1886, Chicago explota en huelgas que se expanden por todo Norteamérica, una jornada laboral de 8 horas diarias fue la consigna central de entonces, han pasado 132 años de conmemoración del asesinato de los mártires de chicago y tantos más que pagaron con su vida la osadía de exigir sus derechos, en medio de toques de queda, leyes marciales y un sinnúmero de acciones represivas que cambiaron el curso de la historia y empujaron a escala global el hito del 1ro de mayo para que los trabajadores y trabajadoras del mundo hagamos un alto y reflexionemos sobre los desafíos que tenemos por delante para seguir avanzando en la recuperación de nuestros derechos año tras año, no es una fecha para descansar, sino para prepararnos.

En Chile, hemos sufrido el shock derivado de la imposición forzosa del modelo neoliberal y sus distintos mecanismos atomizadores impuestos a sangre y fuego durante la dictadura y cuyo resultado fue el reinado sin contrapeso durante más de 40 años de un solo proyecto país mediante la política de exterminio que pretendió aniquilarnos, ese factor permitió que tanto en el ámbito económico como político tuviera lugar sin oposición alguna la transformación del modelo de vida que nuestra sociedad había llevado hasta 1973.

Se fracturó deliberadamente lo político y lo social a través de diversos mecanismos; la precarización de la vida de los trabajadores y trabajadoras con sueldos que en promedio ni siquiera permite las subsistencia de sus familias, jornadas de trabajo extenuantes y mal pagadas, tiempos de traslado inhumanos, inseguridad laboral, todas situaciones “normalizadas” que terminan por agotar las fuerzas y cercenar la creatividad de los trabajadores y trabajadoras, ya no trabajamos 8 horas como se exigía hace 132 años, sino 10 o mas horas diarias gracias a la abundancia de experiencias de autoempleo que difuminan la identidad de clase (ese sujeto colectivo que para vivir solo tiene la posibilidad de trabajar a cambio de un pago) y refuerzan la lógica neoliberal (la falsa ilusión del emprendedor que no es más que un trabajador auto explotado), sumando a este cuadro, una legislación laboral que inhibe la organización de los trabajadores y trabajadoras, menos aún reconoce el derecho a huelga o la negociación por rama en un contexto de implementación brutal de un modelo de producción centrado en la exportación indiscriminada de recursos naturales y materias primas junto con el desprecio a la creación de valor agregado.

En una sociedad controlada por los privilegios, por la inmediatez del pago y por el dominio del “tener” por sobre el “hacer”, se transformaron los mecanismos de integración social, donde antes hubo participación comunitaria y diversas formas de organización capaces de convertir las carencias en oportunidades, hoy existen mecanismos de integración virtuales que usan el crédito y el consumo como “la” vía existente para la satisfacción de las necesidades individuales, en una sociedad incapaz de distribuir adecuada y solidariamente la gran riqueza que genera gracias a que nos relacionamos cada vez menos entre quienes sostenemos esta sociedad, los trabajadores y trabajadoras.

Sin embargo nuestro desafío es mayor, con la imposición de la constitución de 1980 se inauguraron diversos mecanismos de blindaje institucional que impidieron construir mayorías parlamentarias que modificaran los amarres dictatoriales, permitieron la sobrerrepresentación de minorías políticas, abonado todo por el contubernio entre el poder económico y político que durante 40 años terminó por carcomer la institucionalidad, tomándose la mayoría de los partidos de la ex concertación quedando al descubierto que gran parte de los consensos neoliberales se mantuvieron y mantienen gracias al poder del dinero y la concentración de la riqueza, es decir, fuera y lejos del Estado, allí donde el poder se concentra en el 1% más rico de este país que domina la economía y al mismo tiempo, la política.

Tras la victoria de Piñera, sostenemos que lo que está en disputa es el sentido de los cambios que nuestra sociedad está exigiendo, eso representa también nuestro 20%. Debemos interpretar este desgano y escasa participación y propiciar desde todo tipo de organizaciones de base; juntas de vecinos, sindicatos, partidos, etc. un camino que se aleje de la profundización neoliberal que representa la derecha, que refuerza el individualismo, la competencia, la discriminación y la intolerancia (y vaya que lo hemos visto en este mes y medio de gobierno), y procesar esta urgencia de cambio en clave anti neoliberal, viabilizando nuestra alternativa, fortaleciendo la colaboración, la solidaridad y la solución colectiva a los problemas individuales, debemos ser capaces de reencantar a la sociedad chilena comenzando por sus trabajadores y trabajadoras, es decir, por esos millones de mujeres y hombres que para subsistir no poseen nada más que su fuerza de trabajo.

En eso, la defensa y recuperación de los derechos sociales en materia de previsión, salud, y educación pero sobre todo, la utilización por la vía de los hechos de todas las herramientas organizativas de los trabajadores y trabajadoras para hacer frente a la arremetida neoliberal que se expresa en la precarización de nuestras vidas resulta fundamental para transformar la fuerza electoral en fuerza política y asi, multiplicarnos para evitar la continuidad del actual gobierno.

Sabemos que cuesta encontrar hoy el elemento unificador de los trabajadores y trabajadoras para gatillar la conciencia colectiva, dado que hoy asistimos a un abanico de intereses concatenados pero con una esperanza de país guiada por la idea del “buen vivir”, en nuestro caso esto se expresa en la lucha por un “trabajo decente”, que no es más que el respeto por los trabajadores, remuneraciones justas, condiciones laborales dignas, protección y seguridad social adecuada, derechos laborales fundamentales, entre muchos otros.

Estos desafíos nos exigen buscar nuevas maneras de conectar con la sociedad que pretendemos representar y de manera urgente posicionar una mirada estratégica a mediano y largo plazo desde todos los espacios de articulación, que  parándose en nuestra diversidad, nos permita caminar hacia nuevos escenarios y empujar la rueda de la historia. Tenemos la oportunidad de elaborar desde la unidad del Frente Amplio una estrategia común que, sin mezquindades, nos permita crear junto a los trabajadores y trabajadoras nuevas organizaciones para un nuevo Chile.

A esa esperanza contribuiremos principalmente con unidad y responsabilidad sobre el futuro, donde “el trabajo”, las capacidades productivas y reproductivas de la sociedad y sus individuos e individuas, vuelvan a concebirse en su dimensión fundamental: colectiva, creadora, liberadora y expansiva.


Frente de Trabajadores y trabajadoras de RD, región del Biobío