A un mes que Sebastián Piñera asumiera la presidencia hemos podido ser testigos la forma de entender el ejercicio de poder y de gobierno de la derecha. Así, hemos visto cómo los escasos avances que se lograron en el gobierno anterior, como respuesta a los procesos de movilización y lucha social, han retrocedido por el uso artificiosos de las instituciones, con el fin de hacer prevalecer un estatus quo en la sociedad chilena, particularmente en los sectores sociales más desprovistos.

No es azaroso que en menos de un mes desde el oficialismo se hayan tomado medidas como la modificación al Protocolo de la Ley de Aborto Terapéutico por gestión del Ministerio de Salud; el rechazo al artículo que pena el lucro en instituciones de educación superior por medio del Tribunal Constitucional; la creación mediante decreto de una policía secreta; la represión que viven mujeres mapuches por la venta de productos en la calle o la que vivieron los estudiantes el pasado martes tras el fallo del TC y, por último, la querella anunciada por legisladores oficialistas en contra de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile por publicar en su agenda un instructivo con información fidedigna sobre cómo realizar un aborto con misotrol en casa, instalando el debate respecto al derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos, sexualidad y reproducción.

Esto es solo una muestra de cómo la derecha buscará, poco a poco, desarticular a quienes luchan por derechos sociales por medio de la supresión de las conquistas alcanzadas. Su accionar busca reproducir las condiciones materiales y subjetivas que permiten sostener su poder y, de este modo, ostentar privilegios a costa de la dominación de las clases oprimidas.

En otras palabras, hemos visto cómo la derecha instrumentaliza las instituciones públicas para poder ejercer su hegemonía. Su interés no es precisamente llevar un discurso con principios políticos claros sobre la democracia, la igualdad o el progreso. Por el contrario, su actuar es vacío desde ese punto de vista, mas no carente de discurso.

Con sus actos, la derecha pretende hablarle a a la sociedad, a las mujeres, a los estudiantes y sus familias. El mensaje se hace claro y busca demostrar que tienen poder sobre población; son capaces de posicionar su hegemonía. La derecha, en dos semanas, ha demostrado que puede usar los medios de comunicación, el poder ejecutivo y judicial para gritarle a Chile “tenemos poder sobre sus vidas”. En ese sentido, tanto la polémica que han buscado instalar por por la Agenda Fech como la modificación en el Protocolo de la Ley de Aborto en 3 Causales, son expresiones respecto a la intención de querer gobernar sobre los cuerpos de las mujeres.

Es evidente que, al momento de proceder, se utilizan elementos discursivos con valores propios de a quienes buscan representar (ya que, de otro modo, no sería fructífero su gobierno por la falta de aprobación y respaldo social). Sin embargo, el foco no es ese: a la derecha no le interesa posicionar uno u otro valor o principio en nuestro país, sino demostrar y ejercer su poder sobre la población.

Esta estrategia política les permite posicionar su poder no solo verticalmente sobre un grupo, sino que también les da tribuna para comunicar al resto de la sociedad que son capaces de utilizar los distintos medios que tengan al alcance para lograr sus objetivos corporativos donde, además de demostrar que velan por los intereses particulares de la clase y las familias más acomodadas de Chile, también expresan su deseo de ejercer un poder en sí mismo en un acto autocomplaciente que les permite poder reproducir su control sobre los sentidos comunes y las vidas de las poblaciones menos privilegiadas.

Su accionar, además, expresa el deseo de intentar disgregar cualquier articulación de discurso y acciones que no estén dentro del espectro hegemónico que esperan reproducir. Existe, por lo tanto, no una voluntad de reproducir valores sociales, sino un deseo de reproducir sus privilegios, demostrar poder y de ejercerlo para desintegrar cualquier tipo de disidencia al modelo de sociedad que buscan imponer.

El mensaje de la derecha es una declaración agresiva y, a la vez, una provocación (así como lo hizo explícito José Antonio Kast), que busca desarticular desde el descrédito, la criminalización y la represión las luchas legítimas que se organizan en torno al alcance de las demandas históricas por derechos sociales que garanticen una sociedad más justa y democrática. El mensaje es aún más claro hacia las mujeres. Con las críticas que han buscado instalar ante el polémico instructivo entregado por la FECh y la querella posterior, la derecha le dice que ellas no son ni serán dueñas ni de sus vidas ni de sus cuerpos. Incluso, expresa que todo movimiento, colectivo o individual, que se oriente a alcanzar dicha autonomía será acusado, criminalizado y reprimido.

La derecha, al querellarse por esta agenda incurre en una violencia sistémica y, por tanto, naturalizada. Para desmoralizar a quienes se oponen a la idea de hegemonía que pretende perpetuar no basta con resarcir y limitar los derechos reproductivos de las mujeres; al ingresar este instructivo al sistema judicial la única pretensión del oficialismo es, tal cual el bando victorioso después de una guerra en el territorio de los derrotados, exacerbar la idea de que las mujeres no tienen derecho, mucho menos libertad sobre su corporeidad.

Frente a este escenario necesitamos generar organización política creativa, profunda y a la altura de la sustantiva responsabilidad de no solo luchar en contra de un modelo de sociedad que regula nuestras relaciones en torno a valores funcionales al mercado como lo son la competencia y el individualismo, sino por el contrario, tener la capacidad de proponer un modelo de sociedad que se base en torno a la cooperación, la solidaridad y la autonomía.

Debemos abordar la lucha hegemónica en la disputa de los sentidos comunes, en la creación o fortalecimiento de plataformas de articulación social que se gestionen por medio de redes en torno a la autonomía y libertad de los territorios; en la disputa institucional para ponerla al servicio de la población, y promover la gestión colectiva y participativa de los bienes comunes.

Es importante que podamos basarnos en la organización y el aglutinamiento de fuerzas políticas y sociales que permitan crear las condiciones para que las mujeres puedan decidir libremente sobre sus cuerpos, que las familias no tengan que endeudarse y esclavizarse para acceder a bienes sociales como la educación y salud.  Quienes que nos sentimos convocados en este espíritu tenemos que ser capaces de develar las tácticas de la derecha, pero también de mantenernos unidos y organizados, respetando las legítimas diferencias, para encaminarnos hacia un horizonte que trascienda toda perspectiva particular y alcance por fin la conquista de la sociedad que no solo necesita, sino que merece.


Encargado político del comunal San Miguel del Movimiento Autonomista