La salida de la periodista Rayén Araya (36) de Radio Bío Bío fue abrupta. Como todos los días, el 7 de diciembre pasado llegó hasta la estación para encargarse de su programa “Expreso Bío Bío”, que conducía junto al actor Álvaro Escobar, pero esa se convirtió en la última vez que salió al aire. Sin embargo, no fue hasta hace dos semanas atrás cuando se conocieron los detalles de su partida a través de la demanda que interpuso en contra de la emisora radial.

Abuso de poder, prácticas anti-sindicales, hostigamiento a mujeres embarazadas y malos tratos son algunas de las situaciones que relata haber visto y vivido durante los cinco años que trabajó en el lugar. Su caso llamó la atención y ha estado entre lo más comentado desde que salió a la luz. Al mismo tiempo, puso como blanco de críticas a Tomás Mosciatti, la cara más visible del medio, quien la despidió por “una decisión íntima y personal”, mientras ella aún se encontraba con fuero maternal y sin entregarle una carta formal o finiquito.

Sin trabajo estable desde entonces, la periodista señala que, a pesar de los costos que  conlleva el juicio, está segura de seguir adelante y no tiene pensado echar un pie atrás. “La idea es poder, a partir de esto, instalar la discusión sobre lo que significa la vulneración de derechos en el trabajo, que es un asunto súper amplio y lamentablemente si no hay una situación puntual que llame la atención sobre eso o sea un tanto escandalosa, no es tema”, cuenta en conversación con El Desconcierto, acerca de la recepción que ha tenido su caso.

La historia de la salida

A tres meses de su último programa al aire, Rayén Araya se ve dolida al hablar de su caso. Los meses previos a su partida despido, cuenta, fueron tensos y estuvieron marcados por hostigamientos e intentos de despido que empezaron cuando volvió de su post natal. Además, descubrió que existía diferencias de sueldo con su compañero de puesto, a pesar de que ella incluso llevaba más tiempo y tenía más funciones en la radio. Por eso, su demanda apunta a un “despido injustificado, daño moral y discriminación“.

Fue tan así que comenzó a sufrir síntomas como trastornos del sueño y bloqueos al aire. Pero el hecho que gatilló su salida fue el reclamo que hizo por el trato privilegiado que Escobar recibía. “Me di cuenta que cada vez que yo me ausentaba, había una mujer que me reemplazaba, distintas conductoras, pero siempre había un reemplazo, entonces mi compañero se quedaba haciendo el programa, que dura casi cuatro horas, con alguien. Pero al revés, si era él quien se ausentaba, yo tenía que hacer el programa sola”, relata.

Y en diciembre, al momento de planificar las vacaciones y dado que cada uno se ausentaría un mes, pidió una solución. “Me dijeron: ‘es que la radio no tiene hombres contratados a los que podamos pedirles hacer reemplazos’. Y entonces planteo que así como ponen conductoras cuando yo me ausento, pongamos dos mujeres cuando él no esté y listo. ‘No, es que la radio tiene la idea de que lo importante para nuestro horario es que siempre haya un hombre y una mujer‘”, agrega la periodista.

Araya insistió e insistió con su reclamo ante el propio Tomás Mosciatti, hombre ancla y dueño de Bío Bío, quien le respondió: “Bueno, yo te quiero pedir que te vayas de la radio”.

Previo a eso, en marzo de 2017, ya habían intentado despedirla. Entonces, Rayen Araya se encontraba protegida por el fuero maternal y el asunto sólo no ocurrió porque Álvaro Escobar amenazó con renunciar él también. “Se quebró todo. Yo dije ‘aquí no hay valoración por nada del resto de lo que yo he hecho’, fue un balde de agua fría, me pegaron y me tiraron al suelo”, relata. En diciembre hubo un nuevo intento de despido, y Mosciatti incluso comenzó a llamarla una vez por semana a su oficina para preguntarle cuándo se iba a ir.

– En la demanda mencionas que viste casos similares antes, y me contabas que te hizo sentir culpable no haber hecho nada.

– Sí, hay una parte de búsqueda de enmendar el error y asumir los costos que esto significa. Cuando uno ve cosas que le están pasando a otros es difícil a veces actuar. Cuando no tenemos la consciencia de que, por ejemplo, que te pregunten si quieres tener más hijos o que te cambien de puesto de trabajo mientras estás con fuero es un abuso laboral, es tan natural que eso pase y es muy difícil para una misma como mujer darse cuenta que lo que le está pasando a tu compañera también es un abuso. Y me he dado cuenta que somos súper poco cariñosas entre nosotras, de cuidarnos muy poco y de criticarnos mucho. Cuando pasaron cosas así en la radio, yo no atiné y después sencillamente dije “bueno, es su tema, seguramente en la radio lo van a arreglar” y listo, no me metí, teniendo una posición en la que sí podía ejercer cierta influencia. En los casos que me tocó ver, el ser conductora y tener una relación más cercana con la jefatura me ponía en una posición mejor para levantar la voz y no hice nada, tampoco usé ese espacio tal vez “privilegiado” para haber defendido a otra que estaba en una posición más débil. Y caer en eso no solo te hace sentir pésimo, a mí me pasó mucho la cuenta, sino que entendí que mientras nosotras sigamos guardando silencio en los espacios de trabajo, esto se va  seguir reproduciendo constantemente.

– En un escueto comunicado, Tomás Mosciatti escribió que va a probar que tus denuncias no son ciertas, ¿cómo crees que podría hacerlo? 

– Creo que fue poco afortunado. Yo estoy súper segura de lo que estoy haciendo, tengo suficientes pruebas, suficiente gente que vio, de todo. Yo me imagino que eso responde a una defensa tipo, pero ellos no tienen que defenderse de lo que yo estoy acusando sobre mi caso, tienen que defenderse de lo que yo estoy diciendo que vienen haciendo hace más de 20 años. Esto no es conmigo, es con todos los trabajadores de Bío Bío. Y ojalá que quienes están adentro y han sido testigos de otras cosas se atrevan a levantar la voz, no es fácil hacerlo y probablemente ellos estén pasando una situación complicada. No debe ser fácil trabajar en Bío Bío hoy día, pero espero que también esa reflexión llegue a otros espacios. Ojalá que para muchos esto sea una especie de campanazo, y decir “tenemos que revisar nuestras prácticas”. No esperen que llegue una demanda y revisen sus prácticas, esto existe en otras partes del mundo, no es marciano.

– ¿Cómo evalúas tu experiencia en la radio? 

– Tengo sentimientos encontrados. En Bío Bío logré desarrollar muchas cosas que quería hacer. Yo quería trabajar con los Mosciatti por lo que representaban en el periodismo, como tipos sumamente comprometidos con la información, a los que no le entraban balas en cuanto a las presiones del mercado para no publicar una cosa u otra. Entonces para mí eran admirables, y también lo que habían conseguido con una radio que partió en una región, la historia era perfecta. Yo los admiraba muchísimo y cuando me ofrecieron hacer “Radiograma” con Nibaldo, yo llegué feliz, fue como sueño cumplido. Sobre todo en mi caso que había tenido diferencias editoriales con el medio anterior, Mega, donde estaba aburrida de la ruta del completo y reportajes de contenidos super triviales. Estaba feliz, pero no me imaginé que el costo de la felicidad era estar expuesta a tratos vulneratorios de los derechos laborales. Y fue una de las razones por las que más me costó decidir denunciar, porque decía “tengo que denunciar esto pero me muero de pena porque este lugar tiene todas estas virtudes y no hay tantos medios así”. Es súper difícil porque soy periodista y estoy peleando contra un medio de comunicación, pero creo que es lo que hay que hacer.

Crítica a los medios de comunicación

Araya explica que tomó la decisión de hacer la demanda porque “es parte del rol público del periodismo” y que espera que su caso pueda impulsar una reflexión sobre el trabajo periodístico. “Los medios de comunicación son tremendamente sexistas en general, a las mujeres nos toca súper difícil”, dice.

Para ella, una de las situaciones críticas es la falta de mujeres en cargos directivos, lo que repercute tanto la forma en que se abordan los temas –y que tiene como consecuencia portadas y titulares polémicos, que constantemente son criticados– como para encontrar empatía al tratar de plantear algunos temas.

Como anécdota, cuenta que “cuando tenía ocho meses de embarazo, había que cubrir una actividad en el Congreso y uno de los editores me pide que yo vaya a reportear en la puerta.  Y bueno, la escalera del edificio es gigante, yo estaba con mi guata grande, de pie durante toda la mañana y sin acceso al baño”. “Le tuve que explicar que mi condición física me lo impedía, y al menos él entendió, pero me llama la atención que no se piense en esas cosas, por eso necesitamos más empatía”, dice.

“Lo otro que puede generar cambios y que no ha estado mucho dentro de la discusión son las acciones mismas de los trabajadores, de los compañeros, como ha ocurrido en escándalos como el de Hollywood, que es gente que toma la acción en sus manos y dice ‘mientras las jefaturas hacen algo, yo me bajo el sueldo para igualar el de mis compañeras'”, finaliza.