Sebastián Piñera lo dejó muy claro en su primer discurso como Presidente de la República, el domingo 11 de marzo: “La construcción de esa patria justa, buena y libre que sea capaz de acoger como una buena madre a todos sus hijos, no es tarea y responsabilidad de un Presidente es tarea que debe comprometer y convocar a todos, (….) y sobre todo se logra dando la mano abierta y no empuñando el puño cerrado”.

La figura del “empuñando el puño cerrado” en contraste con la “mano abierta” es una clara referencia a un otro: el Frente Amplio. De este modo, el FA fue el único adversario político que con cierta claridad identificó Piñera en su discurso inaugural.

Y si cabía alguna duda, por estos días esas palabras están tomando forma política. Primero con La Haya, y ahora con la Comisión de Infancia. Con ambos temas se está tratando de convertir mediáticamente al FA en sujeto de interpelación. A través de los principales medios escritos, radiales y televisivos el Gobierno está desplegando una estrategia de ofensiva comunicacional contra el FA.

Empezó con el tema La Haya, cuando se puso en duda su “patriotismo” y su falta de adhesión a las “razones de Estado”, porque no fueron a La Moneda a ver los alegatos por la tele. No importa que el diputado Mirosevic haya integrado la comitiva que fue a Holanda, más importante fue usar la figura de Flor Motuda solidarizando con Bolivia. Ahora se sigue con el tema de la Infancia. Nuevamente se está cuestionando el amor por la patria del FA, sembrando dudas ante la posibilidad de que se resten de integrar una Comisión por la Infancia en la que, al igual que frente a la tele, ya están sentados juntos Derecha y los ex partidos de la Concertación.

Se inició la batalla político-comunicacional contra el FA, y es previsible que ésta dure los cuatro años. Una de las estrategias principales del campo oficialista será generar tensión en las filas del FA, mediante el uso de los medios de comunicación hegemónicos. A través de ellos se los estará interpelando con asiduidad, serán, sin duda, la fuerza política más interpelada por la derecha en este período. Para ello, el Gobierno tratará de no perder la iniciativa, de puntear la secuencia de hechos, de llevar la agenda. Usará los medios aliados (o sea, casi todos) para imponer la agenda temática, sobre todo los domingos, y, de este modo, tener al FA siempre respondiendo, defendiendo, negando y explicando, ojalá toda la semana.

En esta inicial etapa se ven dos flancos de ataque político-comunicacional contra el FA. En el flanco externo: Bolivia. Mientras se pueda, se interpelará al FA en relación con la “razón del Estado” y el “amor a Chile”, aprovechando la cercanía de muchos militantes frenteamplistas con el ideal latinoamericano de la hermandad de los pueblos, y la consiguiente solidaridad, o al menos comprensión, con la causa boliviana; a lo que se agrega la simpatía política natural que Evo Morales despierta en la izquierda. A este tema se sumará – cada vez que se pueda- el asunto Venezuela, para seguir interpelando, incomodando al FA y obligarlo a defenderse.

En el flanco interno será el llamado Acuerdo Nacional que Piñera presentó desde el primer día, cuyo punto número uno es el tema de la Infancia. Al igual que con La Haya, también dicho “Acuerdo Nacional” se tratará de convertir en una cuestión de Estado, es decir, un asunto donde sólo puede haber una forma de pensar. Un “consenso” que además será legitimado por los ex partidos concertacionistas, en un intento por mantener cierta continuidad en el bloque que viene administrando la sociedad política desde 1990.

Cada vez que las y los dirigentes del FA no se sumen, manifiesten dudas o critiquen aspectos de este “Acuerdo Nacional”, serán interpelados, sacados al pizarrón, y representados negativamente como “los diferentes” en relación con el amor a la patria y a los temas de Estado. En cuanto a las políticas de alianza estos “diferentes” serán mostrados, fundamentalmente, en conexión con el Partido Comunista. De hecho, muy probablemente habrá una cierta obsesión periodística respecto de cuán cerca o lejos están el PC y el FA.

El menú está servido. Veremos cómo el FA digiere y asimila los ataques político-comunicacionales que vienen de la derecha. Una sola cosa es segura: darle exclusivas o trato preferente a la misma prensa que participa de las estrategias oficialistas no servirá. Si no, es cosa de mirar cómo le fue con esa receta a la ex Concertación.


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