Cuentos de Alanis” es el nombre del libro de relatos que Magdalena Bruna Ruíz auto-editó en 2013 y, desde entonces, se ha dedicado a venderlo a un precio de 5 mil pesos recorriendo diferentes barrios y bares de Santiago y llevando algunas copias a distintas ciudades cuando sale de vacaciones.

Sin ninguna relación con editoriales –y dice que tampoco piensa tenerla–, la mujer de 47 años y título de Pedagogía en Danza, ha logrado vender un total de 4.941 de copias del texto, que reúne relatos autobiográficos que hablan de tópicos como calle, droga, delincuencia, hambre, miseria y sexo, y que ya va en su cuarta edición. De hecho, ha llegado vender 200 copias mensuales, a pesar de que meta diaria es de seis ejemplares.

“Yo siempre he escrito de manera impulsiva, desordenada y con faltas de ortografía, porque no he leído todo lo que hay que leer para ser escritora. Más o menos de los 22 comencé a tener mis cuadernos que hoy suman 40, son mis diarios de vida. Y bueno, de ahí salieron los ocho cuentos que componen este trabajo”, explicó en conversación con SoyChile.

Magdalena cuenta además que su motivación para ponerse a escribir de forma más seria fue haber ganado un concurso de cuentos en 2011 (“Mi vida y mi trabajo”, organizado por la Dirección del Trabajo) en el que narraba todo lo que había pasado y sufrido en Chile tras estudiar danza e intentar ejercer la carrera.

“Tengo 40 cuadernos de vida de 200 hojas aproximadamente, o sea, más o menos, unas 8 mil hojas desde1997. La verdad es que no me había dado cuenta de que tenía este diálogo interno que expuse en estos cuentos. Lo entretenido fue que ese premio me hizo pensar en armar un libro y lo empecé justo cuando me contratan en editorial Santillana como asistente de call center”, relata.

La experiencia en la editorial fue la que terminó por servirle como trampolín para dedicarse de lleno a los libros: ganaba muy poco y necesitaba complementar renta, y a pesar de que la ascendieron, no le subieron el sueldo,por lo que cuando lo pidió, la despidieron. “Como ya tenía los libros decidí salir a venderlos”, agrega.

El secreto de observar a la gente

Magdalena reconoce que sus estudios de danza y conocimientos de teatro han sido fundamentales para poder tener llegada con la gente. “Soy una persona que se expresa a través del cuerpo, las miradas y las palabras, trabajé en algunos musicales. Naturalmente eso me facilitó las cosas, pero también hay otro factor que es la empatía que me caracteriza”, cuenta.

El primer año vendió apenas 50 ejemplares, y por cierto, eso la desmotivó, pero luego empezó a perfeccionar sus técnicas de venta y la cifra fue creciendo hasta que pudo llegar a casi 100 libros mensuales.

“Miro a las personas y trato de analizar lo que están hablando y cómo se mueven. Es una verdadera observación de personajes y créeme que he sido casi adivina, por eso vendo tanto”, señala.