Dice que no celebra San Valentín, pero si lo hiciera si iría sola al cine, se autoinvitaría a comer y luego se disfrutaría a sí misma, en una profunda demostración de autoamor.

Es la propuesta de la activista feminista Paula Acuña (28), una joven nacida en Ecuador y crecida en Temuco que desde hace seis años, casi los mismos que vive en Santiago, se dedica a enseñar a otras mujeres la fórmula para encontrar el placer en ellas mismas y desde sus propios cuerpos, sin necesitar a un otro u otra (o más).

Uno de sus aportes, y por el que se ha dado a conocer, ha sido la campaña #UnoAlDía, una exitosa iniciativa que busca que durante un mes cada día las mujeres se “autoregalen” un orgasmo. Este será el tercer año consecutivo que la pone en marcha, y está pensando hacerla coincidir con el 8 de marzo, Día de la Mujer.

Educadora en autoconocimiento y sexualidad, Paula partió su propio proceso de transformación a través del veganismo, que la llevó a cuestionarse muchas cosas que hasta el momento había simplemente asumido como normales. Una de ellas fue el uso de los anticonceptivos y sus efectos, como la falta de libido o los cambios de humor, lo que la motivó a buscar métodos alternativos vinculados a la ginecología natural, el autoconocimiento y la sexualidad. “Se me abrió un mundo gigante y me pregunté muchas veces por qué nadie me había enseñado todo esto. Así que decidí que lo quería compartir”, cuenta a El Desconcierto.

Fue así que abandonó sus estudios de Derecho y se dedicó a acompañar a mujeres durante el parto, la lactancia y las experiencias de recuperación del propio cuerpo. Diseñó sus propios talleres que empezó impartiendo en espacios alternativos, tomas y procesos de movilización.

Hoy, mientras estudia Antropología, sigue dando sus capacitaciones sobre métodos anticonceptivos sin hormonas, que ya han recorrido parte del país. Para aquellas quienes prefieran mirarlo desde el sofá de casa, la activista está preparando su debut en un canal de YouTube donde, con una compañera, trabajarán estos temas por capítulos. Y ya avanza que uno de ellos estará dedicado exclusivamente a hablar de sexualidad y autoplacer.

Será su vuelta a las redes sociales, luego de que hace unos meses decidiera cerrar su popular perfil de Facebook, cansada y aburrida de las faltas de respeto, y dejando así a sus 5.000 seguidores sin una de las pocas voces -o quizás la única- que habla y vincula abiertamente feminismo, sexo, placer, política y salud.

paula acuña

—¿Cómo nació esta campaña?

—Nace porque mientras impartía mis talleres me di cuenta que las mujeres no tienen ni idea de cómo es su cuerpo -cómo se compone-, y por todos los relatos de que muchas mujeres que no habían llegado nunca en su vida al orgasmo. Por ejemplo, me encontré una mujer de 60 años que participó en un taller y me confesó que nunca lo había sentido. Otras que lo asociaban directamente al compañero: que si él eyacula se acaba la relación sexual, como si el sexo solo pudiera ser coital, penetrativo y fin, eliminando todo un espectro de la sexualidad que tiene que ver con otras partes del cuerpo y otras formas de vincularse. Ahí me decidí a hacer algo.

¿Qué hiciste?

—Primero empecé conmigo misma. Me di cuenta de cómo los orgasmos me daban una energía diferente y aumentaban mi capacidad creadora, y como el autoconocimiento y goce de mi cuerpo me abría la puerta para empoderarme. Luego empecé a compartirlo.

—¿Qué repercusión ha tenido #UnoAlDía?

—El mayor impacto tiene que ver con los relatos individuales. Como es una campaña virtual, es difícil ver los cambios en la materialidad, pero sí en los relatos de las chiquillas: gente que me ha dicho que nunca se había cuestionado la sexualidad consigo misma, gente que ha tenido hijos y su sexualidad se ha visto truncada, gente que le abrió recuerdos de abuso y por eso no lograban tocarse y, sobre todo, gente que me dice que, gracias a eso, ahora se vinculan desde otra forma, tienen una sexualidad más empoderada porque saben lo que quieren y lo que les gusta.

—¿Por qué son necesarias estas iniciativas para que las mujeres nos demos cuenta de que tenemos delante de las narices un mundo de placeres y, en cambio, en el caso de los hombres, ese mismo mundo es tan exageradamente evidente?

—Principalmente porque vivimos en una sociedad patriarcal que ha utilizado la represión sobre los cuerpos de las mujeres y su sexualidad como estrategia de control y dominación. Silvia Federici lo dice muy bien en su libro y habla de cómo el capitalismo se construye sobre nuestros cuerpos sexuados.

—Tus discurso sostiene un enfoque político y otro de salud respecto a la sexualidad, en general, y a la masturbación, en particular. ¿Cómo es la experiencia de autoconocimiento que tu planteas?

—En mi taller, por ejemplo, trato de armarlo primero desde la historia, cómo la Iglesia castró la masturbación y en qué momento se abrió otra ventana. Primero una perspectiva más histórica y después hablar abiertamente de autoplacer, con unos ejercicios para descubrir el cuerpo y los sentidos, que no son necesariamente que la gente se masturbe allí.

—¿Cuál es tu lectura del placer en esta dimensión?

—Es fundamental la capacidad de gozar el propio cuerpo, porque tiene relación directa con la liberación de hormonas que nos hacen sentir más felices como la oxitocina y las endorfinas. El orgasmo es una explosión cerebral importante y creo que darse placer a una misma sin necesitar a alguien te empodera y te permite habitar el cuerpo desde otro espacio. Es también una forma de hacer resistencia.

—¿Cuál es la reacción de las mujeres con las que trabajas a medida que van adentrándose en esto?

—Les pasa lo mismo que a mí cuando lo descubrí. Quieren aprenderlo todo ahora, pero no se puede abarcar todo. Entonces una da pinceladas para que abran sus ventanas y empiecen otras búsquedas. Muchas chicas se empiezan a cuestionar el amor romántico, las relaciones con sus parejas, la violencia en el pololeo -que está súper naturalizada-; otras se adentran en el vegeterianismo, por ejemplo. El trabajo con una misma, se traduce en un territorio en el que una vive y habita, cuida y ama, entonces es mucho más fácil posicionarse ante la violencia, sea de tu pololo, de tu papá o de un desconocido. Es un cambio mucho más profundo, que va más allá de masturbarse a una misma.

—Eso va estrechamente relacionado con la educación sexual también.

—En Chile, las únicas universidades que contemplan en la malla educación sexual para los profesores son dos: la de Playa Ancha y la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE) y además es muy menor, tipo una asignatura optativa. Si no hay políticas públicas en este sentido y tampoco se impulsa desde el mundo educativo, ahí vemos los resultados con los índices de VIH, papiloma o embarazos no deseados. Parte de la educación sexual como base es entender que la sexualidad empieza por uno mismo, y que no es necesaria la penetración coital para disfrutarla. En relación con eso, creo la masturbación es una estrategia de lucha antipatriarcal y de prevención desde lo que significa ser adolescente en una sociedad violenta con nosotras. Es importante que las niñas sepan que el goce con su cuerpo es posible sin un otro, sin ser forzadas, sin el amiguito -que puede propasarse-, o la duda de dónde está el límite. Porque si te empoderas de tu cuerpo y sabes que tu cuerpo es tuyo, el límite está muy claro.

—Eso tiene efectos directos en la mirada clásica del amor romántico, también.

—Sí. En cómo opera el heteropatriarcado, como se naturalizan ciertas prácticas de violencia como el control, los celos, la posesión y que están muy naturalizadas en todas nosotras. Todas crecimos con Disney, las novelas o el cine, que ha estado creado, escrito y dirigido por hombres por mucho años y donde se ven prácticas de violencia disfrazadas de amor.

—¿Qué rol crees que tendría que tener la sociedad civil en esa estrategia de fomentar la educación sexual y presionar a los gobiernos en esa línea?

—El mayor problema es que nadie le da la importancia que tiene. Las únicas que nos estamos haciendo cargo de esto desde los años ’70 somos las mujeres, particularmente las feministas. Es fundamental que la sociedad, en general, se implique en eso. Se creen que dejándolo en el colegio se resuelve, y en el colegio creen que se ve en la casa. Finalmente se convierte en un círculo en donde los chicos reciben información de YouTube, pornografía y aprenden formas de relacionarse de forma sexo-afectiva tremendamente violentas porque nadie les explica que la sexualidad también es amor con una misma.

—Yendo un poco más allá, para qué hablar de la educación emocional y de los placeres que es un déficit no sólo en Chile, sino en el mundo en general, seguramente.

—Sí. Tiene que ver también con cómo nos educan para ser parte de un sistema productivista, estar dentro de la máquina donde no se nos prepara para responder emocionalmente, manejar las frustraciones, el dolor. Es un sistema profundamente exitista que nos mantiene ajenos del propio cuerpo y de lo que éste necesita y le gusta.