Ya se van a cumplir dos años y medio desde que los músicos y profesores Guillermo Jiménez y Cecilia García decidieron emprender y crear su propio proyecto de educación musical que llamaron Estudio435.

El proyecto comenzó, de manera oficial, el 4 de septiembre de 2015, en una pequeña sala ubicada en el departamento donde viven ambos. Todo esto tras un periodo donde perdieron su casa a finales de 2013 para después quedar sin trabajo en 2014 por la crisis de la Universidad Arcis donde ambos hacían clases.

“Estábamos cansados del sistema académico universitario porque consideramos que es una estafa institucionalizada en lo que es enseñanza musical”, cuenta García y agrega que “la música ha tratado de complacer las reglas del Ministerio de Educación, es imposible hacer una carrera de intérprete instrumental en cuatro años”, sostienen.

Según la visión de ambos, las carreras de música cuentan con programas excesivamente recargados en ramos para cumplir el creditaje mínimo para hacer una licenciatura. “Eso a un músico que recién se está formando, que no tiene musculatura, es fatal porque no le deja tiempo para que desarrolle esa musculatura en la práctica instrumental”, señalan ambos.

El oficio del músico

Bajo este análisis, y muchas conversaciones entre ambos, comenzaron a idear un nuevo proyecto que pudiera ser el ideal de carrera musical que ellos tenían en sus mentes.

“Eso lo hicimos en un trabajo exhaustivo de mayéutica y un profundo análisis, donde nos preguntamos mutuamente qué pensábamos que debería aprender un músico actual y llevamos nuestra imaginación bien lejos”, cuenta Jiménez, a lo que agrega que “empezamos a pensar en pequeños talleres que no se dan en ninguna parte y que los músicos los estaban necesitando, por ejemplo, piano en estilo o una guitarra en un estilo específico”.

En un comienzo partieron con cuatro alumnos, hoy bordean los 80 que pueden elegir qué estudiar entre más de 24 talleres de especialidad, junto a un equipo de 17 profesores especialistas en distintos estilos e instrumentos, como piano, percusión latina, bajo eléctrico, guitarra acústica, guitarra eléctrica, canto y batería.

Su enfoque se basa en desarrollar el oficio del músico. “El oficio es una validación en el tiempo, es una validación hacia ti mismo en el transcurso del tiempo y para los que te rodean. Cuando piensas que la carrera es el oficio ya te das cuenta que no vas a dejar de aprender nunca y en ese momento pensamos que deberíamos entrar, ayudamos a los músicos en el oficio que ya tienen”, afirma Jiménez.

Los cursos que imparten son de carácter intensivos y tienen una duración de 3 meses con miras a cumplir un objetivo en corto tiempo. De esta manera, buscan generar una motivación en el estudiante para que se comprometa con su aprendizaje y formación.

“Al ser cursos breves e intensivos, inevitablemente la exigencia es mayor, por lo tanto cada alumno se va dando cuenta que si falta a alguna clase, pierde mucha información, pierde momentos de reflexión colectiva, es decir si no se compromete desde el principio no llega a puerto”, señalan.

Rescatar la figura del maestro

Basados en esto, desarrollaron el sistema de enseñanza “arma tu malla” donde cada músico puede elegir qué quiere estudiar entre las cuatro áreas de estudio que enseñan que son instrumento, formación teórica, talleres de especialidad y producción musical.

“En este sistema tú vas decidiendo cada tres meses si sigues o no. Puedes estar acá 4 años sin parar o estar 10 años de forma intermitente”, señalan.

Con este método pretenden que cada alumno avance según sus necesidades e intereses. Por ejemplo, si una persona tiene la intención de estudiar guitarra funk puede hacerlo, sin embargo, debe cumplir antes algunos requisitos mínimos para tomar el taller como, por ejemplo, tener una buena rítmica, y una cultura musical al respecto. Si no se cumplen los requisitos, tal vez es necesario que el estudiante tome clases de guitarra de forma individual para mejorar en estas áreas. Es por esto que ellos aconsejan a los alumnos para que tomen un camino adecuado para concretar sus objetivos.

“En la medida que el alumno avanza musicalmente, se va dando cuenta de los conocimientos que le faltan, en ese momento aparece la necesidad de cierto contenido específico y entonces nos buscan, por lo tanto los talleres que se crean son con alumnos muy motivados y la retroalimentación profesor-alumno crea un ambiente dinámico y reflexivo”, afirma García.

“Aquí prima la enseñanza que es profunda en concomitancia con el oficio y hacer un trabajo que tenga que ver con la historia personal de cada alumno, primero, según esa historia y aprendizaje desarrollamos su programa. No llegan acá para que uno les diga: todo lo que has aprendido está mal, ahora te voy a enseñar la verdad, es mentira eso”, establece Jiménez.

Finalmente, para ambos algo fundamental es rescatar la figura del maestro. Es por esto que en Estudio435 conforman equipos académicos con una visión docente similar y que a su vez tengan experiencia realizando clases.

“Queremos volver a que el alumno entienda a priori, que tenga claro con quién quiere estudiar, y por qué quiere estudiar. Que era lo que sucedía antes”, enfatizan.