Cuando uno ve esta foto de Piñera con el presidente brasileño Michel Temer, cuesta creer que eso fue en el país que pasó los últimos dos meses discutiendo la invitación o no a Nicolás Maduro, porque sí es dictador, porque no es dictador. 

Venezuela tiene muchos problemas internos, que los mismos venezolanos necesitan debatir y tratar de resolver, pero para el resto del mundo, y sobretodo en los demás países de la región, el país llanero se ha establecido como una especie de comodín para impulsar el discurso que interesa a los grandes poderes económicos. Y tan fuerte es ese método que sirve para que se ignore lo que pasa en otros países, incluso cuando son mucho peores.

Sino, hacemos acá una invitación, para que el pulento lector compare la cobertura que se hace en los principales medios chilenos sobre lo que pasa en Venezuela y en el Brasil gobernado por Michel Temer. Claro que hay mucha cosa que por acá ni se sabe – sobretodo cuando no es favorable para los grandes poderes económicos. Podríamos quedar solamente con el hecho más importante: Temer llegó al poder en 2016 a través de un golpe de Estado institucional, pero en Chile se lo trata como un presidente legítimo, ni siquiera se lo cuestiona, salvo en uno u otro medio más independiente. 

Pero entre los que lo reconocen como un golpista, muchos se resisten en llamarlo “dictador”. Y en eso creo que están en lo correcto. Todavía es temprano para decir que Brasil vive una dictadura como las que sufrió América Latina entre los años 60 y 80. Aún cuando cada vez se acerca más a ellos, con medidas como la reciente intervención militar decretada en el Estado de Río de Janeiro, que empezó con militares obligando a moradores de las favelas a ser registrados en un archivo de inteligencia, y a la posibilidad de que el mismo despliegue se repita en otras regiones del país. Esto da cuenta de un gobierno que coquetea con la idea de profundizar el quiebre institucional que lo ha originado. Nada de eso importa en Chile. Bienvenido sea Temer.

Horas antes de venir a Chile, Michel Temer fue flagrado por fotógrafos visitando la casa de la ministra Cármen Lúcia Antunes, quien no es otra sino la presidenta del STF (Supremo Tribunal Federal, la instancia máxima del Poder Judicial brasileño). No sería una visita tan fuera de lo normal sino por el hecho de que Temer está siendo investigado hace meses, justamente por la corte presidida por Antunes. En esta misma semana, días antes, un otro ministro incluso decretó la quiebra del sigilo bancario del mandatario, en una investigación (entre las muchas que enfrenta) sobre beneficios que habría dado a empresarios en las nuevas medidas de políticas portuarias. Esa decisión puede poner en riesgo su mandato, lo que echa aún más sospechas a una visita que reduce el gigantesco Brasil al tamaño de una república bananera, donde los poderosos ya perdieron la vergüenza de hacer sus arreglines incluso en la cara de la ciudadanía.

Pero si los militares en las calles y el desbarajuste institucional brasileño todavía no son razón suficiente para considerar el encuentro con Temer un bochorno diplomático, hablemos de temas sociales. Porque es cierto, en el país comodín de la derecha hay problemas que no se pueden omitir, personas que no tienen para cumplir con las necesidades básicas suyas y de sus familias. Pero en el Brasil del presidente que Piñera recibió con sonrisas y abrazos hay caída fuerte de los índices sociales, el desempleo todavía azota a 13 millones de personas, casi un Chile entero de gente sin trabajo.

Ah, pero los reportajes de prensa dicen otra cosa de Brasil, que la economía se está recuperando. ¿Para quiénes? En la prensa brasileña tratan de decir lo mismo, sobretodo en tema de empleo. Sin embargo, casi todas esas notas citan la informalidad como el ámbito donde se “generó empleos”, así como si eso pareciera una buena noticia – aunque sí es creíble, porque la reforma laboral de Temer incluso favorece esa informalidad. El país sufre necesidades tremendas. Muchos estados están al borde del quiebre financiero y Brasil es como una gigantesca Grecia que se va a formando a los pocos región por región. Río de Janeiro es uno de los casos más dramáticos, con funcionarios públicos pasando largos meses seguidos sin sueldos. La renta media de los hogares brasileños cae a niveles preocupantes, a punto de que los organismos internacionales estudien el reingreso del país en el mapa mundial del hambre, del cual había sido retirado durante el gobierno de Lula da Silva. Pero bueno, al final Temer representa en Brasil una agenda económica en común con el nuevo gobierno chileno, así que a apretarse el cinturón con los tiempos mejores.

Al final, son tantas las razones por las que Temer es impresentable que incluso otros mandatarios cuestionados quedan cortos. El hondureño Juan Orlando Hernández obtuvo su reeleción hace poco días y gracias a un fraude electoral grosero e infame, pero también pasó piola. Otros dos del mundo empresarial, muchísimo más cercanos a Piñera, también son tratados de forma indulgente: el peruano Pedro Pablo Kuczynski, sospechoso de recibir platas truchas de Odebrecht y cuestionado también por el indulto que le dio a Alberto Fujimori, y el argentino Mauricio Macri, involucrado con casos de corrupción que pasan por Bahamas y en un perdonazo de una deuda billonaria de su familia con el Estado. ¿Se acuerdan de la mega condonación a Johnson’s en el primer gobierno de Piñera? Ahora imaginen un tipo que hace lo mismo pero para borrar su propia deuda con el Estado que él mismo administra.

Ni todos esos pecados ajenos juntos logran igualar lo de Temer, el invitado constrangedor que todos saben que mancha la foto, pero que es estratégicamente necesario tenerlo, y por eso mejor nadie habla de él. Mejor seguir priorizando a Venezuela.