Veo las declaraciones de José Antonio Kast en el matinal de TVN sobre eutanasia y no puedo sino sorprenderme. Me parece grave comparar, públicamente y en televisión abierta, dos realidades tan distintas y dolorosas como el suicidio y la eutanasia.

Para contextualizar: primero, la eutanasia es un acto clínico en el cual un equipo sanitario asiste y provoca la muerte de un paciente que sufre una enfermedad irreversible e intratable, que además percibe como insufrible, a pesar de los mejores esfuerzos terapéuticos. Implica la decisión y la voluntad expresa del afectado de no continuar con su vida en estas condiciones tan duras. Los criterios, variarán en cada legislación, pero es la idea general. A pesar de que es un tema polémico, especialmente en un país conservador como el nuestro, es difícil no empatizar con el dolor de quien transita por este sufrimiento. Hablar de eutanasia nos invita a replantearnos los tabúes con respecto a la muerte. Hablar de eutanasia es hablar de un morir digno.

Por otro lado, el suicidio es el acto de autoprovocarse la muerte, considerando un intenso sufrimiento psíquico acompañante. Se describe que sobre el 90-95% de estas personas tienen una patología psiquiátrica grave demostrable. Incluso se habla de una crepuscularización de la conciencia al momento de llevar a cabo el acto, es decir, una especie de enturbamiento de las capacidades psíquicas. Por tanto, desde lo preventivo y lo terapéutico, existen una serie de herramientas clínicas para abordar este problema sanitario, que por lo demás es un asunto de salud pública.

Ergo, una comparación entre ambas situaciones me parece falaz, desinformada e incluso violenta, con una clara falta de preparación por parte de quien emitió estas declaraciones. Faltó empatía y tino. No puedes pretender darle peso a tus argumentos con declaraciones tan burdas como “el suicidio es suicidio. Si tenemos una pistola aquí y la ponemos acá (en la cabeza), todos hacemos lo mismo”. A modo personal, me parece que una figura pública, más aún un político que fue candidato presidencial (obteniendo un no menor porcentaje de votos) y que es diputado de la República, debe ser más responsable y criterioso al emitir sus comentarios. Asimismo, creo que es fundamental que los medios de comunicación sean capaces de moderar este tipo de debates, para impedir que se cree confusión en la audiencia. En ese sentido, la abogada Carmen Gloria Arroyo y el diputado Vlado Mirosevic se manejaron con altura de miras. Finalmente, es necesario que la gente ejerza un juicio crítico sobre los contenidos que ve en pantalla y, más aún, es deber de la sociedad plantearse informadamente ante cualquier tipo de debate.

Dr. Tomás Serón Díaz
Residente de Psiquiatría Adultos
Universidad de Chile