Publicado en el año 2006, hace más de una década que está circulando en Chile, principalmente —y lamentablemente— en espacios académicos. En sus primeros días, encarnado en fotocopias que acumulaban, según el paso de mano en mano, el relieve de los dedos de sus lectores anteriores. Después fue posible, gracias a Argentina y la editorial Melusina, conseguirlo en un formato más digno. Hoy es Random House la que, a doce años de su primera edición, trae “Teoría King Kong” a las vitrinas chilenas.

Texto infaltable en cualquier espacio de autoformación feminista y en las bibliografías de los programas de estudios de género, la autora advierte en el prefacio que “yo, como chica, soy más bien King Kong que Kate Moss”, delimitando a su público objetivo: todas las mujeres que quedan fuera de los modelos tradicionales de la feminidad. De ahí en adelante, la autora no se guarda ninguna bala. Despentes detalla con un lenguaje áspero, el que atribuye a una adolescencia punk donde el alcohol y el mosh templaron su carácter, la violación sufrida a los 17 años mientras hacía dedo para devolverse a Francia desde Inglaterra, acto al que signa como “el programa político esqueleto del capitalismo (…) representación cruda y directa del ejercicio del poder”. Ese es el punto de partida de una serie de reflexiones sobre el cuerpo, el deseo y la mirada masculina que componen el texto.

“Guarden sus heridas, señoras, porque podrían molestar al torturador. Hay que ser una víctima digna. Es decir, que se sepa callar. La palabra les ha sido siempre confiscada” dice, con ironía, refiriéndose a los comentarios que recibió después de la publicación de su novela (y posterior película) “Fóllame”, en 1993. El argumento de sus críticos fue “a las mujeres no se les está permitido hablar de su sexualidad”. Por fortuna, en el tiempo del #MeToo y el fin del silencio que solía proteger a los abusadores —no en todos lados, cabe señalar—, varios de los lamentos que Despentes narra en el texto han salido de su pasado under para transformarse en sentido común.

Los temas que le interesan a la autora son la forma en que la vigilancia —policial, clínica, escolar— se manifiesta particularmente en los debates sobre la prostitución y la pornografía. De la primera, observa que “puede practicarse en secreto total, no es más que un curro bien pagado, para una mujer poco o nada cualificada”; de la segunda, se pregunta por qué el porno, en tanto industria, es dominio exclusivo de los hombres: “La respuesta es la misma en todas las situaciones: el poder y el dinero resultan denigrantes para las mujeres”.

Hablando con la propiedad de quien ha estado inmersa como actor en ambos campos, Despentes defiende el derecho de las mujeres a la autonomía de sus deseos y del empleo de los mismos en función del trabajo. “El pacto de la prostitución «Yo te pago y tú me satisfaces» es la base de la relación heterosexual. Hacernos creer que ese contrato es extraño a nuestra cultura es pura hipocresía”. Para la autora, la figura de la puta transparenta lo que la institución de la familia esconde con tanto recelo, a saber, la explotación de las mujeres por medio del trabajo doméstico, la educación de los niños y, sobre todo, el servicio sexual. Así, el contrato matrimonial se revela como la mayor estafa del patriarcado.

Hacia el final la autora se dirige a los hombres, a los que, si bien compadece al distinguir que también están atrapados por la propia dominación masculina, no les perdona la distancia con las demandas feministas. “Lo que sigue siendo difícil es ser mujer y aguantar todas vuestras estupideces. Las ventajas que ustedes sacan de nuestra opresión en realidad son trampas. Cuando defienden sus derechos masculinos, son como los empleados de un gran hotel que se creen los propietarios de la finca… siervos arrogantes, eso es lo que son”, dispara. No obstante, inquieta que a lo largo del libro esta analogía a la servidumbre y, por extensión, a la lucha de clases, no se elabore con más detalle.

Teniendo en cuenta lo fácil que es juzgar desde el futuro, y considerando que Despentes no proviene de la clase acomodada, no hay que omitir que escribe desde un lugar muy diferente al sur global, donde hoy es leída. Tal vez este punto no es tan importante para quienes pueden acceder a los espacios de autoformación mencionados en el segundo párrafo, pero el desierto teórico en estos mismos temas, en nuestro contexto latinoamericano, preocupa y eleva la pregunta sobre si es posible que siquiera exista una King Kong Girl en un país donde los crímenes lesbofóbicos permanecen impunes y el triste conteo de femicidios no parece descender.

Teoría King Kong
Virginie Despentes
Literatura Random House
175 páginas
Precio de referencia: $10.000