La cursilería recurrente de cada día de conmemoración del Día de la Mujer -con los saludos de “feliz día”, las flores en el lugar de trabajo, los chocolates del galán bonachón, los recitales en algún punto de la ciudad con el cantante romántico de turno- ya parece totalmente anacrónica.

Cada 8 de marzo, desde 1911, la celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora alude a los derechos de las mujeres que se han ido conquistando, de a poco, y que aún marcan diferencias abismantes en el mundo. Es ahí donde se debe centrar este día, en la conversación y el debate de estos temas que las afectan y violentan, pero en donde es tarea de todos cambiarla. Una lucha donde no solo se debe tomar palco, porque detrás de cada uno de nosotros hay una madre, una hija, una hermana, una novia, una amiga; una compañera que nos brinda su amor incondicional, y que lucha a diario por un mundo libre e igualitario, que llora por la violencia infame, y que sueña con una sociedad que le brinde el respeto que se merece. No son justas las decenas de infamias que arrastramos históricamente en esta sociedad patriarcal que no hacen más que oprimir a nuestras mujeres directamente. Porque sin mujeres no hay revolución, no hay luz y ni siquiera hay vida.

A modo de homenaje, y complementando la banda sonora con ovarios que planteamos en el playlist “Corazones Rojos”, dejamos cinco canciones más en donde la temática gira en torno a la violencia de género. Travis, Pink Floyd, Sonic Youth, Nick Cave y Tracy Chapman, con sus canciones, buscan generar un cambio a través de los caminos del arte.

1. ‘The Blue Flashing Light’ (Travis, 1999)

Curiosamente, esta canción es un track oculto del disco The Man Who, de los británicos Travis. Escondido, como varios de los maltratos hacia la mujer que se perpetúan en la peligrosa intimidad del hogar. No sabemos si eso fue casual o intencional, ya que justamente la letra aborda la temática de la violencia intrafamiliar, un mal que por el miedo a la brutalidad que puede llegar a ejercer un hombre contra su familia hace que los maltratos -en la mayoría de los casos- permanezcan escondidos y no se denuncien. Menuda ironía para una canción que es el retrato lacónico de un hogar turbulento: un padre alcohólico que cuando llega de madrugada a casa, lo hace violentando a quien se le cruce (“Call me a name and I’ll hit you again / You’re a slut, you’re a bitch, you’re a whore”). Violencia psicológica y física, la infame secuencia que día a día viven algunas mujeres.

2. ‘Don’t Leave Me Now’ (Pink Floyd, 1979)

Para los fanáticos de Pink Floyd, es conocida la metáfora que ideó Roger Waters para el incombustible disco de 1979, The Wall. Las barreras sociales del protagonista, representadas en los ladrillos con que se va construyendo el muro, llegan a su clímax cuando plantea el alejamiento de su pareja. De eso se trata ‘Don’t Leave Me Now’, del traumático proceso que debe enfrentar Pink tras enfrentarse a la separación. Él abriga un patético sentimiento de arraigo hacia su novia, que lo transforma en un ser emocionalmente débil, devastado, confundido. Peligroso. Los celos, la inseguridad, la codependencia son las ideas principales de una canción que muestra ese lado machista pasivo que despierta de la peor forma en los momentos de vulnerabilidad. Pink habla desde la posesión, de tener la “autoridad” de hacer lo que se le ocurra con su pareja, maltrato incluido (“I need you, babe / Put through the shredder / In front of my friends”). Él la increpa, le dice que está huyendo (“How can you treat me this way? / Running away / Oh, babe / Why are you running away?”). No le pide que se quede por amor, sino para satisfacer sus necesidades de hombre dominante, lo que hace inferir que la mujer arranca antes que los demonios internos de Pink, que se escapan de los muros mentales de la cordura, se manifiesten en golpizas (“How could you go? / When you know how I need you / To beat to a pulp on a saturday night”). Sin duda, uno de los capítulos más desgarradores de la violenta historia que presenta el álbum, sobre todo, cuando sabemos que Pink es el mismo Waters, y que en un paralelo a la realidad, esta historia fue alimentada por la neurosis del bajista tras su quiebre matrimonial con su novia de infancia Judy Trim en 1975. Un capitulo que terminó bien en la vida de Roger, pero distante a la mala suerte que han tenido miles de mujeres y sus calvarios con hombres posesivos que han creído ser sus dueños,

3. ‘Shoot’ (Sonic Youth, 1992)

Kim Gordon, la otrora bajista de los influyentes Sonic Youth, escribió una de las letras más agudas y controvertidas de la banda neoyorquina en 1992. Y es ella misma quien se apodera del micrófono para narrar aquella historia. La canción relata el instante en donde una mujer, que es violentada en su casa por su pareja, decide terminar con aquel calvario y toma una fulminante decisión. Encarando a su abusador, le pide su dinero y su auto, le dice que no puede continuar con la ambivalente vida en pareja que tienen (“Since we’ve been together you’ve been good to me / You only hit me when you wanna be pleased”), y le comunica, además, que en sus planes está el aborto (“I won’t be asking your permission to leave / I won’t be asking not to have this baby please / And I won’t be asking a devil for a bus fare please / And i won’t be asking I had to see you bleed”). El relato se va musicalizando con el tándem de guitarras noise de Moore y Ranaldo, unas percusiones que se precipitan cada vez más mientras avanza la canción y el aullido ahogado de Kim, que evidencia el final de la historia: nuestra protagonista estuvo siempre encarando a su abusador, apuntándolo, lista y dispuesta para disparar y abatirlo (“Close your eyes / That’s right / Pray baby / One, two, three / Shoot, shoot, shoot, shoot”). La canción, finalmente, refleja esa última opción que le queda a una mujer víctima del abuso constante. Ese abuso silenciado por la cotidianidad pero que resuena en la cabeza tan fuerte como los golpes recibidos. Para bien o para mal, el mensaje de tomar la justicia por manos propias y así conseguir la libertad transformó a ‘Shoot’ en un himno del riot grrrl.

4. ‘Where The Wild Roses Grow? (Nick Cave & The Bad Seeds, 1996)

Murder Ballads es el noveno álbum de estudio de Nick Cave & The Bad Seeds, en el que nos muestra un puñado de canciones que parecen de amor, pero que en realidad son de muerte, con las cuales el artista australiano no solo rinde su propio homenaje al sub-estilo de las “baladas homicidas”, sino que propone un modo compositivo muy acorde a lo que estaba pasando a mitad de los ’90, entre el pop barroco y un rock oscuro. No en vano, este disco gozó de un gran éxito comercial, utilizando como baluarte el video de ‘Where the wild roses grow?’, con evidentes referencias a la Ofelia de los pintores prerrafaelitas. La canción relata la historia de una mujer ciegamente enamorada de un hombre al que entrega su virginidad. El hombre, posesivo de su amor y enloquecido de celos por estar con una mujer tan hermosa, la mata y la deja a merced de las suaves olas del río, con una rosa entre sus labios. El relato es estremecedor. Nick Cave junto a Kylie Minogue, crean un estilizado dueto lírico, en donde primera es ella quien va contando sus últimos momentos de vida (“On the third day he took me to the river / He showed me the roses and we kissed / And the last thing I heard was a muttered Word / As he stood smiling above me with a rock in his fist”), para que luego sea el asesino quien termine la historia (“On the last day I took her where the wild roses grow / And she lay on the bank, the wind light as a thief / As I kissed her goodbye, I said, ‘All beauty must die’ / And lent down and planted a rose between her teeth”). Desgarrador, sí, pero también sumamente frívolo al naturalizar un femicidio, justificándolo, situando a la mujer solo como una figura digna de alabar y poseer por sus encantos físicos. 

5. ‘Behind The Wall’ (Tracy Chapman, 1988)

Después de las tres primeras canciones del homónimo álbum debut de Tracy Chapman, había buenas razones para esperar que todo su repertorio estuviera amparado por los arpegios de su guitarra acústica, sobre todo después del hit ‘Fast car’. Hasta que aparece ‘Behind the wall’. Despojada de toda instrumentación, el impacto de la canción es certero cuando Tracy comienza su canto a capela con la frase “anoche la escuché gritando” (“Last night I heard the screaming / Loud voices behind the wall”). Y así comienza una historia contada por alguien quien es testigo, al otro lado de la pared, del maltrato de un marido hacia su esposa, a la que golpea sin piedad. Es tal el reflejo a la realidad, que pone en evidencia la pasividad y la poca protección real que existe ante la denuncia en estas situaciones (“It won’t do no good to call the police / Always come late if they come at all / And when they arrive / They say they can’t interfere with domestic affairs / Between a man and his wife”). La decisión en la performance que se produce entre la indiferencia ante la violencia de género y la falta de instrumentación, hacen de esta canción más que un himno feminista, un grito desesperado de atención. Un grito que termina en silencio. El final de la historia que relata Chapman finaliza con la mujer golpeada siendo llevada en ambulancia (“Last night I heard the screaming / Then a silence that chilled my soul / I prayed that I was dreaming / When I saw the ambulance in the road”), aunque de su verdugo no se sabe mucho, ya que se da a entender que a la policía solo le importa mantener el orden del barrio, sin gritos para que todos puedan volver a dormir en el silencio cómplice. Sin consecuencias, sin debates.