Recordemos sucesos recientes: Hace unos días se supo del nepotismo en el actual gobierno donde hay 23 familiares del presidente, se supo de la nueva reglamentaria de la objeción de conciencia respecto al aborto en sus 3 causales, y, por último, la notificación de lucro en las universidades de Laureate. Esto nos entrega un claro panorama; este gobierno nos invita a desconfiar del mismo, desde un principio.

Bajo esta realidad, pareciera ‘’normal’’ que se decida en favor de unos pocos, y no de la mayoría. Y claro, cuando una institución, como el Tribunal Constitucional, está cooptada por los intereses de los poderosos de siempre. Esto no es una generalización en cuanto a su labor, así está dispuesta esta “tercera cámara” en la Constitución, lo que permite deducir: el TC trabaja para quienes ejercen el poder. Lo que pasó en el Tribunal Constitucional es una puñalada en la espalda a la ciudadanía, y el puñal, la corrupción.

En primer lugar, la decisión es ilegítima. Desde hace años venimos luchando y generando consenso social, el cual ha validado nuestras demandas en gran parte de la ciudadanía. Claramente, no hay un consenso absoluto, “si todos pensamos lo mismo, nadie estaría pensando”. No obstante, esta diferencia de pensamiento, no permite la negación del mismo, ya que sería absurdo e ilegítimo, por tanto, el fallo niega nuestra demanda, niega el consenso social y niega a la sociedad.

En segundo lugar, esta decisión está claramente viciada. Diversos actores sociales se han manifestado contra la decisión del Tribunal, desde el Frente Amplio, hasta la Nueva Mayoría (o lo que queda de ella), pasando por los actores de la educación (CONFECh, CUECh, Rectores, Colegio de Profesores, entre otros), quienes han rechazado por completo esta decisión, no solo por lo que significa, sino también por su falta de contenido y fundamentación. Se señala que “el artículo 63 del proyecto de ley de Educación Superior, contiene una inconsistencia, ya que hace diferenciación “arbitraria” respecto a cuáles controladores persiguen fines de lucro y cuáles no”, esto claramente se desprende de una interpretación del artículo bajo una lógica mercantilista, ya que el artículo daña la libre asociación empresarial, pero este no es el caso, puesto que, estamos hablando de Universidades y no de empresas. Quienes han hecho presión o han distorsionado la democracia, no tienen justificación alguna para ello, de ahí su vicio.

La discusión sobre el Tribunal Constitucional, e incluso de la Constitución misma, no es excluyente a la demanda social por la educación. El hecho de que una Constitución ilegítima, herencia de la dictadura y validada por la Concertación; pueda considerar la educación como un derecho fundamental y que en la práctica sea un bien de mercado, es porque impera un mercado salvaje que no permite la realización plena de nuestros derechos.

Nos volvemos a enfrentar contra el mismo coloso de siempre: el Mercado. Claramente el lucro presenta un problema político, jurídico y hasta moral. Pero el problema medular de la educación no está ahí, está en el mercado desregulado que se ha consolidado desde la vuelta a la democracia. No es normal que en Chile el 84% de la matrícula sea de instituciones privadas frente a un 31% respecto del resto del mundo (promedio OCDE), no es normal que tengamos los aranceles más altos del planeta (OCDE 2014), no es normal que existan más de 800.000 familias endeudadas por ejercer un derecho (Fundación SOL), no es normal que 20 universidades hayan quebrado y cerrado en menos de 25 años (CNED), no es normal que el mercado determine nuestra educación, y mucho menos, nuestras vidas. No estamos en este mundo para aceptar las injusticias, mucho menos para validarlas.

Hoy hacemos un llamado a seguir en pie de lucha, una lucha que venga del corazón, que no parta de la rabia o el enojo, que parta del amor sincero, del amor que sentimos cuando hacemos lo correcto. Porque esto se gesta sobre la base de errores y aciertos, con banderas y coligues, con cánticos y lienzos. Hoy, más que nunca; ¡La Movilización no se detiene!


Estudiantes Universidad Adolfo Ibáñez