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Tal como en el caso de la física clásica regida por la de existencia leyes fundamentales, el marco teórico y programático del marxismo clásico ha descansado en la aceptación de una serie de constantes relativas del desarrollo histórico moderno. Dichas constantes, que se presentan al modo de factores estructurales que habrían mantenido sus rasgos centrales desde el origen del capitalismo industrial (esto inclusive a pesar de encontrarse en un proceso de transformación permanente), podrían resumirse en los siguientes: a) la existencia de un sistema de clases sociales basado en la acción histórica de dos clases fundamentales (la burguesía y el proletariado); los ciclos de desarrollo de las fuerzas productivas propios al capitalismo moderno; el tipo de expansión urbana típica del industrialismo; la importancia del sistema de estados nacionales (y de su expresión más tardía: el imperialismo) sobre la arena internacional, etc.

En el caso del desarrollo de las fuerzas productivas y la demanda energética; es decir una de las constantes históricas más evidentes del desarrollo capitalista moderno, destaca el tipo de expansión ascendente que les ha caracterizado desde los inicios de este sistema productivo. A pesar de haber experimentado (o experimentar hoy) periodos de estancamiento más o menos importantes, resalta aquí el hecho de que el desarrollo de las fuerzas productivas se haya mantenido en rangos mínimos (basales) más o menos estables desde los orígenes de la era industrial. Es relevante recalcar, sin embargo, que no entendemos por esto último la ausencia de cambios abruptos (por ejemplo contracciones agudas) en la evolución de las fuerzas productivas durante los últimos siglos. Por el contrario, a lo que nos referimos aquí es más bien a la exclusión, hasta ahora, de un fenómeno de retroceso o involución de las mismas, esto tal como los ocurridos en otros periodos históricos tales como, por ejemplo, el de la caída del Imperio Romano en el mundo grecolatino. Otro ejemplo de estas constantes históricas relativas (basales) puede encontrarse en el tipo de evolución ascendente que ha experimentado, desde el inicio de la Revolución industrial, el desarrollo tecnológico en ciertas ramas productivas.

Desarrollo económico capitalista durante los siglos XIX y XX (Mandel)

Constantes históricas relativas del desarrollo capitalista

Las constantes relativas del desarrollo capitalista moderno se habrían caracterizado, a su vez, por poseer en su base un tipo de constante absoluta que, tal como en el caso de las constantes universales de la física clásica (por ejemplo la ley de gravedad), constituiría el pilar fundamental tanto del capitalismo moderno, así como también de todos los avances civilizatorios hasta hoy. Dicha constante absoluta del proceso histórico, la cual se encontraría en la base de la reproducción social de todas las sociedades complejas hasta el presente, sería el marco geológico holocénico que, a pesar de sus sucesivas transformaciones, se ha mantenido estable durante los últimos 10 a 15 mil años en nuestro planeta.

Estabilidad climática holocénica y civilización

En el caso del capitalismo industrial, la importancia estructural de las condiciones de reproducción ecológica del holoceno, relativamente fijas desde el origen de las primeras civilizaciones, sería incluso mayor a la conferida hasta ahora por la teoría marxista a la relación capital-trabajo en la consolidación de este modo de producción. Esto se debe, entre otras cosas, a que habrían sido precisamente dichas condiciones ecológicas las que habrían permitido el tipo de explotación (exponencial) de los recursos naturales y energéticos sin el cual el capitalismo moderno habría sido imposible. Lo anterior supone, por lo tanto, una ampliación-corrección de la comprensión marxista del ámbito económico como factor determinante en última instancia del desarrollo capitalista, ocupando por el contrario la infraestructura ecológica del sistema industrial la posición realmente fundante (obnubilada en el pasado reciente por la existencia de un marco climático relativamente estático) en la evolución de este modo productivo.

Constantes ecológicas absolutas del desarrollo capitalista

En términos de la dinámica histórica actual, la crisis ecológica planetaria y el inicio de una nueva época geológica: el Antropoceno, no deben entenderse así como factores subordinados a las contradicciones económicas, políticas y sociales tradicionales del sistema capitalista. Por el contrario, dichos fenómenos deben considerarse al modo de una falla fundamental (basal) del proceso histórico que implicaría, entre otras cosas, una disrupción creciente tanto del sistema capitalista moderno, así como también de las leyes históricas definidas por el marxismo clásico para interpretar este último y la posibilidad de su superación. Esto queda claro, por ejemplo, si se toman en cuenta las actuales proyecciones destructivas de la crisis ecológica global en curso, la cual tendría la capacidad no sólo de poner en tela de juicio la “estabilidad” de los pilares del sistema capitalista, sino que además plantear, tal como se discutió en los artículos previos sobre esta temática, la posible desintegración de los mismos.

Prueba de lo anterior sería un escenario potencial de crisis agrícola y de recursos generalizada a nivel internacional en el caso de superarse, durante los próximos años, los dos grados centígrados de calentamiento global. Muestra de lo mismo sería la imposibilidad que tendría la civilización contemporánea, de acuerdo con una serie de científicos, de hacer frente a un aumento de cuatro grados de la temperatura mundial durante este siglo. Un ejemplo adicional de la importancia de las condiciones de reproducción ecológica en la evolución de los sistemas sociales contemporáneos se hallaría, tal como sugieren una serie de estudios en las últimas décadas, en la propia desaparición de la URSS que habría sido gatillada, en parte importante, por un drástico empeoramiento de su situación medioambiental.

Cabe recalcar además que una perspectiva de desintegración de los pilares del sistema capitalista moderno daría cuenta, necesariamente, de la apertura de una situación histórica inédita desde los orígenes de la modernidad industrial, constituyendo por lo tanto un momento de ruptura con los esquemas tradicionales de pensamiento revolucionario de los siglos XIX y XX. Una situación de ruptura semejante, aunque con un carácter cualitativo mucho menor, habría sido el de la transición del capitalismo de libre competencia al sistema imperialista, transformación que se encuentra justamente en la base de la “relectura estratégica” que hicieran Lenin y Trotsky, entre otros, del acervo programático de la I y II Internacional.

Degradación ecológica y ruptura histórica post-holocénica
El análisis marxista clásico en la encrucijada: renovarse o caducar

Tal como en el caso de un cuerpo súper-masivo capaz de modificar las propiedades del espacio-tiempo, el problema de la crisis ecológica y la perspectiva del colapso se presentan como un tipo de factor histórico (terminal) con la capacidad de inducir una disrupción aguda (o completa anulación) del propio “espacio-tiempo” histórico moderno. Durante doscientos años, los factores del proceso económico, político y social contemporáneo se han desplazado describiendo orbitas regulares, más o menos abruptas, alrededor de los “focos de gravedad” del desarrollo industrial, esto en una especie de tiempo histórico “plano” en el cual las crisis económicas o revoluciones habrían constituido, hasta ahora, los principales “pliegues” o “irregularidades” del mismo. Por el contrario, el horizonte (objetivo) de un colapso civilizatorio cercano constituiría un tipo de “fosa epocal” (abismal) capaz de cuestionar, en la medida en que nos acerquemos y precipitemos a la misma, al conjunto de las leyes históricas en las cuales se ha basado el desarrollo capitalista hasta hoy.

En el caso del Marxismo clásico, lo anterior representa un problema porque plantea un horizonte histórico no sólo de caracteres inéditos (tal como aquellos que esta tradición debió hacer frente en diversas ocasiones durante el siglo pasado), sino que a la vez de una naturaleza fundamentalmente distinta a la contenida en las fronteras del propio modo de producción capitalista y el mundo moderno. En otras palabras, nos estaríamos refiriendo aquí a un escenario de ruptura epocal: el colapso, que plantearía peligros, potencialidades y límites todavía no estudiados en profundidad por ninguna de las teorías revolucionarias del presente, poniendo así al marxismo clásico (y a los demás marcos teóricos de la izquierda) ante la encrucijada de renovarse, esto por ejemplo integrando dicha potencial ruptura histórica como una de sus variables fundamentales de análisis…o caducar.

Espacio-tiempo histórico moderno y colapso

¡Nada nuevo! ¡Nada nuevo!… replican a coro en un último ataque los “cuadros intelectuales” de las organizaciones de izquierda. Y es que, otra vez, los fundadores del marxismo habrían supuestamente ya respondido tempranamente cualquiera de estas problemáticas. ¿Derrumbe ecológico? ¡Vamos! Cualquier marxista serio debería recordar aquí, por ejemplo, la refutación que hicieron Marx y Engels durante el siglo XIX de las teorías de Malthus. ¿Colapso civilizatorio? ¡Por favor! ¡Eso ya lo hemos considerado! ¿Qué acaso no se toman en cuenta en esta discusión las proféticas palabras de Rosa Luxemburgo en torno a la perspectiva de “Socialismo o Barbarie”?

Veamos entonces en la próxima nota cuales habrían sido las “respuestas” (¿o bien meras intuiciones teóricas?) del Marxismo clásico con respecto a los problemas actuales de la crisis ecológica global y la perspectiva de un colapso civilizatorio inminente.