A horas de la muerte de Ámbar, la pequeña de un año y siete meses que fue violada y golpeada mientras se encontraba al cuidado de su tía biológica y de su pareja Andrés Espinoza, el pediatra Álvaro Retamal, quien formó parte del equipo que atendió a la niña, compartió un doloroso testimonio en redes sociales.

A través de una publicación en Facebook, Retamal comenzando cuestionando “qué fácil enojarse y pedir pena de muerte para un monstruo como este, criminal que seguramente, como todo UDI, pedía pena de muerte para estos delitos”.

“Cuando tuve a Ámbar Lazcano en la unidad y luchábamos por su vida, cuando veías su cuerpo frágil, sus manitos, cuando en medio de todo te dabas tiempo para acariciar su cabecita golpeada y decirle que viviera porque nunca más dejaríamos que alguien le hiciera daño (…) cuando tienes la oportunidad de decirle en voz baja y que nadie escuche que viva por favor que no tenga miedo porque hay en esta Tierra personas que estamos dispuestas a quererla, que los tíos y tías que la recibimos en los Andes, que la trasladaron en la ambulancia, que la cuidaron en urgencia en Pabellón mientras se operaba, y nosotros en la UCIP, todos nosotros desde el que hace el aseo hasta los médicos que a veces toman esa fría distancia para no empaparse de tanto dolor (…) todos estábamos sufriendo acompañando a este bello angelito”, detalló.

En su testimonio, el especialista reconoció que el hecho despierta ganas “de que el perpetrador sufriera lo indecible por lo que hizo” y agregó que “Ambar descansó finalmente de una vida que solo conoció el dolor”.

“Yo tomé sus manitos cuando partió y sin ser nada, sin ser digno de hacerlo la bendije, solo porque yo estaba ahí y no un sacerdote, no su padre”, reconoció el médico, agregando que no siente deseos de que “maten a nadie”: “Hoy siento que debimos estar ahí… antes que todo pasara para Ámbar y para tantos otros”, escribió.

Por último, Álvaro Retamal señaló que es más fácil pedir pena de muerte en estos casos, pero llamó a convertir el odio en “amor y protección para nuestros niños”, agregando que “ellos son de sus padres pero también de todos los que callamos, no sabemos o no queremos saber que pasa con ellos”.

“El llamado tiene que ser a organizarnos para proteger a los niños que nos rodean en este Valle entre cerros y cordillera eso si puede ser de ayuda… pedir la muerte de un monstruo solo un desahogo”, cerró.

Lee a continuación su testimonio completo: