Los que conocemos a Malú como poeta y guionista, los que hemos trabajado con ella, sabemos de su talento y generosidad. Un referente para muchos de los que escribimos. Su humor, sensibilidad e inteligencia, no es ajena para la generaciones de poetas que la han leído. Quisimos conversar acerca de su último libro Cadáver Exquisito.

Acabas de publicar Cadáver Exquisito, tu último libro de poesía. ¿Cuáles fueron tus principales inspiraciones y dificultades a la hora de escribirlo?
La poesía es una de mis alucinaciones más queridas. Nunca termina de deslumbrarme esa fuente inacabable de preguntas e imágenes posibles e imposibles, que están ahí y que no todos ven y que puede ser también -y por qué no- otro tipo de ceguera. Una forma de caminar y de leer un mundo que flota en el vacío y sin embargo o- tal vez por ello- la angustia humana de querer aferrarse a algo o alguien, me haya echo elegir obstinarme en la belleza de lo solitario y lo fugaz, eso que a pocos importa hasta el momento de morir, que es vivir. Las dificultades, y tú lo sabes porque eres poeta y guionista, son los obstáculos dramáticos para que no logremos escribir poesía. El tiempo, la vida, sobrevivir como la gran mayoría del mundo siempre se opone al deseo marcialiano.

¿Qué diferencia tiene Cadáver Exquisito con tus trabajos anteriores?
Este último es un libro –creo- que soltó su ancla en el juego surrealista, en el creacionismo huidobriano, en la pérdida de Bishop. El enfoque, la construcción, las técnicas con que se teje un poema es un asunto en el que he venido pensando por muchos años.

Eres una reconocida guionista de televisión. ¿En qué punto se juntan poesía y guión?
El mundo de la escritura es tan de sastre de barrio, de maestro de la construcción. Casi nadie lee ni entiende la importancia de la lectura. Lo que menos le importa a la gente es quien escribió una historia, quién pegó ladrillo por ladrillo. Lo importante para mi, ha sido lograr vivir de escribir, sin que nadie me mantenga salvo mi pluma y eso aunque difícil no es nada nuevo. Lo aprendí de Cristine de Pizan y de muchas otras escritoras que me han antecedido. El guión porta como la poesía, esa incerteza de nunca saber si pese a las técnicas o reglas de la vieja estructura griega de la dramaturgia vas a lograr construir un mundo. Y, al mismo tiempo, el guión me ha abierto las puertas del mundo -a través de mi trabajo he estado en cárceles, hipódromos, clubes de boxeo, clubes nocturnos, fiscalías, morgues, campos, bibliotecas-. He conocido a tantas personas con tantos trabajos e historias de vidas diferentes. El guión es un género apasionante con muchos subgéneros: el drama, la comedia, el docudrama, la serie histórica, el sitcom, la teleserie… en fin, es como ser pianista de restaurante cuico, hay que saber tocar de todo.

Tú fuiste amiga de Pedro Lemebel ¿qué recuerdos personales tienes de él? ¿Cómo sientes el vacío de su figura?
A Pedro lo conocí en mi juventud, en los ’80. Tengo años de recuerdos con él y en casi todos me hace reír todavía. Siempre me cautivó su populárica (citando a la poeta y documentalista Verónica Quense) y fina ironía. Los recuerdos personales, son míos. Uno público y que varios vimos: en una protesta en los años del asco -como decía la poeta Stella Díaz Varín al referirse a los atroces, asesinos y medievales años de la dictadura-. Hubo una velatón (como tantas) en la Plaza de Armas, frente a la Vicaría de la Solidaridad. Cuando llegaron a reprimir y el guanaco apagó las velas con la furia del odio a la rebelión, Pedro se puso a cantar “cumpleaños feliz” y las lumas policiales cayeron como lluvia de granizos sobre él. Y mientras lo apaleaban y los amigos intentábamos arrebatárselo a las fuerzas policiales, el decía: ¿cómo tanta mala onda? era una ironía. Yo creo que Pedro más que vacío, iluminó varios puntos ciegos de la transición.

¿Cuál es la mirada del campo cultural chileno que tienes en relación con la mujer escritora? ¿Y cuáles son las escritoras chilenas que admiras y por qué?
Creo que este país nunca ha mirado del todo a sus escritoras, pese a que la primera escritora Iberoamericana premiada con el Nobel fue Mistral. Nunca a la Mistral se le ha hecho un homenaje público como a Parra, eso lo dice todo. No porque desmerezca a Parra, sino que como él mismo decía: hay que ponerse a la cola, pero ¿de quién? Si te saltas a la primera gran escritora de este país reconocida mundialmente. Esa es toda mi pregunta. Respecto a las plumas de escritoras chilenas que admiro: Mistral, Diamela Eltit, María Carolina Gell, Marta Brunet, María Luisa Bombal, Teresa Wills Montt, Eugenia Brito, Carla Grandi, Marina Arrate, Elvira Hernández, Soledad Fariña, Rosabetty Muñoz, Carmen Bereguer.

Cuéntanos de tus próximos viajes, proyectos escriturales. ¿En qué andará Malú Urriola este 2018?
Estoy escribiendo Vuela. En abril voy a la Universidad de Princeton a la clase de Javier Guerrero “The body in pieces and of love and other demons” a leer “Dame tu sucio amor” dentro del marco de su clase, luego a George Washington University al simposio dedicado a Gwen Kirkpatrick, “Legado de poesía chilena y latinoamericana” donde leeré junto a Anna Deeny, profesora, y traductora de Mistral, Zurita, Parra, Idea Vilariño, Marosa di Giorgio. El 18 de abril a las 19 horas, estaré en KJCC Poetry Series en New York, en la lectura Entre sillas y Estrellas junto a la poeta peruana Rossella di Paolo. Y luego regreso a mi sastrería de barrio, a mis trajes y mis ladrillos, a trabajar en la soledad de mi escritorio. Como siempre lo he hecho.