El 3 de Julio de 1938 un joven salesiano chileno está a punto de ser ordenado sacerdote. Se le pregunta por el lema que escogió para su episcopado, una frase que identifica la misión y los ideales de la persona que lo ostenta. “Caritas Cristi urget nos”, responde Raúl Silva Henríquez. El amor de Cristo nos apremia.

Trece días después del Golpe Militar, el Cardenal aparece en el Estadio Nacional, el centro de detención que albergó a los primeros presos políticos del régimen. Es la primera página de la novela gráfica de Kóte Carvajal y Luis Inzunza. En ella, la narración expone la audacia y aplomo que caracterizaron a Silva Henríquez, junto con su compromiso con los derechos humanos. En las siguientes, y con ilustraciones que acompañan el ir y venir de los recuerdos del protagonista —en tonos amarillentos las viñetas que corresponden a su pasado, en grises y azules el presente dictatorial—, los autores cuentan con agilidad los hitos más importantes de su vida, integrándolos con su biografía personal y con los difíciles momentos de la historia de Chile.

Dividido en cuatro capítulos, el libro cruza la formación del Comité Pro Paz, organización que brindó ayuda económica, jurídica y espiritual a los perseguidos políticos que estaban en el ojo de la DINA; su disolución por parte de Pinochet al considerar que existían claras pruebas que dicho comité apoyaba a “terroristas” y la estrategia de Silva Henríquez para no abandonar su deber con el pueblo al conformar la Vicaría de la Solidaridad; El momento más crítico de su sacerdocio entre 1978 y 1980, momento en que ocurre el crimen de los Hornos de Lonquén; Los últimos años, donde el sacerdote reconoce, en medio de las primeras protestas populares contra la dictadura y el asesinato de su amigo y ex presidente Eduardo Frei Montalva, que un solo hombre no puede contra la violencia del Estado.

En el prólogo, escrito como una carta dirigida a Silva Henríquez por la diputada Carmen Hertz —quien también es un personaje presente en la novela—, su autora indica que “su coraje era auténtico: nacía desde la Ética profunda, se hacía carne en la defensa de los derechos humanos y se prodigaba en la fraternidad”. La novela también profundiza en cómo estas virtudes se encarnaron en él, a través de su ordenamiento en la congregación salesiana y su aprendizaje católico mediante la práctica, guiado por su admiración a Don Bosco y perpetuando sus valores de padre, maestro y amigo de los jóvenes.

Las viñetas que cuentan el caso de Jaime Zamora, militante socialista que pidió refugio en las oficinas del comité Pro Paz, son las más potentes al evidenciar todas las dimensiones del horror de la dictadura: Zamora mostrando sus heridas, oficiales de la DINA rodeando el edificio, Silva Henríquez enfrentándose con ellos, reclamándoles que no pueden usar la fuerza en dependencias de la iglesia. Cuando éstos reciben la orden de retirarse, por parte del coronel Manuel Contreras, uno de los agentes le pregunta “Usted sí que tiene amigos importantes, ¿No?”. “Si tú consideras la justicia como nuestra amiga, entonces sí”, le responde el cardenal. En medio de la institucionalidad rota, la integridad de la iglesia fue elemental en la defensa de los oprimidos. Y esta última es deudora directa de las acciones del Cardenal.

El Cardenal
Kóte Carvajal, Lucho Inzunza
Liberalia Ediciones
Precio de referencia: $14.000