En el último tiempo, distintos países del mundo han dado señales importantes sobre sus políticas de actividad económica. En términos simples, por un lado están quienes buscan favorecer la economía nacional frente a la industria extranjera a través de una mayor intervención del estado (proteccionistas) y por otro están quienes creen que la actividad económica debe desenvolverse sin la intervención de éste (más que para abrir o facilitar escenarios), favoreciendo así la inversión extranjera (libremercadistas).

Un hito importante reciente fue la firma del tratado transpacífico (TPP por su sigla) en el cual Chile figura como el gran líder gestor junto a otros 10 países (a pesar de que ya contaba con tratados de libre comercio con todos ellos). La ex presidenta Michelle Bachelet celebró la firma del tratado diciendo que era una medida que contrarrestaría la ola proteccionista que lidera Estados Unidos. Otro suceso importante se ha ido dando entre EE.UU., la Unión Europea (UE) y China sobre la política de relación exterior del primero, los nuevos aranceles que ha definido y las respuestas de la UE y China en la misma línea, consecuencia de estos actos.

En este escenario resulta paradójico que EE.UU., un país por excelencia de visión libre mercado, esté aplicando medidas proteccionistas y sea China, país con tradición proteccionista, quien esté buscando caminos para mantener políticas de libre mercado. ¿Existe una postura correcta sobre esto?, y ¿dónde está Chile en esta discusión?

Chile actualmente cuenta con Tratados de Libre Comercio (TLC) con 64 naciones y es uno de los países con más de estos acuerdos en el mundo. Ante la posible “guerra económica” y políticas proteccionistas, el Ministro de Hacienda Felipe Larraín se muestra preocupado  y comenta que “sin duda el proteccionismo no es una buena noticia”.

Si bien hay beneficios en una política abierta de comercio exterior, como también perjuicios, la discusión se hace en un nivel macro económico y poco se habla de los efectos para la economía local. ¿Cómo afecta esto a los productores locales con menor grado de especialización? ¿O a los productores con alto grado de especialización pero con menor acceso a  economías de escala y por lo tanto menos competitivos? ¿Cómo afectaría esto a la cultura propia de cada territorio ligado a los factores productivos?

Como probablemente muchas cosas en la vida, los polos casi nunca son buenos, por lo que una política completamente abierta de comercio exterior no es del todo beneficiosa. Un claro ejemplo de esto es el conocido “milagro coreano”, donde Corea pasó de ser un país más pobre que muchas naciones latinoamericanas y hoy es una de las mayores potencias económicas del mundo.

La receta para lograr el éxito de Corea del Sur, que no está exenta de críticas y prácticas cuestionables, desafía a los economistas del mundo y se barajan distintos factores para entender su éxito. Uno de los más importantes tiene justamente que ver con el tema que abordamos. Corea establece una estrategia de desarrollo económico donde el Estado primero protege a ciertos sectores de la economía, pero a la vez le exige rendimiento y responsabilidad social, para luego abrirse al mundo y poder competir con productos de alto valor agregado.

Es por eso que el economista surcoreano Ha-Joon Chang cuestiona la decisión de Chile de firmar el TPP con una matriz de productos basada prácticamente en materias primas, no por su rango de valor agregado, si no que por el efecto en la promoción de actividades productivas. ¿Cuántos profesionales capacitados se necesitan para por ejemplo exportar manzanas versus exportar autos eléctricos?

En su libro “Malos Samaritanos”, Chang explica cómo las mayores economías del mundo (Reino Unido, Finlandia, Italia y otros) utilizaron medidas proteccionistas para resguardar industrias que querían desarrollar para luego abrirlas al mundo. Es así como con acuerdos como el TPP, según Chang, “Los países ricos están pateando muy lejos la escalera que los llevó al desarrollo” manteniéndose en la cúspide de la elaboración de productos mucho más complejos, dejando la producción de materia prima a los países en vías de desarrollo, que de paso profundizan sus conflictos ambientales en esta sobre explotación.

Quizás parezca algo lejano, pero existen casos emblemáticos como el del cierre de la fábrica de zapatos Caprice por la incapacidad de poder competir con el mercado de zapatos asiático y el creciente mega retail que terminó por erradicar la cultura de talleres de calzado de Concepción.

Está demás decir que ninguna postura es absolutamente perfecta o absolutamente incorrecta, sin embargo en el transcurso de las últimas décadas, Chile ha dado muestras de que se inclina hacia el lado liberal llegando a estar incluso en el lugar 20 de las “economías libres” del mundo según la Heritage Foundation, con la salvedad (junto a un par más) de que basa su economía en la extracción de materias primas y no en productos con mayor elaboración.

Ante este escenario, creo que Chile se plantea ante dos problemáticas. La primera es la incapacidad de dejar de ser un exportador de materias primas y por otro lado, la pérdida de competitividad de productores rurales y el peligro que corre su patrimonio cultural inmaterial (estilos de vida, cultura, tradiciones, etc.).

Para la primera problemática, una posible solución es incentivar la innovación y desarrollo a los privados fortaleciendo instrumentos como la ley de incentivo tributario a la I+D para que Chile alcance niveles de inversión en innovación mayores comparables con economías más desarrolladas.

En cuanto a la segunda problemática, si no logramos que los avances tecnológicos lleguen a los procesos productivos alejados de Santiago, estaremos empujando a la extinción a un sin número de productores, agricultores, comerciantes, etc. que son los guardianes de muchas tradiciones de nuestro país. Es por esto que el fortalecimiento de los gobiernos regionales es fundamental para detectar y solucionar problemáticas en su contexto, fortaleciendo y descentralizando instituciones como INDAP, SUBDERE, SERCOTEC, fundaciones, direcciones municipales de desarrollo económico local y otras con un enfoque aún más local.


Ingeniero civil industrial UTFSM