La revelación del traspaso y mal uso de datos de millones de usuarios de Facebook por la empresa Cambridge Analytica –para influir en la campaña presidencial de Estados Unidos y orientar el voto de 50 millones de personas hacia Donald Trump– ha sido uno de los escándalos más importantes que se ha visto durante los años recientes y que envolvió a la red social más grande a nivel global.

El asunto volvió a poner sobre la mesa la conversación sobre qué es el Big Data y todo lo que puede hacerse con él. Y de hecho, una reciente investigación de Natasha Felizi y Joana Varón, del colectivo brasileño Coding Rights –que se dedica a investigar tecnologías relacionadas con la vigilancia–, reveló que la construcción de perfiles detallados y luego su traspaso para otros fines es algo que también hacen las apps sobre el control de la regla. 

El análisis se realizó a las apps Glow, Clue y Maya que, como muchas otras, ayudan a sus usuarias a calcular cuándo les llegará la regla, y almacenan datos tan específicos como la duración del ciclo, fertilidad, estados de ánimo, síntomas de SPM, frecuencia de relaciones sexuales, variaciones del flujo vaginal, peso corporal, y medidas del cuerpo (cintura, pecho, caderas).

¿Pero qué tiene de malo?

Lo más llamativo de todo es que nadie entrega sus datos a las apps contra su voluntad: al instalarlas, cada una otorga permisos sin dar mucha importancia a sus políticas de privacidad, porque qué tan terrible puede ser que sepan tu nombre, lugar de trabajo o estudio, las bandas que escuchas o que te haya llegado la regla la semana pasada.

Sin embargo, sí que importa, y todos esos datos son usados para su directo beneficio. De hecho, más que un instrumento de ayuda, el seguimiento de los ciclos es un negocio prometedor para startups y empresas que apuestan por la lógica Chupadatos. Para nadie es un secreto que detrás de estas apps se encuentran firmas con fines comerciales que reciben informes sobre gustos y patrones de comportamiento de sus usuarios, y que luego ceden a sus socios comerciales para diseñar una estrategia de marketing personalizada que se traduce en la creación de anuncios publicitarios diferenciados que, obviamente, son mucho más efectivos.

“Alimentadas con nuestros datos, estas herramientas funcionan como laboratorios para la observación de patrones fisiológicos y de comportamiento, que van desde la frecuencia de la menstruación y los síntomas asociados con ella, hasta los hábitos de compras y navegación por internet de todas sus usuarias. Con las menstruapps, monitorear tu ciclo significa informar regularmente a la aplicación si saliste, bebiste, fumaste, tomaste alguna medicina, si estabas muy excitada, tuviste sexo, en qué posición estabas cuando tuviste un orgasmo, cómo fue tu caca, si te sentiste triste, si dormiste bien, si tu piel está bien, cómo estás de ánimo, si tu flujo vaginal está más verdoso, tiene mal olor o un aspecto como de crema”, detallan las investigadoras.

Las autoras además citan un artículo sobre cómo funciona la economía de datos y algoritmos, el que comparó a Facebook con una gran fábrica en la que los algoritmos trabajan para procesar la materia prima (los datos que producimos al usar el servicio, dando likes, compartiendo fotos y visualizando contenidos) y producir perfiles que se utilizan, entre otras cosas, para el marketing dirigido.

“El modelo puede extenderse a básicamente todos los servicios online, de los emails a las menstruapps. Todas las informaciones que ponemos allí se convierten en algo de valor para estas empresas, lo que hace que estas actividades sean un trabajo vital para la existencia y la continuidad del modelo económico de estos servicios. Es decir, si nos fijamos en el tiempo que pasamos alimentando redes sociales y aplicaciones con las informaciones que necesitan para seguir funcionando como tiempo trabajado, tenemos más de 300.000.000 horas de trabajo no remunerado realizado diariamente por los mil millones de usuarios de Facebook”, detallan.

Por otra parte, la información entregada se devuelve en forma de mensajes, anuncios publicitarios y propagandas que refuerzan estándares de belleza, comportamiento y sexualidad heteronormativos. Así, mientras se ofrece una herramienta que dar libertad a la mujeres, finalmente se termina convirtiendo en un instrumento para generar inseguridades y necesidades para cumplir con unos estándares de perfección.