La escritora Diamela Eltit mostró su visión del feminismo y se distanció del movimiento #MeToo debido a que éste pertenece a las actrices de cine.

Eltit cree que el movimiento feminista nunca ha sido homogéneo y afirma que a ella le importa más cómo se dan las dinámicas de poder en los ambientes comunes de Chile.

“Ese debate les pertenece a las actrices de cine, a figuras mediáticas. Las actrices francesas versus las de Hollywood están conversando entre ellas y sus culturas. Por otra parte, el movimiento feminista nunca ha sido homogéneo. Incluso ha habido grandes antagonismos. Las divisiones llegaron para quedarse, porque en general los grupos minoritarios frente al poder se fracturan. Y al fracturarse se debilitan. es algo un poco autodestructivo. Lo que a mí me interesa en cuanto al abuso de poder es cómo este se da en los ambientes comunes chilenos, básicamente, en la relación rutinaria entre las familias o los jefes y su personal. Tal vez es menos glamoroso que la actriz equis, pero es políticamente fundamental, incesante, repetido”, sostuvo a la revista Sábado.

Junto con esto, Eltit señaló que no le gusta la palabra patriarcado puesto que considera que ésta es una palabra vacía.

“No. creo que está demasiado gastada, en un punto me parece una palabra vacía. Es evidente que la mujer en todos los ámbitos está en una posición débil, llámese academia, matrimonio, partidos políticos. Eso no es únicamente porque los “hombres” sean excluyentes. La discriminación de género no sería posible sin la estricta, incalculable, colaboración de las mujeres. Es por esto que hay que repensar desde lugares simétricos entre hombres y mujeres, no excluyendo hombres, sino compartiendo igualitariamente el poder entre lo femenino y lo masculino“, argumentó.

La escritora también habló sobre su colega Mario Vargas Llosa y señaló que el peruano trata de caricaturizar al feminismo.

“Mario Vargas Llosa ha asumido posiciones excesivamente conservadoras ante los desplazamientos tecnológicos y las nuevas comunicaciones, lo que es, desde luego, lamentable. Su repudio al feminismo es una abierta provocación, porque asume la voz más conocida del autoritarismo disciplinar. Manipula hablas, las tuerce, con el afán de crear una caricatura, igual a las voces represivas de la época del primer feminismo. Quizá el escritor peruano esté en una defensa de sus propios escritos”, aseveró.

Sobre la creación del Ministerio de las Culturas, la literata tiene una posición cauta. “Yo pienso que, en general, las fuerzas culturales, no se construyen dentro de espacios oficiales, siempre se organizan desde afuera, porque las instituciones son más conservadoras, no importa en qué gobierno, están para conservar, no para abrir nuevas instancias. A mí me interesan más bien los colectivos, los grupos, los estilos. El ministerio es burocrático. Está para sostener ciertos temas, y ojalá que los sostengan bien, por supuesto. Pero la cuestión reflexiva, los insumos culturales nuevos, siempre han venido de afuera y van a seguir ocurriendo afuera”, reflexionó.