Hoy día las marchas se justifican más que nunca. Y el ministro de Educación es el responsable. Sus provocaciones son intolerables. La defensa del lucro, el rechazo a aumentar penas a los que evaden la ley y su soberbia sexista son un desafío al movimiento estudiantil.

Gerardo Varela ha querido mostrarse ante la opinión pública como todo un hombre, utilizando a sus hijos para proyectar sus propias frustraciones: “son unos campeones ya que necesitan más de tres condones”. Confiesa que el mismo se los compra; sin embargo, no se compromete a colocar dispensadores en los colegios. Se muestra como un macho sexista frente a la prensa, pero no tiene la valentía suficiente para proteger la salud de los jóvenes.

El ministro de Educación duda respecto de los dispensadores de condones, pero no vacila cuando se trata de defender sus propios negocios y el de sus amigos de Cachagua y el Club de la Unión. Declara, sin vacilaciones, “lo peor que ha hecho el gobierno Bachelet es negar a la educación su naturaleza como bien económico”. ¿En qué quedamos entonces? ¿Es que el gobierno de Piñera y su ministro aceptarán la repartición de utilidades en las universidades privadas?

Varela además se adelanta a proteger al empresariado corrupto “si yo legislara no pondría penas de cárcel para la gente que gana plata”, colocándose así del lado de los que hacen trampas en los mercados. Con ello entrega señales a la Finis Terrae, a la Universidad del Desarrollo y a otros “centros de educación” privados para que sigan distribuyendo utilidades. Increíble ya que el actual ministro de Educación es miembro de la comisión de ética de la Sofofa y del Colegio de Abogados.

A Varela no le interesa la educación, sino el dinero, los que ganan plata, como dice él. Y todo vale para conseguir dinero. Esto mismo lo lleva a declarar: “el derecho de propiedad siempre debe prevalecer por sobre la obligación de pagar impuestos”.

El machismo y el dinero son dos rasgos dominantes del neoliberalismo en curso. Varela es su paradigma. Publicita ambas cosas: el machismo y el amor por el dinero, venga de donde venga. Y lo hace sin vergüenza.

Las concepciones de Varela son peligrosas. Sus ideas son justamente lo contrario de lo que se necesita en la educación chilena. El deber de un líder de opinión, especialmente de un ministro de Educación, es trasmitir valores positivos: menos dinero y más solidaridad; menos machismo y más respeto a las mujeres; más humildad y menos soberbia; menos negocios y más honradez.

El diputado Gabriel Boric tenía la razón. A este ministro de Educación hay que darle duro. Las marchas se justifican plenamente.


Economista