Cada vez que Camila Silva (29 años) sale de su casa, un infaltable en su mochila es su kit “zero waste”, que incluye una botella y un frasco de vidrio, cubiertos metálicos, bolsas, sacos y servilletas de tela, un tazón, una bombilla y cepillo de dientes de bambú y una bolsita de té reutilizable. Y si tiene que ir a comprar, los frascos de vidrios y las bolsas de tela se multiplican, nada de bolsas de nylon.

Han pasado casi dos años desde que decidió que ya no quería seguir generando basura y, desde entonces, las bolsas, envoltorios, servilletas, toallas de papel, vasos, sobres, envases, bombillas de plástico y todo material desechable dejaron de formar parte de su vida y de la de su familia. Por otro lado, le dio la bienvenida al compostaje, a la elaboración de su propio desodorante, pasta de dientes, limpiadores del hogar, detergentes, al uso de lufas (esponjas vegetales) y principalmente, cuenta ella, a “hacernos cargo de todo aquello que se desprende de nuestro paso por el mundo”.

”Partí en 2016 por una necesidad personal. Nosotros siempre tuvimos súper incorporado el tema del reciclaje, pero nunca hemos sido súper ordenados, entonces a veces dejábamos pasar harto tiempo y después partíamos con el cargamento al punto limpio. Y una vez me di cuenta que la basura, que correspondía como a un mes, era demasiada, como si hubieran vivido diez personas y nosotros éramos tres. El balcón del departamento… ya no había de tantas bolsas que tenía y ahí dije ‘esto no puede seguir así, reciclar no está significando nada’ y quise dar un paso más”, relata.

Desde entonces, son frecuentes las anécdotas como que, cuando tiene antojos de comer sushi, llega a los locales con tappers y frascos para que ahí le entreguen la comida, soya y jengibre; lo mismo al ir a comprar papas fritas o cervezas para las juntas con amigos. Esas costumbres la han convertido en una de las pioneras en el país en llevar un estilo de vida “Cero desperdicios” y, en base a él, ha dictado charlas y talleres en los que difunde lo que ha aprendido.

“No me da lo mismo”

En la casa de Camila no hay basureros, sólo contenedores. Vive en Ñuñoa junto a su marido, Francisco (28) y su hija Pascuala (7), estudió Diseño Industrial en el Duoc UC y desde hace tres años trabaja de forma independiente en su tienda “Mantita Primavera”, en la que fabrica bolsas, servilletas, manteles, y mantas de género, y bolsas de té reutilizables. Al empezar con el cambio abrió Nomedalomismo, cuenta en la que relata sus avances y comparte recetas y descubrimientos, y asegura que, contrario a lo que la gente piensa, “esto no es más difícil ni me demoro más que el resto. Obvio que al principio cuesta más, pero como todo hábito, después se vuelve una rutina”.

Uno de los principios era que no aumentaran sus gastos, y de hecho explica que ellos se han reducido desde 150 a 80 mil pesos mensuales en compras relacionadas con comida, aseo e higiene personal. Además, la meta, que en un comienzo era de reducir los desechos a la mitad, la superaron con creces ya a los dos meses.

Y agrega, riéndose, que hasta ese momento no conocía el movimiento Zero Waste, “entonces me sentía súper pionera y que estaba haciendo algo atrevido, más osado”. Pero luego de proponérselo a su esposo, que él también aceptara y seguir adelante con la idea, descubrió que se trata de una tendencia mundial, que comenzó en los ’90, promueve un estilo de vida que reduzca al mínimo la producción de residuos, y que tiene entre sus principales exponentes a la francesa Bea Johnson, quien publicó el libro “Zero Waste Home” y que se convirtió en un best seller.

El cambio partió por la cocina porque era donde salían más desechos, según observó cuando reciclaba. “Lo primero fue dejar las servilletas y toallas de papel y fue heavy. Cuando teníamos basurero, se redujo de sacar una bolsa cada dos días a sacar una a la semana, y eran casi puros desechos orgánicos”, explica.

Uno de los ejes importantes fue modificar algunos hábitos de alimentación: “empezamos a cocinar de cero y conocer la cocina, y proponernos desarrollar todo nuestro sistema alimenticio desde lo que pudiéramos generar a partir de materia prima”. Eso implicó tratar de conseguir la mayor cantidad de productos a granel, comprar la verdura en la feria y no en el supermercado, preferir productos de temporada, eliminar las bolsas, y no comprar productos congelados, o congelarlos ellos mismos para evitar las bandejas (como choclos, porotos verdes, etc).

Además, preparar las colaciones del colegio para su hija, aprender a cocinar el pan de su casa e incluso los huevitos de Pascua ha sido todo un descubrimiento hasta para ella, quien confiesa que “nunca ha sido muy amante de la cocina”.


Camila explica que desde hace un año que hace compostaje, pero que también la apoyan desde el Club Namuntu Lombriclub, una iniciativa que recoge los desechos orgánicos en las casas de sus miembros y luego les devuelve el hummus producido con ellos.

Para limpiar la casa, usa una mezcla de agua y vinagre blanco en un aspersor y bicarbonato que aplica en el baño y la cocina, y para el piso solo agua caliente. También fabrica su propia pasta de dientes y desodorante, pero donde sí encontró problemas fue con la limpieza de la ropa, porque no le gustaron las recetas de detergentes que probó. “Eso hasta que hace poco encontré a una chica que vende productos a granel y que son biodegradables”, menciona con respecto a MejorXgramos.

De este modo, recalca que todo tiene que ver con la tendencia del “hazlo tú mismo”, y que es de vital importancia tomar decisiones informadas y formar comunidades. “Uno no se da cuenta cómo podís dejar de producir basura cambiando ciertos hábitos. Ni siquiera es como que yo me convertí en una hippie y me fui a vivir lejos y que ahora me alimento de la pachamama. Yo no digo que esté mal, pero la gente que participa de eso se va a vivir lejos y no po, la idea es mostrar que es posible hacerlo acá también”, agrega Camila.

De hecho, explica que no ha dejado de hacer actividades como tomar cervezas con sus amigos o “chanchear” los fines de semana, pero busca la forma de “darle una vuelta”. En el caso de las cervezas, sólo compra envases retornables o compra de a litros con un botellón. También cuenta anécdotas como que, en su departamento anterior, tenía un Teclado’s al lado, y cuando le daban antojos de comer papas fritas, partía con una fuente de greda y botellas retornables para que se las entregaran ahí.

Eso sí, también apela a la necesidad de que las personas también sean capaces de realizar sus propias cosas. “Lo que pasa es que estamos metidos en una cultura de lo cómodo, lo desechable, de para qué lo voy a hacer yo si lo puedo comprar. Pero si uno le da la vuelta, ¿para qué lo voy a comprar si lo puedo hacer yo? A lo mejor mi pizza no es Papa John’s, pero igual es rica”, dice.

Finalmente, reconoce que el ritmo de vida puede ser un obstáculo, pero recalca la importancia de la planificación. “Yo sé que quizás si yo estuviera en un trabajo normal de 8 a 6 sería mucho más complicado. No digo que no se pueda, pero es mucho más difícil, no puedo negar eso. Los tiempos son diferentes, pero si uno quiere siempre puede. Y lo principal siempre es la organización”.

El problema de la basura

El problema de la basura es algo que se ha abordado a nivel internacional y en distintas instancias, como las constantes campañas desde la ONU para acabar con residuos de plástico en los océanos y la alarma por el crecimiento de vertederos tanto legales como ilegales. En la misma línea, de acuerdo a cifras de Fundación Basura, un chileno genera aproximadamente 1 kilo de basura al día, mientras que son 230 kilos los que genera en promedio al año una persona en Latinoamérica, lo que equivale a 16 camiones. 

Por otra parte, el 43% de los desechos que se producen en las casas son orgánicos, como restos de comida, mientras que el 57% son inorgánicos. Ante lo anterior, de forma periódica, Camila realiza conversatorios gratuitos que anuncia en su cuenta y en los que se reúnen alrededor de 15 personas por ocasión, además ha realizado charlas en ferias ecológicas de Santiago, y recibe cerca de 50 consultas mensuales en redes sociales. Además, ha hecho talleres para los funcionarios en la UC y clases para los alumnos de la misma universidad.