Sí, las feministas hemos avanzado sustantivamente en instalar como sentido común el derecho que nos corresponde a las mujeres de participar activamente en los espacios donde se toman las decisiones que repercuten en nuestras vidas cotidianas. Avanzamos también en legitimar el derecho que tenemos las mujeres a vivir una vida libre de violencia. Pero el cambio en los imaginarios y las prácticas que reproducen la discriminación y la violencia machista, es lento. El machismo está enquistado. Entonces, ¿cómo hacer carne este sentido común? ¿Cómo hacerlo sostenible y transformar el sustrato ideológico patriarcal que hace que los mecanismos de acceso se vuelvan insuficientes frente a condiciones que restringen la plena participación de las mujeres en estos espacios?

En el reportaje “Contra todas las violencias” del Observatorio de Género y Equidad, Camila Rojas, diputada electa por Izquierda Autónoma, dice una verdad ineludible: “es falso cuando dicen que el Frente Amplio es feminista porque los espacios de poder están en disputa. En el fondo se hacen esfuerzos, pero es difícil que sea un espacio feminista en una realidad tan machista. La militancia como tal es un espacio donde las mujeres estamos menos convocadas que los hombres”.

La futura diputada es clara en dar cuenta que llegar a este diagnóstico significó pasar por situaciones profundamente sexistas. Sexismo que hace desistir a muchas mujeres de su participación en estos espacios. Se asume que organizaciones que reconocen como parte de su imaginario de izquierda al feminismo, y además aspiran a una sociedad más igualitaria y solidaria, buscan cotidianamente erradicar el modelo dominador tan propio del capitalismo colonizador y patriarcal (Korol, 2016) y privilegian los principios de vinculación y de reconocimiento. Sin embargo, muchas se siguen construyendo sobre la base de una cultura violenta del poder.

Camila Rojas propone acciones concretas para “feministear” al Frente Amplio: “propiciar la participación, la formación y compartir experiencia es clave”. Claudia Korol, reconocida feminista argentina de los feminismos populares, reflexiona sobre lo urgente que dejar de encubrir el machismo en “nuestros movimientos”. Ello tiene como consecuencia que los “compañeros” “comiencen a cuestionar sus privilegios”. Para ella no basta que estas organizaciones se definan como antipatriarcales (y/o feministas).  Korol, como Rojas, dice que esta definición implica y exige una “activa pedagogía que ayude a poner en consonancia las definiciones ideológicas con las prácticas cotidianas”.

Hagámonos cargo, el pacto patriarcal está presente en las organizaciones de izquierda, y como dice Korol, entorpece la transformación de estas organizaciones y movimientos en espacios habitables para las mujeres y las disidencias sexuales. El patriarcado es astuto, hace creer que hay lugares donde no ocurren situaciones de discriminación y violencia machista contra las mujeres: “Este es un lugar de iguales, un lugar que promueve la emancipación”. Lo único que permitirá no caer en el juego sucio del patriarcado, es la permanente y activa pedagogía de la resistencia y emancipaciones que nos permita identificar toda forma del modelo dominador.

La buena noticia es que nos cruza un contexto de oportunidad, donde muchos partidos, espacios y movimientos de izquierda están emergiendo y repensándose. La pregunta entonces es en qué modelo transitarán para establecer nuevas formas de relacionarse, en qué estructuras cognitivas se pensarán para hacer política con mujeres y ver que las desigualdades de género son un asunto profundamente político.

Julieta Kirkwood describió su complejo camino socialista. Para Kirkwood era más que el camino del Estado; era el camino por donde se transforma la vida de las personas. En él, es fundamental elegir el modelo correcto y cuestionar todos los días el sexismo con el que cargan nuestras ideas y nuestras prácticas cotidianas. Esto no es fácil. Porque como dice Claudia Korol “el orden verticalista y autoritario es tranquilizador para los de arriba, pero también para los de abajo. Es más sencillo cumplir directivas, ser disciplinados, que rebelarnos frente a las arbitrariedades y problematizar las injusticias que reproducimos”.

Como feminista invito a los nuevos y tradicionales espacios y organizaciones de izquierda, a elegir el modelo solidario y erradicar el modelo dominador de su política, de la política.  Urge transformarse para transformar.


Socióloga feminista