Desde septiembre que María Moriatis quedó inmovilizada. Una cirugía a la columna a la que se sometió en el Hospital San José la obligó a estar postrada desde hace varios meses.

Como no tiene los $20 mil diarios para pagarle a una persona que lo cuide, la señora debería estar condenada a la soledad. Eso si no existieran personas como Margarita Martínez, una vecina del sector de Cpnchalí donde vive y que se dedica a cuidarla, alimentarla y visitarla a diario.

“Un ángel caído del cielo”, dice María sobre Margarita, quien desinteresadamente se dedica a proveerla de pañales, comida o lo que necesite, sin esperar nada a cambio. Pese a que tiene cuatro nietas y debe maximizar su tiempo para poder visitarla.

Por falta de recursos, Moriatis no ha podido seguir el tratamiento de quimioterapia. Ni siquiera ha podido ver al kinesiólogo en el consultorio por falta de cupos, menos hay ambulancia disponible por la alta demanda.

“Yo voy a ser feliz cuando la vea en una casa y que se recupere y me diga: ‘ya, Margarita, estoy pará”, dice la vecina en la nota de 24 Horas.