Escritora feminista, profesora, editora y comentarista, Gay trabaja como profesora asociada de Inglés en la Universidad Purdue, escribe regularmente artículos para el New York Times, es fundadora de Tiny Hardcore Press, editora de ensayos para The Rumpus, y coeditora en PANK, organización sin ánimo de lucro de colectivos de artes literarias. Gran parte de su trabajo trata de analizar y deconstruir los temas feministas y raciales a través de la lente de sus experiencias personales con la raza, la identidad de género y la sexualidad.

En esta ocasión, y traducida al castellano por la editorial Capitán Swing, narra en Hambre: memorias de mi cuerpo la cruda violación en grupo que sufrió a los 12 años y que gatilló en ella la compulsión por comer hasta llegar a pesar 261 kg. En el prefacio, sostiene que “Este es un libro sobre mi cuerpo, sobre mi hambre y, en última instancia (…), un libro sobre aprender, aunque lentamente, a permitirme ser vista y comprendida”.

Apoyándose en el género referencial, Gay cuenta los sucesivos intentos por controlar su peso, intercalando dichas experiencias con los recuerdos que tiene de lo que vivió en su adolescencia. “En mi vida hay un antes y un después. Antes de ganar peso. Después de ganar peso. Antes de que me violaran. Después de que me violaran”, indica. Lo hizo porque desde pequeña entendió que la obesidad asquea a la sociedad patriarcal. Que a las niñas se nos enseña “a no ocupar espacio” y a “ser delgadas y pequeñas” porque “si somos vistas, debemos agradar a los hombres y resultar aceptables de cara a la sociedad”, según consigna el sitio español Smoda.

Narra cómo hizo de su cuerpo una jaula en la que podía protegerse del deseo masculino: “Este es el cuerpo que hice. Soy rollos corpulentos de carne negra, brazos y muslos y panza. Eventualmente, la grasa ya no tenía más lugares donde posarse, por lo que creó sus propios caminos a través de mi cuerpo. Estoy rajada por las marcas de las estrías, paquetes de celulitis en mis muslos gigantes. La grasa creó un nuevo cuerpo, uno que me avergonzaba a la vez que me hacía sentir segura y, más que nada, necesitaba desperadamente sentirme segura. Necesité sentirme como una fortaleza, impenetrable. No quise que nada ni nadie me tocasen”.

El tono de Hambre, sin embargo, no es optimista. Gay afirma que quiso con todas sus ganas que este fuese un libro sobre el cierre de una etapa, en la que podría aprender a amarse y perdonarse. En cambio, se convirtió en “la experiencia de escritura más difícil de toda mi vida”, afirma. “Aquí estoy, mostrando la ferocidad de mi hambre. Aquí estoy, finalmente liberándome hacia ser vulnerable y terriblemente humana”, dando cuenta de que el proceso de sanación recién está comenzando.