La semana pasada tuvimos conocimiento de las afirmaciones vertidas por el diputado de la Unión Democrática Independiente (UDI), Ignacio Urrutia, en el Congreso, en relación a las víctimas de la  dictadura sangrienta de Augusto Pinochet.

Las aseveraciones de Urrutia, de que los exiliados son  “terroristas” que pretenden “usufructuar del Estado”, constituyen  un grave insulto a todo el exilio chileno.

La negación de las atrocidades cometidas por la dictadura cívico-militar, por parte del diputado Urrutia, es solo una jugada maquiavélica de un sector de la derecha intransigente para no asumir la responsabilidad que les corresponde en los asesinatos, torturas, violaciones y el exilio de miles y miles de chilenos y chilenas quienes, en su mayoría, eran jóvenes idealistas que soñaban con un Chile más justo, más digno y más incluyente.

El diputado de la UDI pretende, con estas acusaciones sin fundamentos, hacer creer a nuestros compatriotas que la hazaña fascista de Pinochet salvó al país del terrorismo.

Señor Urrutia, los únicos terroristas que hubo en Chile en esa época oscura fueron quienes protagonizaron la Caravana De La Muerte, la Operación Cóndor, el caso Degollados:  Nattino, Parada y Guerrero. Fueron quienes  quemaron vivos a Rodrigo Rojas De Negri y a Carmen Quintana, quienes lanzaron a detenidos desaparecidos atados a rieles en alta mar, desde helicópteros de la Fuerza Aérea de Chile. Por nombrar algunos casos.

¡ESO SÍ ES TERRORISMO, Sr. Urrutia! Y esos son los terroristas que hoy en día siguen recibiendo millonarias pensiones por parte del Estado de Chile. No confunda a las víctimas con los agresores.

Ud. también es cómplice de lo que ocurrió en Chile en dictadura. Es cómplice de ese Terrorismo de Estado, al igual que sus admiradores/as pinochetistas, como el patético ejemplo de Patricia Maldonado, quien fue, es y será una vergüenza para las mujeres y hombres honestos de nuestro país, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

Señor Urrutia, es vergonzoso y lamentable que, en su calidad de diputado, no sea capaz de aportar constructivamente al país, con miras a que se haga justicia respecto a los crímenes cometidos. Justicia que, sin duda, contribuiría a cimentar el proceso de reconciliación entre los chilenos, algo que tanta falta le hace a Chile.

Ud., en cambio, elige la confrontación y fomenta el odio. Con ello, lo único que consigue es dificultar la sanación de las profundas heridas causadas por la dictadura, que hasta el día de hoy, nos siguen penando.

Esta odiosidad, que Ud. tan fervientemente manifiesta, es tóxica para nuestra juventud. Y la juventud no necesita veneno, necesita sueños.

Para finalizar esta carta abierta dirigida al diputado Urrutia, quisiéramos apelar al ejemplo de Alemania, país que logró limpiar y sanar las profundas  heridas inflingidas por  su pasado nazi a través de un mea culpa: castigando a los culpables y reconociendo las sombras de su pasado.

A nosotros, los chilenos, lamentablemente nos queda un largo camino por recorrer.