El pasado lunes celebramos un nuevo Día Internacional del Libro, del derecho de autor y la lectura en general, donde cabe siempre plantear la reiterada pregunta del por qué los chilenos leen tan poco y cuáles son las medidas para subsanar esta carencia actual de cultura en nuestra sociedad. Una de las razones y luchas históricas que han dado algunos preocupados por el tema, es la eliminación o disminución progresiva del impuesto que actualmente grava los libros en Chile. Fue durante la dictadura cívico –militar de Pinochet que en el año 1976, el impuesto al valor agregado se comienza a aplicar a los bienes culturales. Países como México, Brasil, Uruguay, Argentina, Perú y Bolivia entre muchos más, tienen impuesto cero, otros como España, Italia o Francia no superan el cinco por ciento. El régimen del dictador no solo masacró, torturó y asesinó compatriotas, además cerró editoriales, diarios, revistas y realizó una serie de quemas de libros tal cual época de la inquisición. Esa también es parte de la historia de Chile, podría apostar no enseñada u omitida en los colegios.

El tiro de gracia pinochetista vino ese año 1976 cuando se le aplicó el tal discutido gravamen que hoy alcanza el 19%. Antes de la decisión dictatorial los libros eran considerados parte de las necesidades básicas de la población y estaban exentos de impuestos al igual que el pan, leche, frutas y verduras frescas, entre otros. Claro está, que el costo de los libros y el acceso a la cultura en Chile no es la exclusiva causa de nuestra merma lectora en las últimas décadas, pero se ha instalado en el ideario popular que al menos ha incidido en la baja adquisición de textos por parte de los chilenos.

Hace un tiempo quise buscar que opinaban nuestras autoridades al respecto y si tenían posición ante el tema. Durante la campaña previa a la segunda vuelta presidencial fue Alejandro Guillier, candidato de la Nueva Mayoría y que a la postre perdió la presidencial, quien esbozó eliminar este impuesto. Por su parte el actual presidente no emitió comentarios al respecto y para buscar alguna referencia de éste sobre el tema, tuve que navegar en las redes hasta el año 2009, cuando en su primera aventura de candidato a la presidencia fue consultado sobre el IVA al libro. Hoy traigo a colación, en un país que tiene una memoria minúscula para recordar el robo de los ladrones de cuello y corbata, las masacres de los militares y tantas atrocidades cometidas por los poderosos de este país, una de las tantas reflexiones para el olvido (o no tanto) que en su época de candidato, el actual Presidente de la República expuso en torno a la lectura y lo caro de los textos en nuestro país.

Corría noviembre del año 2009, aquella vez el debate presidencial transmitido por Canal 13 estaba integrado por los candidatos Eduardo Frei, Marco Enríquez Ominami, Jorge Arrate y el mismo Piñera. En gran parte de ese debate, para no decir en todo el actual mandatario, repitió las mismas frases hechas y pauteadas que venimos escuchando hasta el día de hoy, falseando datos y con una patética forma de enfrentar los problemas, escasas propuestas e ideas. Ese día uno de los jóvenes seleccionados para participar en la instancia, le preguntó sobre el impuesto a los libros y el difícil acceso a la cultura por su alto costo. Piñera no supo que responder o lo que es peor para él, entregó una respuesta tan estúpida y humillante para quienes amamos la lectura y la consideramos una de las formas para surgir socialmente y crecer como personas, que lo retrató en cuerpo y alma: “Bajar el IVA sólo a los libros buenos…” otro de los egregios adagios de Piñera. Una ofensa y un acto de completa ignorancia, contra aquellos que nos gusta leer y la cultura, además de un atropello a la libertad de creación y de elección, o más simple al gusto de cualquier mortal de leer lo que se le plazca. Quienes gustamos de ello y es parte de nuestra vida, sabemos lo caro que es comprar libros, en mi caso bendigo las ferias de libros usados y locales de los llamados libros de “segunda mano”, tan vilipendiados y repudiados por aquellos moralistas que no dan solución alguna de acercar los precios a la clase media y bajas de Chile.

Durante el año 2013, en una emisión del programa de Televisión Nacional Buenos Días a Todos, el ministro de Hacienda de ese entonces y que actualmente se repite el plato, Felipe Larraín, señalaba que eliminar el IVA en términos generales a los libros significaba favorecer a todo el mundo que leía, lo que es injusto porque hay personas que pueden pagar altos costos por un texto. ¡Favorecer a la gente que lee es malo en su mirada pragmática y empresarial! Al igual que nuestro delictual mandatario Larraín nuevamente está en el poder, en el mismo cargo y lo más probable con el mismo pensamiento. Un asco. Y un dato más. Hace unos años el pinochetista imputado por el caso Penta Iván Moreira (UDI) se jactaba de llegar a ser diputado sin haber leído un solo libro por gusto o placer. En esa amnesia eterna chilena, la falta de memoria, el olvido intencionado de un pueblo que se instruye y se documenta poco, que vive alienado, adormecido por matinales y noticiarios que responden al circo que el poder económico teje y manipula, convierte al leer es un arma poderosa, importante y valiosa para despertar a un país que cada día se vuelve más inculto, racista, clasista, xenófobo e intolerante.

Décadas atrás el filósofo francés Guy Debord en su libro “La Sociedad del espectáculo” publicada el año 1967, ya señalaba lo nocivo de la dependencia excesiva o absoluta de los sujetos en los medios de comunicación convirtiéndolos en seres pasivos donde parecer y el tener suplantaría al ser. “ La alienación del espectador a favor del objeto contemplado (que es el resultado de su propia actividad inconsciente) se expresa de este modo: cuanto más contempla, menos vive; cuanto más acepta reconocerse en las imágenes dominantes de la necesidad, menos comprende su propia existencia y su propio deseo.”

“Los personajes admirados, en quienes se personifica el sistema, son bien conocidos por no ser lo que son; se han convertido en grandes hombres a fuerza de descender por debajo del umbral de la más mínima vida intelectual, y ellos lo saben.” (Debord, Guy. La Sociedad del Espectáculo) ¿Les suena Lucho Jara, Patricia Maldonado, Karol Dance, Pamela Díaz, José Miguel Viñuela, etc.?  Podría estar el resto del texto dando ejemplos. Ellos son los líderes de opinión, “los rostros” del Chile actual para un porcentaje no menor de la masa.

Ante esta realidad, que parece no tener salida hasta un profundo cambio generacional (que tampoco veo) me parece mínimo para tal vez iniciar un cambio en el acceso a la cultura por ejemplo, eliminar el IVA a los libros en su totalidad, pues es la gente, el pueblo, quien decide que leer o que no, que película u obra de teatro es de su gusto. En reiteradas ocasiones copiamos y admiramos las políticas públicas de los países desarrollados, bueno imitemos el compromiso de los estados de aquellos países en esa materia, donde el acceso a la cultura es parte de la canasta familiar, un derecho básico.

Lamentablemente con mi sueldo y la cantidad de libros que adquiero tanto por mi profesión como por interés personal, no habría bolsillo que aguante, pero me las arreglo en aquellos oasis con libros empolvados y de ediciones remotas que se convierten en una adicción de visitar cada vez que transito por mi comuna o cualquier rincón de Chile.

Quienes realmente me conocen, me han acompañado y aún me acompañan a revisar aquellos textos muchas veces olvidados, saben que es así. Mas ese es mi caso, y no podía dejar pasar esas palabras desacertadas y frívolas del multimillonario gobernante. Si tenemos un presidente que está clasificando los libros en buenos y malos sin ninguna sapiencia o autoridad para hacerlo (y creo que nadie la tiene) veo un lúgubre panorama para otras áreas culturales. Lo más probable es que sea esa su cosmovisión, etiquetar las cosas en buenas y malas, en las que sirven y no sirven, en las que puedo lucrar y en las que no, un mercantil pensamiento. Bueno, acorde a su persona y al sector político que representa.

Como un Dèjá Vú hoy nuevamente, y por cuatro eternos años se instala en La Moneda, con un prontuario de negocios ilícitos, caminando eternamente por la cornisa de lo ético, nombrando parientes en su gabinete y más cercano al show mediático que a las grandes propuestas sociales para mejorar Chile.

Decididamente nos faltó y falta mucho leer para haberlo elegido de nuevo.


Profesor de Lenguaje y Comunicación. Profesor de Castellano UPLA