Una vez más la Administración de Telefónica Chile, en nombre de los resultados, ha ofrecido un “sacrificio” supuestamente a los accionistas, como si los responsables fueran los trabajadores y no la casta ejecutiva. En el día de hoy han sido notificados de despido alrededor de 200 trabajadores y trabajadoras.

Tradicionalmente, se han aducido causas económicas para explicar los recortes de plantilla, argumentando que son necesarios para hacer frente al hecho de no lograr los resultados propuestos o bien para mejorar la situación económica y financiera de la empresa. En cualquier caso, el objetivo siempre es el mismo: la búsqueda de la eficiencia. Sin embargo, este motivo es cuestionable por dos razones:

a) Los recortes son llevados a cabo también por organizaciones rentables y saneadas, y, por otra, la evidencia empírica no es concluyente a la hora de mostrar que los recortes de plantilla conducen a una mejora de los resultados, señalando que en muchos casos el efecto es negativo.

b) Los despidos recaen sobre el Rol General y mínimamente sobre el Rol Privado. La reducción de plantilla en una empresa, del tamaño de Telefónica, es una “facultad de administración” que suele llevarse a cabo por ejecutivos que no son los propietarios de la Empresa. Sin embargo, deja de ser ético cuando se llega a esa situación por negligencia, análisis voluntarista de la realidad o falta de fortaleza en buscar y aplicar soluciones más imaginativas. Reducir tamaño no siempre es la única ni la mejor alternativa que puede encontrarse.

Hay otros modos para evitar la pérdida de empleo; por ejemplo, buscar nuevos mercados o innovar productos. Tampoco es aceptable llevar a cabo reducciones de modo desconsiderado con las personas, o sin tener en cuenta las futuras deficiencias de la organización ocasionadas por la reducción. No hay que perder de vista que la reducción de tamaño implica unas reacciones sociales que afectan a los resultados económicos. Cada vez está más claro que el recorte de costes laborales no siempre es sinónimo de una mayor competitividad y rentabilidad a largo plazo.

Existen empresas que, al reducir el tamaño, reducen también la eficacia. En realidad, el valor de las empresas no sólo es lo que muestra la contabilidad; las empresas tienen un “capital humano” que puede ser destruido con los despidos. La reducción de talento intelectual, de experiencia, de memoria del pasado, es una pérdida de valor para toda la empresa, obviamente, también para el accionista.

En ocasiones se despiden personas cuya efectividad no se descubre bien hasta que faltan. Y el servicio puede hacerse tan deficiente que conlleve pérdida de clientes u otros perjuicios. Por otra parte, en los empleados que quedan puede haber una quiebra de la lealtad a la empresa y de la motivación por el trabajo al percibir el trato dado a sus compañeros despedidos.

Los efectos de estos procesos sobre los supervivientes son importantes, incluyendo aumento del estrés por la duda acerca de su futuro, reducción de oportunidades en la carrera profesional y disminución de la lealtad con la empresa También el crecimiento futuro pueda quedar en entredicho por la reducción de tamaño de la empresa. Disminuir costes hoy puede impedir lograr mayores ingresos mañana.

La Administración de Telefónica aplica un prejuicio ideológico materializado en el “ranking forzado” que aplica para cumplir con una supuesta “rotación del plantel del 5%”, pero que a la luz de la evolución del plantel de Telefónica, se trata de una reducción anual. Ello implica que luego de varios años de aplicación y con utilidades en declive a lo menos los 3 últimos años, los despidos no han sido solución alguna.

Más aún, se ha debilitado el esfuerzo productivo propio y aumentado la transferencia de actividades a terceros, que en la práctica se ha convertido en que las Empresas proveedoras de servicios operen en Telefónica como Empresas Proveedoras de Trabajadores contraviniendo la ley laboral en forma evidente.

Lo que sucede cada año en Telefónica tiene como correlato la debilidad de las organizaciones sindicales por su atomización y muchas veces por jugar un rol funcional a la administración de la Dirección de Personas.

Solo una organización sindical fuerte, que agrupe a internos y externos, podrá hacer que la responsabilidad por el curso económico de Telefónica recaiga sobre los verdaderos responsables: El equipo directivo de Telefónica.