El asesinato de Marielle Franco nos dejó pasmadas, en shock, procesando nuestro miedo natural a la muerte violenta, cruel e indolente. Pero también nos trajo reflexiones, gritos de justicia desde el feminismo latinoamericano. Voces además de activistas lésbicas de América Latina que a través de diversas plataformas de redes sociales, exigían visibilizar su orientación sexual, su vida como lideresa y madre lésbica feminista.

Porque su orientación sexual (no su opción, no su condición como equivocadamente le llaman) fue su lucha política. Y de esto me agarro para escribir esta columna: eternos debates en las redes sociales -incluso con mujeres feministas- alegando que su orientación sexual “es parte de su vida privada”. Su vida privada fue política. Diez años con su pareja mujer con quien educaban a su hijo, el cual parió siendo una adolescente. Como concejal, la quinta política más votada en Río de Janeiro, acogió las peticiones de las cientos de colectivas lésbicas de la región para oficializar el día de la visibilidad lesbiana que se conmemora cada 29 de agosto en todo Brasil. Las brasileñas han sido las primeras en instaurar este día que ayude a la reflexión política de una visibilidad que molesta al patriarcado (en Chile, se conmemora cada 9 de julio hace tres años).

Entonces no me vengan con eso de “la vida privada”. Nunca el dicho “lo personal, es político” ha cobrado más importancia que cuando se asesina a una activista y líder que, entre otras muchas cosas, luchó por los derechos de sus hermanas y compañeras. Incluso en la muerte más cruel, no pueden aparecer nuestras mismas compañeras de lucha colgándose de los mismos argumentos que el machismo intenta mostrar como “sentido común”.

Como bien escribió una compañera argentina en Facebook: “¿Qué pasa que a tantas organizaciones sociales y políticas les sigue resultando tan difícil tomar como una de ellxs a una lesbiana, reclamar justicia por una lesbiana, sentir furia por su asesinato y orgullo por quien fue y lo que hizo? ¿Qué pasa que todas sus otras identificaciones y posiciones se pueden nombrar, pero no que era lesbiana? ¿Todo bien con tener alguna cosita de ‘diversidad’ pero no se puede asumir que una luchadora comprometida, que denunció sistemáticamente la brutalidad de la policía militarizada en las favelas, era, entre otras cosas, lesbiana?”.

Ciertamente, no la mataron específicamente por ser lesbiana, recalca, pero ser negra, feminista y lesbiana, ciertamente la puso en un lugar en que el poder se cagaba entero: demasiado peligrosa para el sistema. Eso representamos quienes diariamente estamos en esta lucha y donde los fundamentalismos están avanzando de una manera que nadie parece notar lo peligroso que son. Así que compañera, compañero, no justifiquemos lo de la “vida privada”, cuando luchar por la visibilidad y derechos de una comunidad violentada, es claro ejemplo de una lucha política.


Periodista y coordinadora de la Agrupación Lésbica Rompiendo el Silencio