy desconocido- le negó el ingreso a su ruca, mientras otros dos oficiales, también de civil, entraron con mochilas en sus espaldas. Este hecho, según argumentó el tribunal en el último juicio oral que absolvió a Francisca Linconao y los otros 10 imputados, constituyó una “vulneración de normas procesales vigentes, impidiendo a este tribunal valorar el mérito de las especies incautadas en la misma”.

Juana Linconao habló en exclusiva con El Desconcierto y relató los detalles de ese día. Un allanamiento que ya fue desacreditado, pero que a partir del 26 de febrero la Fiscalía volverá a utilizar como una de las principales pruebas que involucran a la machi Linconao con la muerte de los Luchsinger Mackay.

Juana Linconao brindó una conferencia de prensa en Santiago el viernes. Después de eso, conversó con El Desconcierto sobre el polémico allanamiento que vivió / Agencia Uno

“Es todo un montaje contra mi hermana”

“Como a las 5 de la tarde siempre tomamos mate. Mi hermana siempre me invita y eso estábamos haciendo. De repente, ella miró la ventana y vio a 30 y tantos carabineros. Yo me levanté y los miré, no eran carabineros con su gorro, sino que eran del GOPE. Yo salí, les hablé y entonces es que me apuntaron así, con la metralleta. No tenían nada pistolas. Con metralleta, el carabinero llegó y me apuntó.

Estaban a 20 metros, y apenas abrí la puerta me vieron. Ellos corrieron y levantaron las armas, como si vieran a alguien arrancando, pero yo solo abrí la puerta, no sé qué pensaron. Mi hermana salió y ahí llegó otro y la apuntó a ella. Nadie nos habló, no nos dijeron nada. Corrieron, revisaron por todos lados, el dormitorio, el invernadero que tengo, el galpón.

Tenemos una ruca. Mi hermana había hecho un ngeikurewen el 30 de diciembre. Hace su actividad ahí mismo en la ruca para renovar su rewe. Estábamos cansadas, ni habíamos lavado lo que había en la ruca.

Había cuatro carabineros de civil, con mochilas al hombro, así como anda cualquiera acá. Yo dije que debía ser gente acompañando a los carabineros. Después de tanto que trajinaron el potrero, las rejas, donde están los animales, pa’ allá fueron, corrían. Entraron a la ruca tres carabineros de civil.

Otro carabinero estaba conversando con mi hermana, que le exigía la orden para allanar, ‘pásame la orden’, le decía.

Cuando vieron su gente entrando en la ruca, ahí paró un carabinero a conversar. Dijo que era orden verbal, que esto, que esto otro. Nos quedamos ahí escuchando, después de más de una hora y media que llevaban sin hablar, sin dar explicación de por qué estaban ahí.

En eso miré para atrás a la ruca y los vi ahí afuera, a los de civil, y otros adentro. Entonces fui para entrar y ver qué estaban haciendo. Entraron dos, había uno mirando por la ventana de la ruca pa afuera, uno adentro y el otro en la puerta.

Uno dijo, ‘allá viene, allá viene’. Yo miré pa atrás porque no sabía a quién le dijo. ‘Qué es lo que viene’, dije, a lo mejor venían más carabineros, pero no venía nada. Era yo. Di como cuatro, cinco pasos y me atajaron. El carabinero de civil me dice ‘quédate ahí no más’, me paró con la mano. Me quedé así po, porque yo también me asusto, nunca hemos tenido problemas con carabineros, primera vez con la edad que tenemos que vemos estas cosas.

¿Qué encontraron? Una cuchilla que teníamos para abrir el saco de harina que siempre mandamos a moler. Y un cuaderno en la cocina, azul, de mi hermana, que tenía el contacto del alcalde de Padre de las Casas y otros, también lo tomaron. La cuchilla y el cuaderno. Nunca nos dijeron que encontraron esa supuesta arma hechiza, nada, no nos dijeron. Se fueron con la cuchilla y el cuaderno, todos los carabineros.

A los 15 minutos vuelven otra vez, el patrulla y un tremendo camión. Ahí preguntaron quién es la dueña de casa. Dije que era yo, porque soy la mayor. Pensé que me iban a hacer caso, pero no me tomaron cuenta. Mi hermana estaba atrás y dijo: ‘Yo’. La agarraron entre 5 carabineros y mi hermana les dijo ‘suéltenme yo voy por mi propia voluntad’. Pero la agarraron, le torcieron el brazo, alcanzó a llegar la ejecutiva de la fundación, la señora Soledad, que les preguntó por qué se llevaban a la machi y le dijeron que por una cuchilla.

El mayor dijo eso: ‘Por una cuchilla’. Por eso la detuvieron. Recién en el juicio dijeron que encontraron el arma hechiza. Dos fierritos, al mismo carabinero le dijeron que la armara a ver si podía y no pudo. Mi hermana quedó libre porque prueba no hay, es puro montaje, puras mentiras.

En la casa vivimos yo, mi hermana y mi sobrina. Yo le trabajé todo a los Luchsinger, ese tiempo estaba trabajando con Rodolfo Luchsinger. Después trabajé harto tiempo, en total 13 años.

Hay como cinco o seis casas entre la nuestra y el cerro Rahue. Nosotras estamos al rincón. Ellos dijeron que el perito suyo fue a ver el cerro y había llegado hasta nuestra misma entrada de la casa, pero nosotros no tenemos camino directo hacia ese cerro. Hay un camino que va pa’l otro lado. El perito del abogado de nosotros fue a ver los rastros de carabineros, pero del último que vieron a nuestra casa hay un kilómetro, entonces, ¿qué hacen? ¿Adivinan? Es todo un montaje contra mi hermana”.

Juana Linconao / Agencia Uno

Juicio repetido

El testimonio de Juana Linconao es clave y lanza interrogantes respecto del actuar Carabineros y en específico el de Marco Gaete Truan, sargento segundo del hoy cuestionado Departamento de Inteligencia de Carabineros (Dipolcar). Fue él quien lideró la búsqueda de huellas de huidas de los atacantes la madrugada 4 de enero y quien, esa misma tarde, lideró el contingente policial que allanó la casa de las hermanas Linconao.

En el último juicio oral, sentado ante el interrogatorio de los abogados, el oficial de la PDI Reinaldo Villegas -entonces jefe de la investigación- reconoció que, en realidad, la última huella de huida que encontraron el día del incendio en la granja Lumahue llegaba hasta el cerro Rahue, a un kilómetro de la casa de la machi Francisca Linconao. En sus alegatos, la Fiscalía había declarado algo distinto: que las huellas llegaban hasta la misma casa de las hermanas Linconao.

El mismo Villegas reconoció que se tomó declaración a dos personas que dijeron haber visto un grupo desplazarse la noche del ataque desde el cerro Rahue hacia los fundos Rañinco y Santa Margarita. La casa de las hermanas Linconao está en el sentido contrario, pero fueron hacia allá producto de “movimientos” que otro testigo dijo haber escuchado en la casa de la machi. Ese testigo, a diferencia de los otros dos, no está identificado en la carpeta investigativa, según reconoció el propio Gaete Truan en el juicio.

Y eso no es todo. Tal como relata Juana, el episodio con los carabineros de civil está registrado en video, presentado en el mismo juicio. Dicha evidencia fue fundamental para declarar la falta de garantías del allanamiento, pues no es posible que se le niegue a la dueña de hogar la entrada al lugar que está siendo allanado.

En la ruca, los carabineros encontraron una mochila, la que contaba con un pasamontaña, unos panfletos y un arma hechiza. Francisca Linconao fue sometida a un juicio ese mismo 2013 por el arma hechiza, del que fue absuelta, tal como relata Juana. Los panfletos, a su vez, son distintos a los encontrados en la granja Lumahue el día del ataque a los Luchsinger. En ninguno se encontraron las huellas dactilares de Francisca Linconao. Aún así, el fiscal Luis Arroyo argumentó que eran “ideológicamente similares”, al ingresarlos como prueba.

El juicio que comenzará en un mes no admitirá pruebas distintas a las ya presentadas. Es decir, los nuevos jueces deberán analizar el mismo, y ya cuestionado, allanamiento a la casa de la machi Linconao.