Un caso de abuso sexual por parte del sacerdote Leonel Ibacache fue revelado por un ex alumno del colegio jesuita San Luis de Antofagasta. Los hechos fueron dados a conocer por Helmut Kramer, quien ahora tiene 47 años.

Kramer se comunicó con el periodista Óscar Contardo para contarle su historia, y éste último publicó su relato en Facebook.

La historia se remonta al año 1983, momento en que Kramer asistía al colegio San Luis. En ese momento, el sacerdote Leonel Ibacache se percató de que éste no estaba bautizado. Debido a esto, el cura le propuso prepararlo para la ceremonia. Kramer le contó a su madre y ésta aceptó.

En una sala junto a la capilla comenzó la preparación. En el primer día de catecismo, mientras Ibacache estaba enseñando, éste realizó una pausa en medio de una explicación. “Se puso detrás de mi y me empezó a tocar. Lo que si estoy seguro es que no hubo penetración, pero sí sentir sus manos en mi miembro, en mis testículos, también atrás”, afirmó Kramer, quien señaló que en ese momento no tenía ninguna experiencia sexual.

“No recuerdo que hayamos terminado una clase. Solamente el paraba y me pedía que me parara. Me empezaba a tocar con la ropa puesta y en cierto momento me bajaba los pantalones”, señaló.

Los abusos duraron tres sesiones pero repercutieron para siempre en su vida y le provocaron una sensación de culpa. Durante ese año perdió contacto con el cura hasta que éste lo bautizó y después de la ceremonia no volvieron a hablar.

Años después, cuando el joven estaba en cuarto medio, tomó conocimiento de otro episodio de abuso: “En los últimos días de clases estábamos con un grupo de compañeros y uno de ellos comenta que se tenía que ir a confesar con el cura Ibacache. Encima en ese tiempo era normal ir a la pieza del cura a conversar. Este compañero va a su pieza y vuelve al rato corriendo y nos dice que mientras se estaba confesando el cura le agarró el pene y él lo empujó y salió corriendo y yo ahí reaccioné, porque durante todos esos años yo pensaba que era el único que había vivido eso”, contó.

Ante esto, Kramer no le contó lo que había vivido a sus compañeros porque no había tenido la misma reacción que su amigo y eso le provocaba vergüenza. Un par de años después le contó la situación a su hermana.

Los abusos lo afectaron mucho en su vida sexual, es por esto que también decidió contarle su historia a su ex esposa. “Ella me apoyó, hasta el día de hoy. Después fui comprendiendo por qué mi relación con mis compañeros fue más retraída. Trataba de entrar a las duchas del gimnasio antes que el resto, ducharme rápido y vestirme y salir. Con el tiempo lo fui tapando esto, pero cada cierto tiempo aparecía. Una de las últimas crisis fue en Santiago, que despertaba en la noche con un sueño repetitivo”, relató.

En el año 2007, aún repercutían los abusos del cura en él, tanto así que despertaba sudado y, a veces, lloraba porque soñaba con que el sacerdote lo tocaba.

“Una de las cosas que me ayudó fue empezar a hablarlo más. Cuando llegamos a Santiago en una celebración familiar se lo conté a mi madre. Mi mamá mantenía una postura de defensa de los curas y en esa ocasión le dije: Mamá ¿sabes qué? Yo conozco un alumno que fue abusado por un cura. Mi mamá me respondió que no podía ser y mis tíos, que estaban ahí, se dieron cuenta de lo que estaba pasando por la cara que yo tenía. Se dieron cuenta de lo que estaba tratando de decir. Mis tíos le dijeron a ella que se callara, que me escuchara, entonces mi mamá dijo “fuiste tú” enseguida dijo ¿fue el cura que te bautizó? Sí, le respondí”, agregó.

Con los años, se fue enterando de que habían más casos de abuso por parte del mismo cura, quien fue removido de su cargo de manera rápida.

Kramer denunció estos hechos en el año 2012 al entonces superior de los jesuitas en Chile, el sacerdote Eugenio Valenzuela, quien le dijo que no existían antecedentes claros de cómo se dio la salida de Ibacache. Después de esto, se enteró que también pesaban denuncias por abuso sobre Valenzuela.

Delitos prescriptibles

La denuncia de Helmut Kramer remonta a 35 años atrás, lo que inmediatamente garantiza la impunidad de Leonel Ibacache incluso si se acreditara el delito ante la justicia, pues en Chile el abuso sexual prescribe después de 10 años.

Además de ejercer en el colegio San Luis de Antofagasta, Ibacache también tuvo un rol importante en el exclusivo colegio de los jesuitas en Santiago, el San Ignacio El Bosque, un par de décadas antes de la denuncia de Kramer. Según la propia historia del establecimiento, el sacerdote fue un “baluarte y hombre clave” en el “sello” del colegio.

Ahí fundó el grupo “Cruz de la Montaña” y fue “formador de generaciones de ignacianos”.

Leonel Ibacache, rodeado de jóvenes estudiantes en la década del 60