Cuando se escucha “Alto Hospicio” en algún lugar, las primeras palabras que se relacionan son pobreza, drogas, muertes, desierto y el recuerdo vago de las catorce mujeres asesinadas por un hombre. Hoy, tras la decisión del Tribunal Oral en lo Penal de Tarapacá, la poca preocupación del Estado por esta comuna se vuelve a notar.

Los cuatro ex carabineros que hicieron desaparecer a José Antonio Vergara Espinoza el 13 de septiembre de 2015 quedaron en libertad con arraigo nacional mientras esperan la lectura de la condena el próximo miércoles 11 de abril.

El tribunal no los consideró un peligro para la sociedad, fueron absueltos de los delitos de falsificación de instrumentos públicos y de secuestro calificado de personas. El próximo miércoles serán condenados por el cargo de detención ilegal de personas, lo que significa que el rango de presidio que les otorgarán podrá ir desde los 541 días a 61 como mínimo.

Una vez más la justicia y la institucionalidad pasan por alto los derechos y el bienestar de una familia de Alto Hospicio. Una vez más vemos como la ineficiencia del Estado se hace presente mediante el olvido y la poca sensatez al momento de condenar casos tan graves como este.

Las historias de violencia, la marginalidad, las drogas y todos los estereotipos que construyen estas ideas hoy pesaron sobre la forma en la que se hace justicia en Chile. Hoy la justicia (como tantas otras veces) traicionó el bienestar de una comuna entera.

En torno a José Vergara podemos realizar muchas preguntas ¿qué tan distintas serían las cosas si José no hubiese vivido en Alto Hospicio? ¿qué hubiera pasado si hubiese sido detenido y desaparecido en Las Condes? ¿cómo hubiese afectado en la resolución del caso que la familia fuera una familia influyente en Chile? ¿qué habría pasado si Alto Hospicio no fuese el lugar marginado que es?

Lo ocurrido nos deja en claro como a los poderes y a la institución no les importa el bienestar ni la justicia para una comunidad que habita la región de Tarapacá. No es primera vez que pasa.

La discriminación hacia sus habitantes siempre ha estado latente. A las mujeres asesinadas por Julio Pérez Silva hace 17 años atrás las condenaron socialmente por el lugar de dónde venían. Se dijo de todo, se les trató de marginales, drogadictas, narcotraficantes y prostitutas, de primera instancia nadie creyó que las habían asesinado, durante esa época se le quitó relevancia al caso porque eran pobres, porque venían de este mismo Alto Hospicio en el que a José Vergara lo hicieron desaparecer.

17 años después, sigue pesando cuánto vale tu vida por el lugar del que provienes. Vuelve a ocurrir que la justicia hace oídos sordos ante lo grave que implica una detención y desaparición de un ciudadano. Lo hizo con el caso de José Huenante y Hugo Arispe, ambos detenidos desaparecidos en democracia en manos de Carabineros de Chile.

La nula responsabilidad de parte de las autoridades, su poca sensatez al momento de clarificar la gravedad de lo sucedido y la poca cobertura que le han entregado al caso los medios tradicionales, nos dejan en claro que, a la sociedad, Alto Hospicio no le sirve y no le importa, tampoco la calidad de vida de sus habitantes y mucho menos su bienestar.


Editora general revista Bello Público Hospiciana.