El fuerte machismo subyacente en la sociedad rusa ha quedado en especial evidencia durante la campaña presidencial que por estos días se vive en el país, donde solo una de los siete candidatos es mujer, Ksenia Sobchak, quien durante la carrera presidencial ha debido enfrentar constantes insultos, descalificaciones desde los mismos contendores e incluso a que un desconocido la empujara al agua a la salida de un acto dedicado a Mijaíl Gorbachov.

Uno de los episodios más recientes se vivió el pasado domingo, en medio de un debate televisivo, cuando el candidato ultranacionalista Vladimir Zhirinovski la llamó “imbécil” y “prostituta”. Todo comenzó cuando este interrumpió el discurso de Serguéi Baburin, otro de los aspirantes, por lo que Sobchak salió en su defensa y le replicó a Zhirinovski, de 71 años, que se calmara y que eso le hacía mal para su salud, lo que despertó la molestia del hombre, quien la trató de idiota.

Sobchak insistió en que se calmara, hasta que el apodado “Trump ruso” le gritó: “Cierra el hocico, imbécil”, y fue entonces cuando la candidata tomó su vaso de agua y lo lanzó sobre él, imitando “sus propios métodos” y haciendo un guiño a un episodio de 1995, cuando el mismo Zhirinovski le tiró jugo en la cara a otro político en medio de un debate.

¡Saquen a esta prostituta, a esta mujer repugnante, a esta puta!“, reaccionó éste enfurecido, quien además le lanzó insultos como “idiota” o “mujer demente”, mientras ninguno de los otros presentes manifestó su desacuerdo o incomodidad con el tono con que trató a la candidata. Sobchak además fue descalificada por el moderador de un debate previo, quien la llamó “payasa”.

La candidata –de 36 años, presentadora de televisión, actriz ocasional e hija del alcalde de San Petersburgo, que en los 90 fue jefe de Putin– es la única que ha abordado la desigualdad de género y manifestado su apoyo a demandas de la diversidad sexual, como el matrimonio entre personas de un mismo género, lo que la clase política rusa rechaza de forma tajante.