En Chile, hasta diciembre de 2017 habían 50.108 personas privadas de libertad, sin embargo, la violencia que rodea al sistema penitenciario no las afecta solo a ellas sino que también alcanza a sus familias, quienes periódicamente asisten para visitarlos.

La mayor cantidad de visitas a los centros penales son de mujeres y niñas que van a ver a un familiar directo, y cada vez que asisten, deben someterse a procesos denigrantes que transgreden sus derechos como mujeres.

El video #PonteEnMarcha de la ONG En Marcha busca visibilizar y llamar a poner fin a dichas situaciones a través del relato de Maricel, una mujer cuyo hijo se encuentra cumpliendo una condena, y a quien visita todos los sábados junto a sus otras dos hijas pequeñas, de 10 y 3 años. Antes de entrar, cuenta que llega tiritona, y le dan dolores de estómago e indigestión porque “no sabes lo que te van a hacer”.

“Te hacen subirte subirte el sostén, bajarte el calzón, ponerte en cuclillas, abrirte la vagina, también te revisan el poto”, cuenta ella, y detalla que dichos procedimientos no se realizan en privado sino que “con otras diez personas al lado tuyo”.

“Psicológicamente uno tiene que ser carne de chancho y hacerse la valiente. Yo le digo a mi hijo ‘aquí estamos los dos presos, a ti a lo mejor te pega, te encierran, pero cada vez que uno viene de visita, empieza tu calvario'”, agrega.

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