Desde nuestro primer día de carrera nos han avergonzado los medios de comunicación. Conocimos y estudiamos los montajes de la prensa en la dictadura, nuestros profesores pusieron énfasis en el tratamiento ético de las noticias y aprendimos la responsabilidad que tenemos en la creación de estereotipos, tanto en el periodismo como en la publicidad y en las producciones audiovisuales.

Fuimos conscientes de cómo nuestras disciplinas han tenido efectos en la sociedad a lo largo de la historia.

Sin embargo, la vergüenza que sentimos no sólo se debe a las prácticas de los comunicadores del pasado. Tampoco nos avergüenzan únicamente los tratamientos sensacionalistas y poco rigurosos
de las noticias, los comerciales poco originales o los guiones superficiales de las teleseries: hoy nos avergüenza el machismo en cada una de las áreas de las comunicaciones, presente de una manera tan transversal y arraigada como lo está en la sociedad misma.

A las y los estudiantes de comunicaciones nos avergüenza que el futuro que nos depara sea, posiblemente, un medio donde revelen informes ginecológicos de mujeres, donde Andrés Salfate
les lame el trasero a modelos en bikini, donde titulen “El amor y los celos la mataron”, donde seremos colegas de Julio César Rodríguez y de sus miradas lascivas o donde creen una sección “editada para mujeres” en la que nos subestiman en cada publicación farandulera y falta de contenido.

Nos avergüenza que constantemente los comerciales nos encasillen tanto a hombres como a mujeres en roles de géneros determinados. ¿Por qué en los comerciales de dentífricos los expertos suelen ser hombres y, si llega a aparecer una mujer con bata blanca, habla desde su experiencia de madre?

Algo similar pasa con las fuentes en notas de prensa. De acuerdo al Proyecto de Monitoreo Global de Medios del 2015, el 72% de expertos o comentaristas en las noticias son hombres. En cambio, cuando se trata de ser definidos por su relación familiar o afectiva ellos sólo representan un 20%.

Por el contrario, siete de cada diez mujeres son representadas de esta forma.

Nos avergüenza que constantemente se dirijan a las mujeres -específicamente a las madres- en los comerciales de detergentes, pañales, comida y de supermercado. En cambio, cuando se trata de ofertas de cervezas, autos y herramientas de construcción, él es interpelado.

La publicidad y la ficción audiovisual no sólo deben consistir en representar las dinámicas de gran parte de la sociedad, sino que sus realizadores también deben hacerse cargo de su influencia en la creación de estereotipos y ser conscientes del ejemplo que representan. De este modo, avanzaríamos en la deconstrucción de roles que mantienen a las mujeres en una constante actitud
servicial y pasional, y a los hombres en modo de aventura y encarnando la razón.

Nos avergüenza cómo los medios sexualizan y cosifican a las mujeres y transmiten el mensaje de que a ellas se les valora únicamente por su belleza y sexualidad. Y de esto no sólo es responsable
la publicidad, sino que la prensa tiene mucho que aportar: en las portadas de diarios chilenos, en el 7,1% de las fotografías de mujeres ellas aparecen en ropa interior; casi diez veces más que cuando los hombres aparecen a torso desnudo (0,8%), indica el estudio “Portadas y Mujeres” de Las portadas de tu vida.

Además, una investigación de Medios de Comunicación, Diversidad y Cambio social (MDSC) de la Universidad del Sur de California revela que, de las películas estudiadas, un 7,7% de los hombres
utilizan ropa sexy versus el 30,2% de las mujeres. Asimismo, el 29% de ellas participan en algún tipo de desnudo: tres veces más que los hombres (9,5%).

Estos datos no son vacíos, sino que influyen en nuestra experiencia y percepción de la sociedad. Son la manera en que apreciamos y generamos empatía por el otro, así como aprendemos a relacionarnos con el mundo.

Es por esto que, como futuras y futuros comunicadores, nos haremos cargo de cambiar estas cifras, que no sólo representan el machismo en el que estamos inmersos, sino que también lo
reproducen de forma masiva y constante, volviéndose un pilar fundamental del patriarcado. No nos quedaremos en la vergüenza y en la contemplación de la tragedia. El futuro de los medios de comunicación en Chile será diferente porque desde ya estamos conscientes de que nuestra labor es fundamental en la destrucción del sexismo. Por eso nos organizamos como comunicadores y comunicadoras para visibilizar los vicios machistas de la prensa, el cine y la publicidad, para reivindicar nuestro quehacer y para exigir #MediosNoSexistas. Ése es nuestro aporte en el camino a la equidad de género.