El análisis de la economía mundial, las relaciones estatales y las dinámicas de la lucha de clases constituyen uno de los pilares básicos del método marxista. La historia de esta tradición podría resumirse, de hecho, al estudio de las tendencias a largo, mediano y corto plazo en estos terrenos. Aunque con énfasis y niveles de sofisticación variados, cada uno de los grandes estrategas marxistas de los siglos pasados tuvieron en la base de su pensamiento este método de análisis.

La economía, los estados y la lucha de clases serian comprendidos así como esferas de la practica humana caracterizadas, entre otras cosas, por la existencia de leyes de desarrollo objetivas dispuestas a ser manipuladas por la acción política. El método marxista constituiría desde aquí, parafraseando a Trotsky, un tipo de “aritmética” en el análisis (e intervención) de las “fuerzas” fundamentales del proceso histórico. Es precisamente dicha concepción la cual se encontraría en la base de la definición leninista del marxismo como una guía teórica para la acción revolucionaria.

Una analogía con esta concepción del papel de la practica humana en el análisis de las tendencias objetivas de la realidad histórica puede hallarse, aunque guardando las proporciones, en la esfera de la física clásica. Tal como en el caso del Marxismo, una de las tareas del físico consistiría en el descubrimiento de leyes al nivel de los procesos naturales, siendo aquel capaz de interpretarlas, predecirlas y en cierto grado manipularlas. Una de las muestras más evidentes de esta lógica en el marxismo clásico ha sido la formulación de una serie de leyes para describir las dinámicas principales del proceso económico y social contemporáneo: por ejemplo, entre otras, la ley del valor de Marx y la ley del desarrollo desigual y combinado de Trotsky.

Ahora bien, tal como sabemos desde el siglo pasado, las leyes de la física clásica no pueden ser aplicadas de manera universal a todos los fenómenos físicos, comprendiendo por el contrario sólo a un rango limitado de los mismos. Una muestra de esto último puede encontrarse en el hecho de que, en la esfera de la mecánica cuántica, dichas leyes no sólo parecen contradecirse, sino que además caer en pedazos, cuestionando así de paso nuestro propio concepto de realidad (véanse aquí, entre otros, los fenómenos de los entrelazamientos y saltos cuánticos).

El limitado horizonte moderno de los actuales “cuadros marxistas”

Pero cuál podría ser la relación entre el ámbito de la física y el marxismo, podría preguntarse alguno de aquellos “cuadros intelectuales” de izquierda que se muestran tan reacios (luego de hacer gárgaras ante el recuerdo de los “vicios cientificistas” de un Engels) con respecto a las poco sofisticadas “analogías naturalistas”. Digamos esto: la relación entre el ámbito de la física y el marxismo adquiere relevancia en, a lo menos, un punto esencial; esto es, que tal como sucede con las leyes de la física clásica (o con las del resto de las ciencias naturales) que pierden validez fuera de un rango determinado de fenómenos, las leyes históricas del análisis marxista tampoco corresponden a realidades inmutables, sino que pueden ser alteradas (o anuladas) en determinados contextos sociales.

¡Alto ahí!… alerta uno de los ya mencionados “cuadros intelectuales” de la izquierda, quien pregunta con razón: ¿qué puede tener de original lo anterior? ¡Mal que mal fueron los propios teóricos marxistas quienes, polemizando en contra de las corrientes liberales, destacaron hace más de un siglo y medio que los pilares de la economía capitalista (por ejemplo la competencia mercantil) constituyen construcciones sociales y no “principios eternos”, pudiendo de esta manera ser modificados (o anulados) por el proceso histórico. ¡No es necesario, por lo tanto, recurrir a la “mecánica cuántica” para repetir lo mismo!

Es cierto, el “cuadro intelectual” tiene razón, por lo menos en lo referente a la crítica del marxismo clásico a la economía política liberal. Con todo, lo que se olvida de señalar nuestro “cuadro” es que aquello con lo que aquel está dispuesto a criticar rápidamente al liberalismo: es decir, su pretendido carácter universal y atemporal, no suele considerarlo para evaluar los límites de su propio marco teórico: el marxismo (esto asumiendo por supuesto que nuestro “cuadro” se considerase, realmente, un “marxista”). Un ejemplo de aquello puede encontrarse en el tipo de comprensión que existe frecuentemente entre las organizaciones de izquierda con respecto al concepto de lucha de clases, definiéndosela muchas veces (especialmente en el contexto de la sociedad contemporánea) al modo de un elemento inamovible (semi-estático) del proceso social.

Lo anterior quiere decir que, aunque por un lado se acepte la posibilidad de su superación revolucionaria: por ejemplo gracias al triunfo del comunismo… por otro lado se tiende a negar, de manera subrepticia, cualquier otro tipo de “resolución histórica” (o anulación-abolición) de la lucha de clases moderna que no pase, necesariamente, por la lucha de clases misma. En otras palabras, de no mediar una confrontación final entre el proletariado y la burguesía, se da por sentada su existencia de manera indefinida, asumiéndose así con ello (mecánicamente) la permanencia sin límites del propio capitalismo, esto sin una debida evaluación de aquellos factores que, distintos a una crisis revolucionaria final, podrían llevar al sistema de clases actual y al propio modo de producción capitalista al colapso. Obnubilado por una especie de espejismo moderno insuperable, nuestro “cuadro” no hace así más que proyectar (repetir) en el futuro los mismos ciclos de la lucha de clases de los siglos pasados que ya conoce (y que suele citar en sus discusiones con otros “cuadros”), esto al modo de una espiral histórica (ideal) de enfrentamientos revolucionarios que se extienden al infinito… o por lo menos hasta que (no importa si en una década o dos centurias en el futuro) el avance de los nuevos ejércitos rojos le pongan, victoriosamente, termino.

¿Supresión de las clases sociales como producto de una revolución mundial triunfante? ¡Por su supuesto!… exclama nuestro “filósofo” de izquierda. ¿Desintegración de la clase obrera y la burguesía como efecto de un fenómeno de colapso civilizatorio inducido por la crisis ecológica global? Eeehh (miradas risueñas incluidas), por favor… dejemos la ciencia ficción y la literatura de lado, nos responde simpáticamente el “cuadro”.

¿Ciencia Ficción? ¿Literatura? Es precisamente en este punto, tal como se discute en nuestro artículo siguiente, en el cual nuestras anteriores alusiones al ámbito de la física adquieren plena importancia.


Master en Arqueología e historiador, coordinador del Grupo de Seguimiento de la Crisis Climática Mundial